The Argentina experiment

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Especial. Cobertura DerHumALC 2012
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Nuestra crisis de 2001/2002 y nuestra evolución desde entonces, retratadas por un periodista griego. Éste es un resumen posible del documental que Yorgos Avgeropoulos filmó en dos tiempos: una década atrás cuando la caída de Fernando de la Rúa y dos años atrás, cuando falleció Néstor Kirchner. Lo ayudan a contextualizar, a comparar, a contrastar Domingo Cavallo, Aldo Ferrer, Roberto Lavagna, Eduardo Galeano y distintos ciudadanos cuyas historias de vida ilustran el sufrimiento y la lucha de los más afectados por el ocaso del capitalismo salvaje en este lado del mundo.

The Argentina experiment implica, ante todo, un esfuerzo por entender no sólo lo que sucedió en nuestro país sino lo que está ocurriendo en la Unión Europea en general y en Grecia en particular. En otras palabras, nuestro pasado reciente aparece como antecedente indiscutible de un presente común a la mayor parte de Occidente, sujeta a las decisiones de una tecnocracia global que -Galeano dixit- “socializa las deudas y privatiza las ganancias”.

Dificilmente algún compatriota sienta indiferencia ante los testimonios y el material de archivo que presenta Avgeropoulos. En cuestión de segundos, las imágenes de los cacerolazos, de la feroz represión en Plaza de Mayo, de los saqueos, de la fuga en helicóptero, de los mercados vecinales regidos por el trueque nos retrotraen a aquellos años cuya dureza a veces olvidamos.

La película, en cambio, dividirá aguas entre quienes suscribimos a la ponencia anti-liberal del realizador y quienes añoran los tiempos de la convertibilidad. Este segundo grupo valorará la entrevista a Cavallo, que defiende su gestión a rajatable (“sólo Dios no se equivoca” responde cuando Yorgos le pregunta si se arrepiente de algo) y que, tras cuestionar mínimamente al FMI, enseguida distingue su postura de las “críticas típicas de la izquierda”.

Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, The Argentina experiment presenta dos defectos corregibles para una próxima proyección. El primero: algunos entrevistados aparecen en pantalla sin una etiqueta que los identifique (pocos griegos u otros extranjeros sabrán reconocer a Ferrer o Galeano por ejemplo). El segundo es un dato erróneo sobre el elefante blanco de Ciudad Oculta: la construcción data de los años ’30 y no de los ’70.

Al margen de estas observaciones, el documental griego es una propuesta desafiante al menos para el público argentino. No sólo porque estimula nuestra memoria colectiva, sino porque señala los efectos residuales de aquel pasado en nuestro -todavía complejo y problemático- presente.

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