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Gastroenteritis mediático-electoral Junio 28, 2009

Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).
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Domingo 28 de junio, 18 hs. Apenas terminada la votación, los medios se disputan la primicia sobre los ganadores de las elecciones legislativas.

Los medios se disputan la primicia sobre los resultados electorales

La Parca cholula Junio 27, 2009

Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).
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La Parca también es cholula

En diez días, La Parca se llevó a famosos locales e internacionales. De derecha a izquierda y hacia abajo, Fernando Peña, Michael Jackson, Andrés Cascioli, Alejandro Doria, Farrah Fawcett, José Ignacio García Hamilton, Oscar El Malo Ferreiro, la mismísima, y un espacio para el próximo que vendrá a buscar…

Medios en campaña Junio 26, 2009

Posted by Adivinador del Pasado in Periodismo/Medios.
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En muchos países los medios de comunicación hacen público su apoyo a un partido político o a un candidato antes de que se lleven a cabo elecciones importantes. Por ejemplo, en los recientes sufragios de los Estados Unidos, los grandes diarios fijaron y explicaron su posición en la contienda presidencial, y algunos desde las instancias primarias.

En nuestro país las empresas de comunicación y sus periodistas gustan de parecer neutrales, objetivos, discretos cronistas sin ideas políticas. Sin embargo, los grupos mediáticos están interviniendo en la campaña electoral argentina de la manera más intensa desde 1983. Aunque lo oculten, casi todos creen que en estas elecciones legislativas puede derrumbarse el modelo inaugurado en 2003 y por eso han desplegado un inusitado volumen de violencia destinado a evitar o provocar la caída.

Así, en La Nación o El Cronista nos enteramos de que estamos a merced de un grupo filo-socialista dispuesto a anular las libertades democráticas y a entregar la Argentina a la barbarie, salvo que en los comicios de pasado mañana triunfe la alianza de Francisco De Narváez y Mauricio Macri. En los últimos días esta posición ideológica, a la que adhieren muchos periodistas (Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá), ha luchado denodadamente a favor de un “voto útil” que polarice la elección quitándole votos a la Coalición Cívica y con la idea de hacer crecer a Unión-Pro.

Para esta maniobra se difundió en tapa la única encuesta que da ganador a De Narváez, se dio una charla pedagógica en televisión y se publicaron decenas de portadas negativas para el oficialismo. Mientras tanto, el grupo de medios propiedad de Sergio Spolsky (seguramente vinculado también al diario Crónica) participa activamente en la campaña oficialista atacando diariamente a De Narváez, de todas las maneras a su alcance.

Tampoco nos olvidamos del multimedios Clarín, de Radio Continental, del importante grupo español Prisa, de algunos periodistas alarmados por el supuesto sesgo dictatorial del kirchnerismo (Magdalena Ruiz Guiñazú, Pepe Eliaschev, Nelson Castro), de la Editorial Perfil y de una variada gama de comunicadores que llevan adelante lo que ellos consideran una batalla de las grandes mayorías de la Patria, oprimidas por la barbarie del populismo K.

La Nación y Crónica, dos exponentes de los medios en campaña

Desde Domingo Faustino Sarmiento, Mariano Moreno o José Hernández, los hombres de prensa han participado activamente en la vida del país. Nada hay más natural que el ingreso de los intelectuales a la actividad política, dando la cara con honestidad para defender sus ideas a la luz del día. El propio Roberto Noble, fundador de Clarín, reconocía haber lanzado su diario para luchar contra el naciente peronismo en 1945. Había sido diputado, y no tenía dificultades en reconocerse como hombre político que naturalmente ponía su pluma al servicio de sus ideas.

Sin embargo, en algún momento de nuestra Historia el periodismo vernáculo optó por ocultarse. Los profesionales que analizan e informan sobre la realidad nacional intentan mantener en secreto sus preferencias, su propia identidad política. Como cualquier identidad que se quiere ocultar, se termina viendo una imagen distorsionada por la tensión que provoca la mentira.

En síntesis, la hipótesis de este post es que el alto grado de violencia que traslucen las coberturas mediáticas sería inferior si los comunicadores  transparentaran su ideología y nos dijeran honestamente qué candidato o partido apoyan. Dicho de otro modo, si los periodistas que escriben sobre la competencia pre-electoral dejaran de ocultar sus propias preferencias como un delito, las campañas destilarían menos mentiras, menos maniobras oscuras y –en mi opinión– menos agresión.

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Importante
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Una semana solos Junio 25, 2009

Posted by La spectatrice in Cine.
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Una semana solosPor lo visto, la otredad es el anzuelo que Celina Murga usa para tentarnos a sumergirnos en aguas sociológicas. Explícita en el título de un film anterior (cuya protagonista treintañera se reencuentra con ex amigos/compañeros antes familiares, ahora distantes y ajenos), la presencia del otro -de un otro distinto, raro, sospechoso- se convierte en disparador de un nuevo retrato etario y social, esta vez enfocado en un grupo de púberes, pichones del peor prototipo de burgués porteño.

Los protagonistas de Una semana solos viven en un country y, mientras sus padres están de viaje, en una misma casa bajo el cuidado relativo de “la mucama” Esther. La experiencia acotada en términos espaciales y temporales remite a aquellos estudios que los psicólogos realizan mediante una cámara de Gesell o que los entomólogos llevan adelante para examinar insectos.

De una manera mucho más llana que Lucrecia Martel cuando pinta a la burguesía salteña, Murga trabaja con una cámara testigo que -sin mayores juegos de composición escénica- nos permite acompañar, escuchar, observar. De esta manera, encontramos en María, Sofía, Fernando, Quique, Facundo, Tomás, Rodrigo, Timmy gestos, dichos, reacciones de una clase acostumbrada a ser servida, a coimear, a delinquir (a su manera), a discriminar/maltratar/ culpar a una otredad (de nuevo esta noción) ya estigmatizada.

La llegada de Juan exacerba la inconducta, y pone en evidencia la distinción que los porteños con poder adquisitivo suelen hacer entre la negritud confiable (aquí representada por la empleada doméstica y el personal de seguridad) y aquélla sospechosa, peligrosa, condenable (aquí asociada a la condición “foránea” del hermano de Esther y a las villas que las combis escolares bordean cuando llevan a los niños a la escuela).

Por otra parte, la partida de los padres (o una presencia mínima a partir de breves charlas telefónicas) conforma un segundo elemento que nos invita a reflexionar sobre una clase abandónica, despreocupada, negligente, incapaz de asumir la responsabilidad que le compete. También origina una crónica del encierro donde la libertad es sólo una ilusión atribuíble a la ausencia de los progenitores y a la consecuente posibilidad de transgresión.

Por último, la vigilancia policial que rige en el country y en el colegio funciona como indicio de una clase que recurre a la tantas veces exigida “seguridad” para protegerse de ese otro extraño, colado, molesto, perjudicial, y como símbolo de la sociedad de control que tan bien analizó Michel Foucault.

Entre las muchas virtudes de Una semana solos, se destacan la consistencia de un guión sobrio, pertinente, rico en interpretaciones, la muy acertada dirección actoral de chicos cuyas edades oscilan entre los 7 y 14 años, y la intervención de una cámara discreta, nada afín a los golpes de efecto, atenta a los detalles mínimos de una conducta social. ¿Acaso la de nuestra (futura) dirigencia?

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Un párrafo aparte merece la experiencia de ver este largometraje un sábado a la tarde en el Village Recoleta. Al principio, quien suscribe creyó tener el privilegio de encontrarse en una sala beneficiada con la mejor tecnología surround… hasta que comprendió que tanta sonoridad provenía de la inconducta del público repatingado a su alrededor.

El descubrimiento se convirtió en prueba irrefutable de que el retrato de Murga es absolutamente representativo de esa “gente bien”, tan incapaz de discernir entre libertad de acción y respeto por el prójimo.

El arte moderno que no practico Junio 24, 2009

Posted by Ana in TV.
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No bajo ni grabo películas de InternetA cualquiera que me pregunta se lo digo sin pudor: no “bajo” ni grabo series televisivas ni películas de Internet. Todavía no vi el final de la quinta temporada de Lost y, recién la semana pasada, empecé a mirar la última temporada de la (eterna) ER. Y no morí.

No es por falta de recursos (aunque en nuestro país no sería algo extraño) o de conocimientos técnicos (¡todo se puede aprender online!). La conducta se reduce a una síntesis de costumbres y preferencias.

Aunque a veces odio cuando los responsables deciden repetir capítulos de una misma temporada, me gusta dejarme llevar por la programación televisiva. Así, he descubierto joyas como Homicide: life on the street y Ned & Stacey.

Me falta paciencia para otras cuestiones, pero no para ésta. Puedo esperar tranquila, sabiendo que voy a ver imágenes de calidad con sólo mover el dedo especializado en activar el control remoto el día indicado.

Lo mismo me pasa con las películas. Me deprimo al recordar que vi Los infiltrados en el televisor de mi suegra cuando todavía la pasaban en las salas de cine. Y no era que la imagen estuviera cortada o los subtítulos desfasados o el sonido fuera malo; son simplemente dos experiencias distintas.

No me interesa verlo antes o al mismo tiempo que “allá” (argumento que suele ser el más utilizado por los defensores de esta práctica tecnológica moderna). Quiero verlo bien, y con eso me alcanza.

Mirar series, películas en TV o PC. Ésa es la cuestión

¿A quién puede ocurrírsele que Wolverine sin su posproducción completa conserva su espectacularidad? Realmente, si no puedo ir al cine, espero el DVD. Ésta es mi segunda opción, tanto para las películas como para las series.

¿Postura “anti-piratería”?… No lo creo. Debo confesar que yo misma he comprado copias por importes más bajos.

Largos debates se generan cuando en una conversación los interlocutores comparan el precio de las copias originales y de las entradas de cine con la ”gratuidad” que supone la posibilidad de conseguir versiones de Internet. Cuando me toca hablar, repito lo mismo: priorizo el ver bien, la calidad en términos de imagen y sonido, antes que la ventaja económica o la primicia.

Entiendo que todo cambia, que hay que adaptarse a los tiempos. Incluso en algún momento tendré que modificar mi vieja práctica televisiva, porque el futuro de la TV misma (ésa que me gusta a mí) está en la Red.

¿La nueva tecnología será una mezcla de ambas cosas? ¿Podré encargar por Internet lo que quiero ver, algo personalizado? No lo sé; para eso falta un tiempo… Mientras tanto, sigo fiel a mi programación habitual.