El duro oficio de haber sido Sábato 30/04/2011
Posted by María Bertoni in Literatura, Visto y Oído (¡más!).5 comments
Desde esta mañana, la mayoría de los medios argentinos y algunos extranjeros llora la muerte de Ernesto Sábato. Las necrológicas deben haber estado listas hace tiempo: cómo no encargarlas ante la posibilidad de que los achaques de la vejez y la tristeza tras la pérdida de la esposa Matilde terminaran matando o, en el mejor de los casos, ante la proximidad del centésimo aniversario (recordemos que el físico, escritor y pintor nacido en la localidad bonaerense de Rojas habría cumplido un siglo de vida el próximo 24 de junio).
Sábato se convirtió en figura emblemática de nuestras Letras y en encarnación mediática del intelectual comprometido después de que, a fines de 1983, fuera designado titular de la CONADEP. El Presidente de la Nación Raúl Alfonsín había creado esta Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas con el objetivo de investigar el plan sistemático de aniquilación ciudadana perpetrado por la dictadura militar de 1976. El trabajo realizado desembocó en la publicación del informe Nunca más y en el juicio a las Juntas responsables del eufemístico Proceso de Reorganización Nacional.
Algunos compatriotas le achacan a Don Ernesto la elaboración de la teoría de los dos demonios, presente en el prólogo del mencionado libro. Este análisis de una Argentina víctima de la guerra sucia entre dos facciones igual de criminales (la guerrilla subversiva por un lado y las fuerzas armadas por el otro) liberó de culpa y cargo a actores civiles (empresariado, dirigencia política, medios de comunicación) cómplices y/o directamente responsables de un mucho más complejo y perverso terrorismo de Estado.
Años y décadas antes de este desacierto, Sábato fue objeto de otros reproches: los antiperonistas le recriminaron el rescate de la figura de Evita como verdadera revolucionaria del movimiento fundado por Juan Perón; los peronistas aún hoy no le perdonan el apoyo a la Revolución Libertadora. Fuera de este esquema, intelectuales como Osvaldo Bayer, Jorge Luis Bernetti, el fallecido David Viñas acusaron el respaldo al golpe encabezado por Juan Carlos Onganía y la asistencia al famoso almuerzo con el entonces Presidente de facto Jorge Rafael Videla que también había invitado a Jorge Luis Borges, Horacio Ratti y Leonardo Castellani (aquí, la crónica de estos y otros traspiés).
A título estrictamente personal me permito escribir que nunca adherí a la sacralización mediática de Sábato como hombre de Letras, y sobre todo como intelectual de fuste. Sin embargo (y tal vez he aquí una ingenua contradicción), tampoco dejé de creer en su honestidad intelectual, es decir, en la posibilidad de que el autor de Sobre héroes y tumbas se pronunciara e interviniera con total convicción, equivocado, sí, pero sin oscuras intenciones.
A Don Ernesto se le atribuye el invento de la expresión “el duro oficio de ser argentinos“, siempre útil a la hora de resumir los dolores, dificultades, desilusiones, errores que solemos experimentar quienes habitamos este rincón sudamericano. Como muchos compatriotas, él también creyó, apostó, se equivocó pero además debió cumplir con el duro oficio de ser Sábato.
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PD. Gracias, Jorge, por el aviso.
Una hipótesis genética para explicar la debilidad por príncipes, papas y guerreros 29/04/2011
Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).2 comments
El generoso espacio que la prensa internacional -más precisamente hispanoparlante y además europea- les dedica a la boda de Kate y William, a la beatificación del papa Juan Pablo II y a la victoria del Barcelona por obra y gracia de Lionel Messi sugiere que los ciudadanos del siglo XXI tenemos más puntos en común de los que imaginamos con nuestros antepasados remotos. Si admitimos que esta cobertura
mediática responde al interés o a las exigencias del público, entonces debemos pensar que nuestro ADN conserva los genes que explicarían nuestra debilidad por príncipes y reyes, sumos pontífices, gladiadores y guerreros.
Algo de esto dijimos cuando reseñamos El discurso del rey y nos referimos a la fascinación de Hollywood por la monarquía británica. Da la sensación de que los descendientes de George Washington tuvieran nostalgia de la corona de la cual se independizaron el 4 de julio de 1776 (pensar que, siglos más tarde, ni siquiera pudieron formar parte del Commonwealth).
El mismo profesor de Historia que en el secundario nos habló de La familia Ingalls solía decir que los franceses se habían equivocado en hacer la revolución de 1789. “Inglaterra también evolucionó hacia una democracia parlamentaria y se ahorró todas esas marchas y contramarchas sanguinarias”, explicaba con argumentos propios de los galos que aún hoy añoran los buenos viejos tiempos de los Carlos, Franciscos y Luises.
Desde la ficción contemporánea, personajes como la Cenicienta de Walt Disney, el Cirilo I de Anthony Queen en Las sandalias del pescador y el Maximus de Russell Crowe en Gladiador contribuyeron a renovar la debilidad por las bodas reales, los papas buenos (ninguno supera a Juan XXIII), los gladiadores (que se trasladaron del circo romano al futbolero). No sorprende entonces que los medios y su público sucumban todavía más cuando la mismísima realidad legitima las historias felices protagonizadas por príncipes consortes, pontífices milagrosos y guerreros vencedores.
Los Qom en primera persona 28/04/2011
Posted by María Bertoni in Periodismo/Medios, Universo Web.5 comments
Cuando en noviembre de 2010 escribió sobre la indiferencia periodística que ninguneó la represión a ciudadanos originarios del pueblo Qom, Jorge recomendó visitar el blog de esta comunidad toba en Formosa: “quizás la mejor manera de informarnos sea seguirlo de cerca”, sostuvo en su post. Hoy, la sugerencia vuelve a encontrar asidero para contrarrestar -ya no el silencio mediático- sino la réplica sistemática de contenidos estándar.
Las complicaciones del corte en la avenida 9 de Julio y la (re)distribución de tierras entre las deudas K son los dos grandes cristales con los que los medios porteños (y sus subsidiarios provincianos) observan, de lejos, el reclamo aborigen. La elección de estas lentes responde a las inquietudes de una mayoría de lectores urbanos de clase media, defensores acérrimos del derecho individual a la libre circulación, antikirchneristas ávidos de datos y análisis que revelen/confirmen/ilustren el verdadero fondo del “kretinismo” y absolutos desconocedores de la realidad de sus compatriotas indígenas.

En estos últimos días de abril, el mismo diario que cada tanto 1) reivindica la figura de Julio Argentino Roca, 2) relativiza el genocidio de la campaña al desierto, 3) admite la publicación de columnas cínicas (ésta y ésta) sobre los derechos de los pueblos originarios le dedica al piquete Qom una cobertura online medianamente actualizada que incluye una fotogalería. El sustantivo “corte” está presente en la mayoría de los titulares.
El blog Comunidad qom Navogoh (La Primavera) nació un año antes de que los reclamos tomaran estado público: aquí, la presentación posteada en agosto de 2009. “Huelga de hambre”, “derechos (humanos)”, “represión”, “apoyo”, “justicia”, “negación”, “conflicto territorial”, “reclamo”, “lucha”, “marcha” son las expresiones/palabras con mayor presencia en los trescientos posts.
Las fotos que ilustran este espacio no se limitan a capturas del corte en la 9 de Julio. El blogroll exhibe una “muestra permanente” que remite al día a día de los pobladores y que sugiere la pertenencia a una realidad desconocida por los habitantes de Buenos Aires y ciudades del interior del país.
En la blogósfera, niños, adultos, viejos Qom adquieren una suerte de visibilidad en primera persona. Aún con todas sus limitaciones, la Web les concede un espacio donde prescindir de los estereotipos que la Argentina blanca y la mayoría de sus medios replican una y otra vez.
La precarización del corresponsal 27/04/2011
Posted by María Bertoni in Periodismo/Medios.4 comments
El artículo del Wall Street Journal que La Nación recomendó ayer y antes de ayer evoca la cobertura que algunos periodistas extranjeros le dedicaron a la sorpresiva muerte de Néstor Kirchner, y que consistió en replicar partes de notas publicadas por Clarín y por el diario que fundó Bartolomé Mitre (el análisis de Mediapart fue una de las pocas excepciones a la regla). De hecho, aunque nada indica que el WSJ le haya asignado una corresponsalía en Buenos Aires, Mary Anastasia O’Grady parece haber elaborado su nota con la misma metodología que privilegia la reedición de material ya mediatizado.
Este fenómeno de reciclaje se parece al que tan bien describió (aquí y aquí) el amigo Rinconete respecto de Wikileaks. En el caso que nos ocupa, los medios extranjeros se retroalimentan con el material provisto por los medios nacionales; luego los medios nacionales rescatan/destacan las notas de los “prestigiosos” medios extranjeros cuya mirada neutra (la imparcialidad garantizada por la ventaja de observar desde afuera y de analizar sin la pasión de quienes estamos adentro) confirma la objetividad del periodismo local que además se dice apolítico, independiente, profesional.
Quizás lo más inquietante de esta práctica es que los corresponsales rara vez mencionan las fuentes periodísticas autóctonas. En general, el lector detecta coincidencias porque el ejercicio de reedición es obvio (en cambio, cuando el idioma es otro, la traducción disimula un poco la mera transcripción).
Supongamos que, sobre todo en los países de realidad compleja, ningún profesional extranjero puede estar a la altura de un colega nativo. Admitamos entonces que la sección “Internacional” o “Exterior” de un diario hace bien en nutrirse de información y análisis provistos por profesionales nacidos, criados y formados en esas otras naciones que despiertan interés mediático.
Ante esta decisión editorial, los corresponsales harían bien en -además de citar fuentes- diversificarlas y presentarlas para que el lector compare y eventualmente contraste versiones de una misma realidad. De esta manera, reducirían los riesgos de distorsión (recordemos lo sucedido con el tratamiento de la prensa francesa a las denuncias de fraude electoral en Irán).
Más allá de la sintonía ideológica que pueda tener con tal o cual cronista/columnista/medio local (esta empatía parece inevitable), un buen corresponsal extranjero debería buscar datos y asomarse a realidades por fuera del recorte mediático autóctono. De no poder hacerlo, queda la alternativa de remitirse a las fuentes con un mínimo de honestidad intelectual.
En contra de esta premisa básica, la mencionada O’Grady enumera supuestas verdades respaldadas por tres agentes tan imprecisos como unívocos: “observadores” (en “pocos observadores aquí confían…”), “una escuela de pensamiento” y “estudiosos del pasado de Argentina”.
Sin dudas, la proliferación de artículos como el de The Wall Street Journal que recomienda La Nación advierten sobre la precarización de la figura del corresponsal extranjero (o del especialista en actualidad internacional), cuyo trabajo parece reducirse a la reedición de notas que a su vez replican contenido de elaboración rudimentaria. Acaso éste sea otro síntoma de un periodismo enfermo de serialidad, pensamiento único y pereza mental.
Borges sí, Macedonio no 26/04/2011
Posted by María Bertoni in Literatura, Visto y Oído (¡más!).4 comments
Buenos Aires, lunes 25 a las 16.15 horas. Tres estudiantes universitarias, presumiblemente de Bibliotecología, abordan en Retiro un tren de TBA con destino a José León Suárez. Se distribuyen entre dos pares de asientos enfrentados. Apenas la formación arranca, empiezan a criticar a una profesora en común.
- La mina es terrible. El otro día empezó a hablar de Macedonio Fernández.
- ¿Quién?
- ¡Tal cual! Cuando pronunció el nombre, yo la miré con cara de “uasap*“.
- …
- Es la diferencia con los de Historia, que son unos traga y sí lo conocen al tipo. Parece que es el padre de Baldomero Fernández**.
- …
- Pero que pare un poco, ¿viste? Yo nací en los ’80. No tengo porqué saber quién fue ese tal Macedonio. Ni que fuera Borges, che.
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* Pronunciación aporteñada de “what’s up?”, expresión estadounidense que significa “¿qué pasó?”.
** ¿Moreno?




