La cuestión humana

La cuestión humanaAtrevido, polémico, desestabilizador, angustiante. Todos, adjetivos válidos para definir el planteo propuesto por Nicolas Klotz con su adaptación de La cuestión humana, libro original del escritor belga François Emmanuel que traza un paralelismo -o peor aún, cierta continuidad histórica- entre el modus operandi nazi a la hora de planificar/justificar el holocausto y el modus operandi tecnocrático de las corporaciones actuales a la hora de administrar sus recursos humanos. A grandes rasgos, y en términos estrictamente cinematográficos, la película tiene una gran virtud (la dirección de actores) y un gran defecto (poca capacidad de síntesis).

De no ser por la combinación de algunos planos demasiado largos y de otros algo redundantes, la edición es otro aspecto rescatable. Por lo pronto, desde el comienzo se las arregla para sugerir la comparación entre las chimeneas industriales de una multinacional europea y las chimeneas de los hornos crematorios ubicados en los trístemente célebres campos de concentración.   

La evocación visual es el puntapié inicial para un contrapunto narrativo que nos pasea del pasado al presente y viceversa, y que pretende mostrar la vigencia de una ideología en principio perimida (como mucho, exclusividad de minorías trasnochadas) pero en realidad cómodamente instalada en las bases del sistema empresarial imperante. El juego de tiempos, espacios y protagonistas es tal que también compromete el uso de la lengua* (de hecho, palabras en alemán se infiltran con intenciones non-sanctas en el discurso francés).

En este punto, cabe señalar otro acierto de esta producción: el inevitable repaso histórico no incluye imágenes (ni de documentales ni ficcionales) que puedan herir la sensibilidad del público. Al contrario, la alusión a la maquinaria nazi se da pura y exclusivamente a partir de la lectura de textos (en contrapartida, esto contribuye a la duración excesiva del film: 2.20hs).

Además de trabajar con dos veteranos del cine francés (Jean-Pierre Kalfon y Michael Lonsdale), Klotz también convoca al muy versátil Mathieu Amalric (algunos lo habrán visto en Reyes y reina). El joven actor se luce a la hora de expresar la metamorfosis que sufre su personaje, el psicólogo Simon Kessler.

Definitivamente, La cuestión humana está lejos de ser un título apto para todo público. Sabrán valorarla quienes compartan la visión crítica, pesimista, negra del mundo empresarial. Es probable que el resto de los espectadores no la encuentren ni atrevida, ni polémica, ni siquiera angustiante.

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* En este sentido, cobra vital importancia el monólogo de Arie Neumann (interpretado por el actor colombiano Lou Castel) cuando se refiere al vaciamiento de sentido que nos impide constatar lo que realmente está sucediendo en nuestra sociedad occidental ultra tecnificada.

2 comentarios en “La cuestión humana

  1. La vi recién el domingo. Valió la pena aguantar el sueño en los primeros cuarenta minutos de película. Saludos.

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