Otelo según Cibrián y Mahler 22 Octubre 2009
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Las incontables representaciones teatrales que tuvieron lugar en distintos tiempos y espacios, la célebre ópera que Giuseppe Verdi compuso a fines del siglo XIX, las películas que filmaron Orson Welles, Sergei Yutkevich, Roger Benamou, la infaltable interpretación de Lawrence Olivier, las tantas otras de Plácido Domingo para cine y TV deberían condicionar a quienes desean montar una nueva versión de Otelo. Seguro, la obra de William Shakespeare mantiene su indiscutible vigencia y es fuente de inspiración inagotable, pero la ocurrencia de convertirla en musical no es garantía de originalidad y calidad.

La puesta en escena que Pepe Cibrián Campoy y Ángel Mahler estrenaron a principios de año y repusieron hace semanas en El Nacional presenta desaciertos estructurales que deslucen el esfuerzo de un elenco visiblemente comprometido con el proyecto*. El primer gran desatino aparece a nivel discursivo: por un lado en expresiones ajenas al siglo XVII (Yago dice de Otelo que “no es ducho en matemáticas”; Otelo se refiere al “bicho” de Casio); por otro lado en una adaptación con un primer segmento excesivamente detallado y con un segundo segmento forzadamente esquematizado.
Al parecer, Cibrián Campoy se queda a mitad de camino entre dos buenas intenciones: la de recrear el drama del moro de Venecia en una salsa parecida a la original (de ahí la elección de un vestuario que intenta respetar la moda de la época) y la de elaborar una versión pop (no sólo en función de los acordes del music hall, sino de un léxico más bien contemporáneo, afín al público porteño). Contrariamente a lo que Willy Landin e Iñaki Urlezaga hicieron con Las mujeres sabias y Carmina Burana respectivamente, el hijo de los recordados José y Ana María no aggiorna; en todo caso distorsiona y edulcora.
El segundo gran desatino de esta propuesta aparece a nivel musical. De hecho, los acordes compuestos por Mahler parten de un gran leitmotiv que, después de tres horas de insistencia, termina saturando.
La contraparte visual de esta letanía melódica es una coreografía artificiosa, por momentos influenciada por las representaciones que Disney hizo de los cuentos de hada más famosos. Por ejemplo, las escenas de baile que protagonizan Otelo y Desdémona parecen inspiradas en La bella y la bestia.
Aunque respeta el final imaginado por Sir Shakespeare, la dupla Cibrián-Mahler se permite cerrar su espectáculo con una “escena fija” (sepan disculpar la simplificación) que revierte la tragedia. Este happy end de yapa es el corolario de una propuesta que, lejos de rescatar y resignificar la esencia de un clásico, la reduce a un cúmulo de estereotipos narrativos y musicales dignos de un telenovelón lacrimógeno y aleccionador.
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* Juan Rodó, Daniel Vercelli, Diego Duarte Conde, Lorena García Pacheco, Mercedes Benítez, Beto Cuello, Sergio Carus hacen lo imposible por sostener un musical que -valga la metáfora- desentona.
Títeres al sur 19 Septiembre 2009
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Reseña redactada por Ariel.
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Semanas atrás este blog se ocupó de reivindicar la zona más postergada de la ciudad de Buenos Aires dando nota de un emprendimiento comunicacional y comunitario que aspira ser de larga vida y alcance. Ahora el sur, el mismo que inspiró uno de los tangos más famosos, vuelve a ser el motor de una iniciativa cultural: se trata del Tercer Festival Internacional de Títeres al Sur, que tendrá lugar entre hoy y el 4 de octubre.
Oriundo de La Boca, el Grupo de Teatro Catalinas Sur es el encargado de llevar adelante este proyecto que presenta obras pensadas para el público tanto infantil como adulto. Artistas nacionales y compañías provenientes de España, Italia, Perú, Colombia, Brasil, Rusia montan y dirigen las piezas en cuestión. El festival se desarrollará en los centros comunitarios Los Pibes y Mate Cócido (situados en La Boca y en el Bajo Flores respectivamente), en el teatro La Máscara (en el barrio de San Telmo) entre otras sedes.
Para encontrar información más detallada sobre funciones, obras y lugares de representación, basta con consultar el sitio web del grupo Catalinas. Aprovechen. Hasta el 4 de octubre hay tiempo para dejarnos llevar por los hilos invisibles…
El principito en el Planetario 17 Agosto 2009
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Todavía hay tiempo para asistir a la adaptación teatral de El principito en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires. La versión escrita por Marisé Monteiro, dirigida por Lía Jelín y producida por Carolina Uriarte (¡todas mujeres!) desembarcó hace tres meses en el Galileo Galilei y planea quedarse hasta noviembre por lo menos. Seguro, quienes vayan a verla sabrán apreciar el tino de elegir este espacio público para ambientar el libro más famoso de Antoine de Saint-Exupéry.
Se nota: éste es un trabajo hecho a pulmón. La precariedad (cuyas raíces son presumiblemente económicas) pasa desapercibida gracias a una puesta ocurrente que aprovecha los 360 grados del escenario, un techo que admite el despliegue de efectos computadorizados, las bondades de la goma pluma a la hora de humanizar a la serpiente, el zorro y las rosas.
También cabe mencionar las actuaciones de los poco conocidos Pablo Mariuzzi, Mariano Falcón, Guillermina Caro, Omar Calicchio y de los más mediáticos Raúl Lavié, Nicolás Scarpino, Roly Serrano, Roberto Carnaghi y Nicolás Pauls. En este plano cobra especial importancia el recurso audiovisual que permite la interacción entre los actores presentes en el escenario y aquéllos cuyos personajes aparecen proyectados en el cielo artificial.
Quizás el defecto más grande de esta adaptación tenga que ver con un descuido gramatical cuya responsabilidad no podemos determinar. ¿El hecho de que los personajes alternen entre el uso del ”tú” y del “vos” es un desacierto del libreto o de los actores? ¿Cómo es que nadie corrige esta desprolijidad?

Algunos espectadores también levantamos el dedo ante la caracterización del zorro. Quienes la imaginamos acorde a la anatomía verdadera y al perfil vulnerable que encontramos en el libro original nos desencantamos ante un animal corpulento. Desde este punto de vista, el disfraz confecciado por Andrés Giardello y Paula Rebagliati parece responder más a la fisionomía del lobo feroz de Caperucita roja que a la del zorro que pide ser domesticado.
Al margen de estos aspectos reprochables, El principito en el Planetario es una propuesta válida para chicos de todas las edades, aún cuando los más pequeños entiendan poco la fábula de Saint-Exupéry. El trabajo hecho a pulmón rinde sus frutos: cautiva la atención del público, y conmueve tanto a quienes conocemos la historia del niño proveniente del asteroide B 612 como a quienes la descubren por primera vez.
Tutto Benigni 22 Junio 2009
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Reseña redactada por La Resistente.
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Tutto Benigni, en lugar de Tutto Dante, debió haberse llamado el espectáculo que el verborrágico actor italiano ofreció en el Gran Rex el pasado miércoles 17 de junio.
“Viaje fascinante que se realiza de la actualidad a la Divina Comedia“, dice el programa. “Versión escénica del libro de Alighieri”, anunció el suplemento cultural Ñ. Pero lo cierto es que hubo mucho Roberto y poco Dante…
En el primer segmento de la representación, Benigni se refirió a la actualidad italiana, previo discurso sobre su sueño cumplido de estar en Buenos Aires… Teniendo a Silvio Berlusconi como blanco y al sexo como tema excluyente de sus comentarios, no omitió decir vulgaridades (en castellano rioplatense) y gesticular a veces groseramente. Así provocó el festejo ruidoso de muchos espectadores y el profundo desconcierto de quienes no habían ido a escuchar al capocómico de una revista zafada…
Por suerte, en el segundo “movimiento” de su propuesta, Benigni abordó la obra prometida a través del V canto del Infierno que se ocupa de los lujuriosos. Y aquí devino en un profesor pretendidamente simpático dispuesto a explicar cada estrofa con anécdotas, a veces jocosas, sobre la creación del Purgatorio, el acto de La Anunciación, la importancia de la mujer y con lugares comunes sobre el amor, la piedad, la poesía…
Por fin, el protagonista de La vida es bella cerró su unipersonal con la lectura ininterrumpida en versión original de ese V canto, y aquí apareció el buen actor. Con excelente manejo de la voz, perfecta dicción y esmerado respeto por el ritmo de los versos endecasílabos, dio una lección de interpretación que logró conmover a un público heterogéneo pero silencioso y atento.
Quien escribe estas líneas se preguntó entonces (y no sin ironía):
1.- ¿Acaso los tres “momentos” del espectáculo, tan diferentes en términos de calidad, se inspiraron en la estructura de la Divina Comedia: esto es Infierno, Purgatorio y Paraíso?
2.- ¿Por qué Benigni tituló su espectáculo Tutto Dante cuando sólo tomó un canto de los cien que tiene la Divina Comedia?
3.- Para terminar… ¿Qué impulsa a un actor capaz de emocionar al público legítimamente, en este caso leyendo la ínfima parte de un texto clásico, a caer en groserías y lugares comunes?
Moc y Poc 1 Junio 2009
Posted by María Bertoni in Teatro/Danza.3 comments
A principios del mes pasado, los señores Moc y Poc decidieron abandonar el circuito literario y trasladarse al Teatro Sarmiento de la Ciudad de Buenos Aires para contactarse cara a cara con los chicos (“mayores de 7 años”, advierten el programa y los afiches promocionales). El cambio de carnatura entre la celulosa y ¿la goma pluma? les sienta muy bien, ante todo porque el diseño de Alejandra Farley y Juan Benbassat y las voces de los miembros del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín los hicieron adorables.
En honor a la verdad, estos dos ¿vecinos?, ¿colegas?, ¿amigos? dueños de ideas ocurrentes y dicción impecable no emprendieron solos la aventura sobre tablas. Para empezar, su creador Luis Pescetti dio el visto bueno para que Román Lamas y Lorena Barutta adaptaran el libro original, y luego Ioia Kohakura se encargó del vestuario; Miguel Morales de las luces; Roberto López de la música y Alejandra Castillo, Alejandra Farley, Hernesto Mussano, María José Loureiro y Daniel Spinelli, de las interpretaciones.

A todos ellos les debemos la mágica zambullida en aguas de la lógica pura (propia de la infancia) y también más irrebatible (a prueba del ingenio adulto). A ellos y a los protagonistas que comparten observaciones y conjeturas similares a las que supimos desarrollar cuando fuimos niños, y que lamentalmente perdimos a medida que crecimos y -craso error- nos creímos más inteligentes, más sabios y más vivos.
Los mayores de 7 años nos reímos ante diálogos y situaciones que consideramos desopilantes, absurdos. Los más chicos quedan extasiados ante una luna que imanta el escenario, ante un señor que flota en el aire por comer naranjas, ante la ardilla empecinada en defender su territorio de posibles intrusos, o ante un jovencito que asegura llamar desde Saturno.
Los adultos nostálgicos creerán ver en Moc y en Poc a fieles exponentes de El Show de los Muppets. La apariencia del primero parece inspirada en la de los viejitos criticones, pero esta versión autóctona carece de la malicia que tanto caracterizó a la inolvidablemente despiadada dupla del palco.
Otra diferencia con el legendario programa de TV: las intervenciones de personas de carne y hueso funcionan como separadores entre actos. Dicho de otro modo, las tres presentadoras no interactúan con los títeres (ni con el rostro animado de La Gioconda) sino con el público.
Indiferentes a la mayoría de edad que sugieren el programa y los afiches promocionales, los amantes de títeres y marionetas disfrutarán de la versión teatral de Moc y Poc. Aún mejor, quizás la experiencia los aliente a desandar el camino emprendido por estos dos ¿vecinos?, ¿colegas?, ¿amigos?, y por lo tanto les permita reencontrarlos en su lugar de origen, rodeados de papel, letras y dibujos.

