Michael Moore mete miedo

Días atrás, Michael Moore reflexionó sobre el género documental y algunas de sus películas, sobre su país y sus compatriotas en la charla abierta que mantuvo con Susan Sarandon en el Festival de Cine de Tribeca de Nueva York. Los interesados en revivir el encuentro que duró más de una hora pueden hacerlo gracias a YouTube (la filmación se encuentra dividida en 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 partes sin subtítulos en castellano). Pensando en los amantes de las síntesis, Espectadores traduce a continuación la crónica que Kathy Shwiff redactó para Speakeasy, blog de The Wall Street Journal.    

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Por el éxito alcanzado como director de documentales, a Michael Moore le cuesta cada vez más encontrar gente dispuesta a responderle ante cámara. “Tienen miedo de hablarme -le contó a Susan Sarandon- por eso termino encargándoles las entrevistas a mis asistentes de producción”. 

El autor del documental más taquillero (Fahrenheit 9/11) sostuvo que, si bien los documentales deben asumir un punto de vista, “siempre es mejor escuchar la otra parte”. “Claro que algunos temas no admiten esta posibilidad”, señaló y citó el ejemplo de la esclavitud “que no exige presentar argumentos a favor”.

Moore también aconsejó a los jóvenes realizadores. Por un lado les recomendó hacer la mejor película a su alcance, una por la que el público quiera pagar una entrada, y luego presentarla en festivales de cine. “Normalmente la crema sube a la superficie” graficó en alusión a la trayectoria de su primera producción Roger and me: Warner Bros compró los derechos de distribución en 1989, después de que fuera exhibida en el Festival de Cine de Nueva York.

Por otro lado, el cineasta nacido en Michigan recomendó filmar cortos y subirlos a Internet. “Peores cosas se hicieron conocidas gracias a la difusión viral” agregó. Asimismo urgió a no superar las dos horas de duración; “de lo contrario las películas se hacen demasiado largas”, aseguró.

Sarandon comentó que la definición de “documental” perdió nitidez desde que muchos realizadores recurren a la recreación ficcional entre otras técnicas ajenas al género. “Un paso en falso y se arruina todo el trabajo”, opinó.

Ante esta observación, Moore sostuvo que la gran diferencia entre un documental y una película de ficción es que al primero “lo escribís después de haberlo filmado”. Además, en un documental “tenés que obtener lo que buscás en la primera toma porque no estás lidiando con actores”.

En este punto, el realizador recordó que algunos de sus largometrajes cambiaron en el transcurso del rodaje. Por ejemplo Sicko quiso contar la experiencia de los norteamericanos enfermos que no tienen seguro médico y terminó descubriendo casos “impactantes” de personas que, aún con la cobertura de rigor, no pueden atenderse correctamente. “Esta película fue la más dura porque entrevistamos a gente que estaba muriéndose”, subrayó.   

Obligado a recomendar un solo título suyo, Michael eligió su producción más reciente: Capitalismo: una historia de amor, sobre la crisis financiera de 2008. “Este film lo tiene todo”, explicó.

El documentalista dijo luchar contra su personalidad introvertida, es decir, contra el “terror” que siente cada vez que debe abordar a alguien para entrevistarlo. También contó que su camarógrafo lloró luego de filmar una secuencia con Charlton Heston para Bowling for Columbine. La ex estrella hollywoodense devenida en presidente de la National Rifle Association finalizó abruptamente la entrevista en su casa después de darse cuenta de que algunas declaraciones podrían ser tildadas de racistas.

Moore comentó que se considera un exponente del ciudadano estadounidense medio. “Rara vez se oye hablar de gente como yo, salida de la clase trabajadora, sin una educación formal superior”.

A pesar de los problemas que atraviesan los Estados Unidos, el realizador se declaró optimista: “vi gente cambiar y mi público crece”, explicó. También dijo tener fe en las nuevas generaciones, aunque pidió a las escuelas secundarias la incorporación de alguna materia que ejercite la lectura crítica de los medios de comunicación, para que los estudiantes aprendan “a leer entre líneas” y por lo tanto a distinguir entre información y propaganda.

Por último, Michael alentó al público presente a involucrarse en las elecciones locales de 2012 e incluso a presentarse en los comicios de los próximos años. También instó a colaborar con alguna de las organizaciones que buscan reducir el dinero invertido en el proceso electoral.

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PD. Por lo visto, Moore no es bienvenido entre los lectores del WSJ.

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