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Lo que el agua se llevó May 14, 2008

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Lo que el agua se llevó Quienes sientan debilidad por las criaturas de los estudios Aardman (entre otras Wallace, Gromit y los pollitos en fuga) seguramente se divertirán con Lo que el agua se llevó, película cuyo estreno local a principios de 2007 fue opacado por la promoción de Ratatouille. Casi simultáneos, ambos lanzamientos les devolvieron protagonismo cinematográfico a las ratas y, a partir de simpáticas personificaciones animadas, buscaron entretener a los niños y a sus acompañantes adultos. Sin dudas la película de Sam Fell lo logra, sobre todo gracias a un buen despliegue de personajes secundarios.

Momentito. Antes de que alguien grite “¡objeción!”, conviene aclarar que los principales Roddy y Rita también tienen su costado gracioso y atractivo, para empezar las voces de Hugh Jackman y Kate Winslet. Pero a todas luces quienes realmente brillan son las babosas cantarinas, el sapo malvado, sus dos ratones secuaces y las (¿importadas?) ranas francesas.

Evidentemente Lo que el agua se llevó (por fin una traducción ocurrente y a la vez respetuosa del título original) apunta a chicos con menos edad que los integrantes de la audiencia interpelada por Ratatouille. Por lo pronto, aquí la recreación del submundo roedor se inspira menos en la naturaleza que la puesta en escena propuesta por el taquillero Brad Bird.

Como en todas las películas animadas pensadas para los niños y sus padres, tíos, tutores o encargados, ésta también juega con conocimientos que manejamos los adultos. Conocimientos en cuanto a música pop, en cuanto a cine, en cuanto a la eterna rivalidad entre británicos y franceses, ¡en cuanto al mismísimo Marcel Marceau! Por su parte, los chicos disfrutarán de desencuentros, caídas, saltos y demás bloopers dignos de este género.

Volviendo al despliegue de personajes secundarios, cabe destacar el trabajo de Ian McKellen, Jean Reno, Bill Nighy y Andy Serkis, responsables de interpretar al sapo, a la rana francesa líder, y a los secuaces Whitey y Spike respectivamente. En cuanto a las adorables babosas, pocas veces se habrán escuchado coros tan originales y entrañables (vale la pena esperar a los créditos para verlas entre los nombres del equipo). 

Aún en versión doblada, Lo que el agua se llevó sabe entretener. Es que los aciertos de los estudios Aardman van más allá de la (siempre acertada) elección de actores. La clave del éxito parece estar en cierta capacidad para gestar criaturas que -confesémoslo- muchos quisiéramos adoptar.

The ten May 11, 2008

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The tenImaginen a un Paul Rudd encargado de conducir un programa impresentable, a una Winona Ryder enamorada del muñeco de un ventrílocuo, a una Jessica Alba limitada al rol de chica tonta, a un Adam Brody (el morocho de The OC) confinado a quedar enterrado hasta el cuello en un descampado, a un Liev Schreiber convertido en policía obsesionado por comprar más tomógrafos computados que su vecino. Luego agréguenle a estos flash imaginarios otras escenas igualmente inconexas y descabelladas pero protagonizadas por actores desconocidos. Por último, intenten relacionar el rompecabezas fantasioso con los célebres diez mandamientos.

A grandes rasgos, éste es el resumen de The ten, película que pretende abordar con ¿acidez? ¿irreverencia? las reglas fundamentales difundidas por Moisés y que hace gala del humor más burdo, previsible, aburrido. Si Charlton Heston se levantara de la tumba y descubriera la indigesta obra de David Wain, este otro milagro de resurrección duraría apenas un suspiro.

En el mejor de los casos, lo único rescatable de esta propuesta es que se trata de una serie de cortometrajes, uno por cada mandamiento. Quizás por eso los valientes que se empecinen en mirarla podrán terminarla. Con un poco de esperanza elegirán creer que el próximo ”sketch” será mejor, o no tan malo.

Exhibida en el Festival de Sundance de 2007, The ten nunca desembarcó en Argentina. Bienaventurados quienes habitan estas tierras, pues ningún desprevenido podrá convertirse en víctima de este otro chasco cinematográfico, al menos no en una sala del circuito comercial.

Reinas May 8, 2008

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ReinasCómo no alquilar una película que reúne a Verónica Forqué, Carmen Maura, Marisa Paredes, Mercedes Sampietro y Betiana Blum. Cómo no confiar en las chispas que se sacarán estas cinco comediantes de renombre, entre ellas tres ex chicas Almodóvar y una compatriota talentosa. Cómo no apostar a una propuesta que bromea sobre las madres/suegras pero desde una perspectiva distinta: la de hijos/yernos homosexuales. Cómo no sentir desencanto cuando el co-guionista y director Manuel Gómez Pereira desaprovecha un proyecto tentador.

Reinas es el título de este chasco cinematográfico que comete dos grandes pecados: por un lado, desperdiciar el talento de actrices fenomenales y, por el otro, malograr una idea original que -retomando la observación del amigo Adenoz- gira en torno al casamiento entre varones gays sin que por eso la cuestión gay adquiera un protagonismo excluyente.

“Forzado” es el adjetivo que mejor define a este largometraje. Forzado es el guión (a Gómez Pereira le cuesta cruzar las distintas historias planteadas); forzado es el encuentro multiestelar (Forqué, Maura, Paredes, Sampietro y Blum parecen reducidas a estereotipos de personajes que alguna vez interpretaron); forzada es la participación de actores provenientes de estas latitudes (además de la mencionada Blum, está el monocorde Daniel Hendler); forzado es el mensaje gay-friendly que pretende difundir la comedia.

En octubre del año pasado la revista Variety informó que los guionistas norte-americanos David A. Lee y Daniel Vaillancourt habían comprado los derechos de Reinas con la intención de hacer una remake para la Warner Bros. La pregunta del millón es la siguiente: ¿podrá Hollywood filmar algo peor?

Iris April 29, 2008

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IrisCinco años antes de dirigir Escándalo, Richard Eyre adaptó otra novela basada en un caso real (en esta ocasión, A memoir and elegy for Iris de John Bayley) y también convocó a Judi Dench para co-protagonizarla (en esta ocasión con Kate Winslet). En comparación con su sucesora, Iris es una película más equilibrada ya que no existen desniveles entre los personajes y las actuaciones, y quizás más conmovedora porque relata el descenso a ese infierno llamado “mal de Alzheimer”.

Probablemente éste sea uno de los films que mejor describen las implicancias de la demencia senil, tanto para quienes la padecen como para el entorno que asiste al enfermo. Sin golpes bajos pero también sin el velo edulcorado que distinguió por ejemplo a El hijo de la novia, Eyre recrea los síntomas más típicos de la enfermedad de un modo casi pedagógico (incluso muestra imágenes de un tomógrafo que revelan el daño causado a nivel cerebral).

Por otra parte, el hecho de que la protagonista sea escritora permite transmitir con mayor contundencia el sufrimiento que supone la pérdida del lenguaje. También confirma la hipótesis de que -sin el lenguaje- las personas no podemos razonar, recordar, proyectar, en suma, ser.

Dench y Jim Broadbent recrean la sorpresa, la angustia, el dolor, el desconsuelo asociados a este cuadro de enajenación. La mirada de ella refleja la nada que se apodera de la mente de su personaje enfermo; los cambios de registro vocal en él expresan las sensaciones de impotencia, enojo, pena que conviven en el corazón de un esposo superado por la situación.

Aún a pesar del protagonismo acordado al mal de Alzheimer, Iris no deja de contar una historia de amor. Atención: una historia poco convencional, alejada de cualquier estereotipo idílico, y en cambio marcada por distintos tipos de desencuentros (entre ellos, el último provocado por la enfermedad).

Winslet y Hugh Bonneville son los encargados de representar a la pareja protagónica en sus años mozos, y de explorar los altibajos que volverán a reeditarse décadas más tarde, como un acecho del pasado. Nadie mejor para interpretar la versión joven de Dench y Broadbent (Iris y John, en realidad).

Por algún motivo, esta otra película de Richard Eyre tardó dos años en llegar a la Argentina, retraso que acortó la distancia temporal con su sucesora. Ahora, ambas se encuentran editadas en video/DVD al alcance de la mano de los espectadores curiosos, y listas para enfrentar a quienes sucumben ante las (siempre arbitrarias y cuestionables) comparaciones cinematográficas.

Las locuras de Dick y Jane April 24, 2008

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Las locuras de Dick y JaneQuizás porque el híper histriónico Jim Carrey suele saturarme cuando actúa en comedias. Quizás porque, salvo contadas excepciones, el humor estadounidense no me causa gracia. Por la razón que fuere, lo cierto es que Las locuras de Dick y Jane me resultó un estreno poco tentador cuando llegó a Buenos Aires en el verano de 2006. Pasaron dos años desde entonces, y ahora la oportunidad de ver la película en DVD me recuerda cuán prejuiciosa puedo ser.

El film de Dean Parisot es la remake de una comedia que George Segal y Jane Fonda protagonizaron tres décadas atrás, y por lo tanto una (segunda) adaptación cinematográfica de la novela homónima escrita por Gerald Gaiser. Estamos entonces ante la tercera versión de una propuesta que, por lo visto, resiste el paso del tiempo así como los gajes de la repetición.

Este largometraje recrea las desventuras de un matrimonio de posición acomodada, que en cuestión de meses queda totalmente excluído del sistema. La constatación de que una crónica originalmente ambientada en los ‘70 encaja sin problemas en el siglo XXI invita a suponer que la realización de esta remake evoca algo más que las limitaciones de los creativos hollywoodenses. 

De hecho, las locuras que Dick y Jane Harper cometen para revertir su condición de nuevos pobres permiten descubrir las falencias de un sueño americano que viene perdiendo pie hace tiempo. También señalan el costado más absurdo/patético de una sociedad obsesionada por su capacidad de consumo, narcotizada por los medios de comunicación, y escindida por la línea divisoria que separa a ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría.

La pareja que componen el mencionado Carrey y Téa Leoni transmite muy buena química (se nota, sobre todo, en la escena de los asaltos). Da la sensación de que ambos se potencian en las partes más desopilantes, y de alguna manera ella se las ingenia para que él ensaye otros recursos además de las archi-explotadas y conocidas morisquetas.

Alec Baldwin también resulta gracioso en el papel de megaempresario inescrupuloso y bravucón, y el niñito Aaron Michael Drozin suma varios puntos con su pequeño Billy Harper empecinado en hablar en español. Por su parte, el resto del elenco se mueve al ritmo de una sátira light, poco pretenciosa.

Decididamente Las locuras de Dick y Jane no es una joya cinematográfica pero, sí, consigue entretener, incluso hacer reír. Por eso, espíritus prejuiciosos, hagan un esfuerzo: dejen sus reparos de lado y permítanse aquel buen momento que posiblemente desestimaron dos veranos atrás.