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El arte moderno que no practico Junio 24, 2009

Posted by Ana in TV.
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No bajo ni grabo películas de InternetA cualquiera que me pregunta se lo digo sin pudor: no “bajo” ni grabo series televisivas ni películas de Internet. Todavía no vi el final de la quinta temporada de Lost y, recién la semana pasada, empecé a mirar la última temporada de la (eterna) ER. Y no morí.

No es por falta de recursos (aunque en nuestro país no sería algo extraño) o de conocimientos técnicos (¡todo se puede aprender online!). La conducta se reduce a una síntesis de costumbres y preferencias.

Aunque a veces odio cuando los responsables deciden repetir capítulos de una misma temporada, me gusta dejarme llevar por la programación televisiva. Así, he descubierto joyas como Homicide: life on the street y Ned & Stacey.

Me falta paciencia para otras cuestiones, pero no para ésta. Puedo esperar tranquila, sabiendo que voy a ver imágenes de calidad con sólo mover el dedo especializado en activar el control remoto el día indicado.

Lo mismo me pasa con las películas. Me deprimo al recordar que vi Los infiltrados en el televisor de mi suegra cuando todavía la pasaban en las salas de cine. Y no era que la imagen estuviera cortada o los subtítulos desfasados o el sonido fuera malo; son simplemente dos experiencias distintas.

No me interesa verlo antes o al mismo tiempo que “allá” (argumento que suele ser el más utilizado por los defensores de esta práctica tecnológica moderna). Quiero verlo bien, y con eso me alcanza.

Mirar series, películas en TV o PC. Ésa es la cuestión

¿A quién puede ocurrírsele que Wolverine sin su posproducción completa conserva su espectacularidad? Realmente, si no puedo ir al cine, espero el DVD. Ésta es mi segunda opción, tanto para las películas como para las series.

¿Postura “anti-piratería”?… No lo creo. Debo confesar que yo misma he comprado copias por importes más bajos.

Largos debates se generan cuando en una conversación los interlocutores comparan el precio de las copias originales y de las entradas de cine con la ”gratuidad” que supone la posibilidad de conseguir versiones de Internet. Cuando me toca hablar, repito lo mismo: priorizo el ver bien, la calidad en términos de imagen y sonido, antes que la ventaja económica o la primicia.

Entiendo que todo cambia, que hay que adaptarse a los tiempos. Incluso en algún momento tendré que modificar mi vieja práctica televisiva, porque el futuro de la TV misma (ésa que me gusta a mí) está en la Red.

¿La nueva tecnología será una mezcla de ambas cosas? ¿Podré encargar por Internet lo que quiero ver, algo personalizado? No lo sé; para eso falta un tiempo… Mientras tanto, sigo fiel a mi programación habitual.

Gran cuñado y la antipolítica Junio 23, 2009

Posted by Adivinador del Pasado in Periodismo/Medios, TV.
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El éxito de ShowmatchGran cuñado se ha convertido en un espacio decisivo para dirimir posiciones en la campaña electoral que estamos viviendo. Por ejemplo, cuando el Acuerdo Cívico y Social se queja porque Marcelo Tinelli no incluyó a Margarita Stolbizer entre las figuras de “la casa” y en cambio presentó al imitador de Mauricio Macri como “el principal opositor”, está aceptando que el programa emitido por Canal 13 da visibilidad y construye una parte importante de la imagen del candidato.

Para guardar las formas suele decirse que “el público no es tonto y sabe que todo es mentira”, pero nadie se lo cree. Personajes que fueron presentados de manera negativa (Julio Cleto Cobos, Carlos El Lole Reutemann, Luis D’Elía) lamentan en privado el maltrato; sin embargo se cuidan de confrontar con Tinelli por temor a ser ridiculizados por “su falta de humor” en las decenas de noticieros y programas que repiten la parodia.  

Para aumentar la confusión, en los últimos días los políticos “reales” han ingresado al espacio televisivo y han confrontado con los imitadores. De esta manera el ex presidente Carlos Menem, Felipe Solá, Francisco De Narváez, Gabriela Michetti, Daniel Scioli y el mencionado Macri entre otros, pasaron y hablaron de política como si estuvieran entre pares, y no rodeados por un grupo de actores cómicos. 

Solá encaró al imitador de De Narváez por no haberlo incluido en los spots de campaña, mientras que el gobernador de la provincia de Buenos Aires le dijo  “Francisco, basta de verso”. Unos días después Michetti explicó (allí, no en los sitios naturales de la comunicación política) el motivo por el cual Solá no participaba de las publicidades conjuntas.

Corremos el gran riesgo de confundir imitadores con imitados

Esta mutación de un programa cómico en un ámbito de comunicación de campaña tiene que ver –me parece– con la profunda debilidad que los partidos políticos sufren en el país, con el imparable crecimiento de lo que suele llamarse “la antipolítica”. Cualquier intento de participación en la cosa pública que reconozca la lucha y los programas y herramientas políticos para conquistar el poder son inmediatamente rechazados por el discurso mediático dominante. En todo caso, se accede al Gobierno pero se oculta la ideología (sólo importa ser honesto) y la condición de político, casi una mancha.

La participación de los candidatos a diputados en Gran cuñado y la buscada confusión entre políticos reales e imitadores se convierte –en mi opinión– en la culminación de la “antipolítica”. Es posible que debamos buscar las causas de la degradación de la actividad política mucho antes de este programa y que, en definitiva, sólo haya que reconocerle a Tinelli la capacidad de detectar “los flujos de simpatía y rechazo de los espectadores”.

Pero la dirigencia política argentina debería reaccionar antes de seguir confundiendo la campaña política con un programa de televisión. Si nadie se anima a rechazar la parodia, y todos confundimos a los imitadores con los imitados, finalmente no podremos distinguirlos.

Harper’s island Junio 17, 2009

Posted by La spectatrice in TV.
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Más de lo mismo en Harper's IslandLas mediciones de rating sugieren que, al ritmo de la globalización, los argentinos respondemos con mayor fidelidad y entusiasmo a los parámetros temáticos, narrativos y estéticos de las producciones de la televisión norteamericana. Aún así, cabe preguntarse si el desembarco reciente de Harper’s island causará tanta sensación entre el público local como -según dicen- en los Estados Unidos. Con suerte, todavía contamos con algunas defensas culturales capaces de rechazar un compendio de fórmulas trilladas, malas actuaciones y un suspenso de pacotilla donde el morbo juega el rol principal.

Los primeros dos capítulos de la serie que A&E emite los miércoles a las 21 parecen inspirados en Lost, en El proyecto Blair Witch y en aquellos policiales que pretenden resolver asesinatos múltiples y aberrantes. Del primer referente, retoman la idea de encerrar a todos los personajes en una isla y distinguirlos entre losers y survivers; del segundo, imitan la sucesión de “desapariciones adolescentes” misteriosas; del tercero, copian el afán por atrapar a un psicópata casi satánico y por lo tanto irrecuperable.

La falta de creatividad no sólo afecta a los autores de un guión torpe y nada original, sino a la mayoría de los actores, figuritas repetidas de propuestas igualmente malas (por ejemplo, Christopher Gorham de Ugly Betty y Adam Campbell de No es otra película de amor), e incluso a la promesa irlandesa Elaine Cassidy (que en cambio supo lucirse en Falsa identidad).

Salvando las distancias entre una serie televisiva cuya emisión excede apenas el horario de protección al menor y un film de terror sólo apto para mayores de 18 años, Harper’s island comparte con Hostel la elección de la estrategia más cómoda para generar suspenso y miedo: los golpes de efecto propiciados por la animación digital, el maquillaje cadavérico y sanguinolento, la banda sonora exasperante, la irrupción abrupta de una silueta no identificada detrás del personaje que la cámara pretende acompañar.

A mayor parafernalia técnica, mayor déficit narrativo. Quizás por este desequilibrio entre forma y contenido, la intriga y el horror que se nos quiere infundir resultan inconsistentes, insostenibles, groseramente artificiales.   

A lo sumo, los espíritus morbosos podrán disfrutar de una galería de personas y animales decapitados, ahorcados, mutilados, apuñalados, y los fanáticos de los concursos podrán desafiarse a predecir quién será la proxima víctima (los televidentes más avezados enseguida comprenderán que, cuanto más conocido es un actor, más chances de sobrevida tiene su personaje).

Basta con mirar los primeros dos capítulos para entender que Harper’s island aporta poco y nada en tanto thriller catódico. La repetición de viejas fórmulas debería ser motivo suficiente para que los televidentes argentinos desconfiemos de la calidad de este nuevo estreno made in USA, y de paso para que intentemos revertir o interrumpir la tendencia a convertirnos en consumidores autómatas del entretenimiento de exportación.

The wire Junio 10, 2009

Posted by Ana in TV.
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The wireThe wire bien podría traducirse como “la escucha” por las escuchas telefónicas que sirven para llevar adelante una investigación, y que en esta serie cumplen un rol esencial. Es un policial pero no como los que ya conocemos: Hill Street Blues, La ley y el orden o NYPD Blue por nombrar a los que tuvieron más permanencia en el aire.

Esta serie es un poco más lenta en su desarrollo argumental; también se encuentra mejor armada y es menos efectista. Además, cuenta con la ventaja de haber sido producida y transmitida por un canal de cable (se mantuvo en la pantalla de HBO por cinco temporadas).

Trabajar durante trece años en la sección policial del diario The Baltimore Sun le dio a David Simon mucho material para escribir libros de no-ficción que llegaron a la televisión. Luego de dos experiencias previas con la serie Homicidio y la miniserie The corner, volvió a crear un grupo de personajes de diferentes ámbitos de la ciudad (la misma en todas sus historias) y desarrolló un argumento con muchas variables desplegadas en juego.

Algunos personajes de esta serie que llegó a la quinta temporada

Entre los casos presentados, cabe recordar el de la unidad de investigación especial, conformada para encarcelar a uno de los principales proveedores de droga y aquel otro que consistió en denunciar la trata de blancas en el puerto de Baltimore (y en acusar a la mafia griega y a la cúpula sindical local). De la acción no se escapan los manejos políticos que existen (¡allá también!) y el papel del periodismo en la posible difusión de los hechos tal cual sucedieron o de lo que más vende, que no siempre resulta fiel a la verdad.

Sin golpes bajos pero sin temor a herir susceptibilidades, sin que el rating importe, The wire aborda temas válidos y posibles de encontrar en cualquier lugar del mundo: manejo sucio del dinero, de la política, de la burocracia, corrupción, narcotráfico. También propone diálogos interesantes, personajes extraños -aunque no por eso inverosímiles- y actuaciones convincentes de Dominic West, Idris Elba, Clark Johnson y Lance Reddick entre otros.

HBO acaba de finalizar la transmisión de la quinta temporada de esta serie. Los curiosos que todavía no la vieron y quienes estén buscando una producción de buena calidad editada en DVD harán bien en alquilarla.

Películas como las de antes Mayo 29, 2009

Posted by Ana in TV.
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O mejor dicho, películas de las de antes…

La TV paga homenajea al cine clásicoTCM en el abono básico y Cinecanal Classics en el premium son dos canales distintos pero que comparten una premisa similar: incluir en su programación “el cine que ya tendrías que haber visto” y tal vez “el Hollywood que no conoces”. Dos propuestas que apuestan a los clásicos, desde producciones de los años ‘30 hasta films de mediados de los ‘80 e incluso de los ‘90.

Se trata de copias remasterizadas, en blanco y negro o color, dobladas o subtituladas al español, pensadas para que veamos lo que nos quedó pendiente. Ni Tom Hanks, ni Brad Pitt, ni Quentin Tarantino ni Ron Howard; las estrellas son Alfred Hitchcock, William Wyler, Marlon Brando y Elizabeth Taylor.

La extraña pasajera es una buena excusa para ver a Bette DavisQuien nunca haya visto a Bette Davis en acción, ahora puede hacerlo en La extraña pasajera. Lo mismo se aplica para los legendarios Audrey Hepburn y Henry Fonda, co-protagonistas en La guerra y la paz.

TCM se distingue por dividir al siglo XX en dos partes. Por un lado, le rinde homenaje a la primera mitad con ciclos del estilo de 50 películas que deberías ver antes de morir, cuya programación incluye clásicos como Una noche en la ópera de los hermanos Marx o Casablanca con Humphrey Bogart. Por otro lado, se transforma en arcón de los recuerdos de los mejores clásicos contemporáneos, por ejemplo Tiburón, 2001: odisea del espacio o Lo que queda del día.

War and peace, una excusa para ver a Audrey Hepburn y Henry FondaAunque distintos, los dos canales de la televisión paga convocan a los cinéfilos nostálgicos, y a quienes quieren ver esas otras superproducciones de Hollywood que fueron homenajeadas, tomadas como ejemplo, convertidas en remake o que simplemente precedieron a los tanques de hoy.