El caso de General Villegas. Machismo y misoginia a la argentina 17/05/2010
Posted by Otros espectadores in Periodismo/Medios.36 comments
Por Jorge Gómez
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En octubre de 2008, la prensa occidental se hizo eco del caso de una niña somalí de 14 años, violada por tres hombres y condenada a la pena de muerte por adulterio. Las autoridades competentes entendieron que, en realidad, la relación sexual había sido consentida, y exigieron que la adolescente fuera enterrada hasta la cintura y lapidada hasta la muerte en un estadio de fútbol donde asistieron unas mil personas.
Los hechos recientes de General Villegas prueban que la moral machista y reaccionaria no es exclusiva de la barbarie islámica que rasgó tantas vestiduras dos años atrás. Por lo visto, el fenómeno de doble victimización también se produce en nuestra sociedad católica, apostólica y romana cuando una muchacha abusada y sometida al escarnio del video (virtual plaza pública) es acusada de haber provocado a sus victimarios.
En esta reedición autóctona del tradicional castigo a la adúltera, el hombre vuelve a aparecer como el inocente damnificado por la conducta pecadora de la mujer.
Los indignados pobladores de General Villegas que atacan la moral de la víctima, y que le endilgan enfermedades improbables y medievales como la fiebre uterina, no se avergüenzan de sus hombres brutales, abusadores y exhibicionistas. No sienten horror ni compasión por esta vecina adolescente sometida a la violencia machista y al escarnio del video comentado y festejado durante semanas.
En esta apacible comarca bonaerense que seguro cuenta con su iglesia, su plaza y un prostíbulo ubicado en las afueras, muchos creen que las mujeres son instrumentos de lujuria de las que un honesto padre de familia puede hacer uso sin consecuencias. Si la muchacha lo denuncia, y aunque la ley lo condene, la culpa nunca será del varón. En todo caso, una bruja puta y lujuriosa cegó al buen ciudadano y lo llevó al pecado.
Ella es quien debe ser castigada.
Éste es un asunto grave. De hecho, si bien el Código Penal es claro acerca de la responsabilidad de los adultos en casos de abuso o violación de menores, queda expuesta una fractura entre las leyes y la moral de un número importante de ciudadanos que lapidarían con gusto a la niña agredida.
Este abismo entre la Ley pregonada y el sentir de la población debería generar debates amplios sobre machismo y violencia de género. También sobre el placer morboso de la exhibición de videos personales y sobre la imagen que los medios de comunicación proyectan de las mujeres y el sexo como instrumentos de placer masculino.
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Anécdota para la ocasión.
A continuación, recreamos el siguiente diálogo entre una mujer perteneciente a una familia adinerada de Quilmes, y colaboradora del Padre Farinello en una iglesia de la villa, y el conocido sacerdote.
- Padre, cuando uno pasa por la villa, las chicas que usted protege están ofreciendo sexo oral.
- Sí, ¿quién se lo contó?
- Mi marido y mi hijo.
- Efectivamente, son nenas de doce años… Nosotros tenemos este problema de las chicas que ofrecen sexo a los ricos de Quilmes. Pero usted, querida, tiene otro problema: en su casa convive con dos hijos de puta.
Cambio de aire, otra vez 10/05/2010
Posted by María Bertoni in Autobombo.4 comments
En 2007 fue Francia; en 2010 Italia. Durante algunas semanas, quien suscribe vuelve a pisar tierra europea, y a compartir retazos de su viaje con los lectores de Espectadores. Las crónicas desde el país de Berlusconi se mecharán entonces con los textos que Jorge seguirá escribiendo desde la Reina del Plata.
Es probable que el blog se actualice con menos frecuencia. Con suerte, el interés de la experiencia italiana compense los silencios entre post y post.
Hasta el próximo.
El último tren, de Luis Urquiza 07/05/2010
Posted by María Bertoni in Cine.18 comments
Luis Urquiza ya había dibujado algunos bocetos de vías, locomotoras y el contorno del territorio nacional cuando escuchó “El último tren” por primera vez. La pieza de Ricardo Vilca se convirtió en musa inspiradora de un proyecto que terminó de perfilarse cuando el guionista y director de ¿Dónde está el maestro? se enteró del concurso organizado por Caloi en su tinta, a propósito del homenaje que -en junio próximo- el Festival de Annecy le dedicará a la Argentina en el año de su bicentenario.
El corto homónimo fue seleccionado para viajar a Francia y sumarse a la proyección de otros tantos trabajos representativos del talento nacional. Gracias a la gentileza del autor, Espectadores lo comparte con sus seguidores y lo propone en tanto introducción a dos reflexiones sobre la pertinencia de una celebración con fecha clave: el 25 de mayo.
Bicentenario. A favor y en contra del festejo 07/05/2010
Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).4 comments
A favor, por Jorge Gómez
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Durante la segunda década del siglo XIX en diversas ciudades de las colonias españolas en América surgieron movimientos independentistas que en pocos años culminaron con la creación de casi todos los estados nacionales al sur de los Estados Unidos, salvo Brasil y varios países del Caribe que tuvieron desarrollos distintos.
La República Argentina es hija de ese proceso, y en mayo puede conmemorar los 200 años del Cabildo Abierto que puso en marcha su nacimiento como Estado. Tomando gran parte del antiguo Virreinato del Río de La Plata (sin los actuales Paraguay, Uruguay y Bolivia), este Cabildo de Buenos Aires sublevado y las administraciones subsiguientes lograron, en un lapso aproximado de 50 años, unificar un país, incorporar la Patagonia y sentar las bases de una nación con un importante ciclo de crecimiento hasta la crisis capitalista de 1930.
En las décadas posteriores a esa brutal ruptura en los términos de intercambio comercial que hizo estallar el modelo agroexportador de 1880, la dirigencia argentina –ya acusada de perezosa y poco patriota- ensayó y abandonó procesos de industrialización y de sustitución de importaciones, pero mantuvo un ciclo de inclusión social y crecimiento hasta los ’70. Luego probó con autoritarismo, represión, democracia, neoliberalismo, exclusión.
Tomó varios colectivos y debió bajarse de todos porque no supo explicar adónde iba.
Sin embargo, nacimos con la caída de las colonias españolas en América y –en ese vecindario, que es el sitio natural de referencia para analizar los procesos del bicentenario– el país hizo bastante y no lo hizo tan mal. Es el país que propuso educación universal, obligatoria y gratuita cuando en el resto de América del Sur ni lo sospechaban.
También es el país de la reforma universitaria, de la Semana Trágica y las leyes sociales del peronismo, del Cordobazo, del estúpido fervor nacionalista que despertó Leopoldo Fortunato Galtieri. El de Raúl Ricardo Alfonsín que encaró a Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca para pedirle respeto, y el de Carlos Menem que nos humilló con su propuesta a favor de las relaciones carnales.
En los próximos años las ciudades sudamericanas festejarán sin complejos sus respectivos bicentenarios, y parece que en nuestro país –sobre todo en Buenos Aires– la idea del festejo nos avergüenza.
En mi opinión, salvo que seamos anarquistas y estemos en contra de los Estados, podemos hacernos cargo de toda nuestra historia y recordar el bicentenario de la patria con seriedad y respeto. Las personas festejamos los cumpleaños de los amigos, de los clubes, de cualquier institución porque nos sentimos parte de una historia común, de un espacio que nos reúne a todos y al que no es sencillo (ni bueno) renunciar.
Contra la tendencia dominante a ignorar o repudiar el bicentenario, este humilde blogger propone reconocer la historia, asumirla y festejar doscientos años, que no son pocos ni fueron tan fáciles.
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En contra, por María Bertoni
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Entre los sitios web que el Gobierno Nacional montó y actualizó para anunciar los festejos de nuestro bicentenario, éste reivindica “la Revolución que abrió el paso para la independencia argentina”. Las dos palabras clave de esta frase con tufillo a slogan publicitario chocan contra un pasado incapaz de semejantes hazañas y un presente cuyas deudas históricas, sociales, externas e internas empañan todo ánimo de regocijo.
Una cosa es conmemorar los 200 años transcurridos desde la conformación de la primera junta criolla que tomó las riendas del entonces virreinato del Río de la Plata, hoy nuestra república. Otra cosa es celebrarlos en nombre de una proclama [revolución (nótese la "r" mayúscula) e independencia] con poco asidero en datos, hechos, procesos y desarrollos comprobables.
¿Quiénes convocaron e integraron aquel Cabildo Abierto que aprovechó la debilidad de una España invadida para enfrentarla? ¿Quiénes conformaron una dirigencia autóctona ya escindida por la eterna confrontación entre intereses de la capital y del interior? ¿A quiénes beneficiaron la liberación del dominio español y el posterior compromiso (comercial, económico, político) con otras potencias extranjeras, en especial Gran Bretaña y más tarde Estados Unidos?
¿Podemos hablar de “revolución” y festejarla cuando la “gesta” de mayo de 1810 distó de ser un movimiento popular, y de implementar un cambio radical en prácticas políticas y económicas regidas por la mentalidad colonial?
¿Hasta qué punto sorteamos el triste destino que las metrópolis de turno le impusieron a Latinoamérica? ¿Qué proporción de argentinos vivió (vive en el presente) en condiciones superiores a las de sus pares regionales? ¿Qué proporción vivió/vive como los habitantes de Canadá y Australia, países tan revolucionarios, independientes y jóvenes como el nuestro?
¿Podemos hablar de “independencia” y, más aún, festejarla cuando nuestra soberanía remite a la existencia de ciertos límites territoriales en distintas ocasiones cuestionados/disputados, y a cierta capacidad dirigencial cuyas decisiones no deben alterar la calma de protagonistas y actividades asociados a intereses multinacionales, léase foráneos?
Abandonemos el análisis histórico y repasemos los siguientes datos extraídos de este informe anual que Unicef publicó en 2008:
En Argentina, un 60% del total de muertes ocurridas en menores de 1 año son evitables. En pleno siglo XXI creció la brecha entre provincias: por ej, el riesgo de deceso es 3 veces superior en Chaco que en Tierra del Fuego.
El porcentaje de mujeres fallecidas por causas evitables, relacionadas con el embarazo y el parto, es de 44 por 100.000 nacidos vivos. Las disparidades regionales son evidentes: en la Ciudad de Buenos Aires el porcentaje es de 18 por 100.000 nacidos vivos mientras que en la provincia de Jujuy asciende a 165 por 100.000.
El 8% de los niños padecen de desnutrición crónica, y la proporción alcanza el 15,5% en el noroeste argentino. Además, en promedio, 1 de cada 3 niños menores de 2 años no cubre la ingesta necesaria de calorías, y un 40% de menores vive en hogares indigentes.
Los más de 600 mil indígenas que contabilizó el último censo viven en comunidades con los índices más severos de mortalidad materna e infantil, enfermedades de transmisión sexual, tuberculosis, enfermedad de Chagas, desnutrición e infecciones respiratorias en la infancia, además del peor acceso a la salud y a la educación.
En la región del noreste argentino, 2 de cada 10 niños no finalizan los primeros seis años de escolaridad, y 4 de cada 10 no logran egresar de la secundaria básica.
El trabajo infantil alcanza al 6,5% de los niños y las niñas. El fenómeno aumenta su incidencia en ámbitos rurales donde el 8% de los niños de 5 a 13 años trabajan frente a 6,4% en ámbitos urbanos.
El analfabetismo, que a nivel nacional es prácticamente inexistente, alcanza al 11% de la población indígena. Asimismo, un 27% de estos argentinos no logran completar el nivel primario y un 45,8% el nivel secundario.
¿Realmente estamos en condiciones de festejar?
No… A lo sumo, el próximo 25 de mayo de 2010 será una buena oportunidad para que los argentinos superemos las verdades grabadas a fuego por maestros sarmientinos, manuales maniqueos y una/dos revistas infantiles acordes. La importancia de esta fecha redonda debería invitarnos a repasar nuestra historia con madurez y lucidez, a analizar las marchas y contramarchas de nuestra evolución (prescindamos de la bendita “r” inicial) como Estado-Nación, a tratar de comprender porqué no pudimos/ supimos/conseguimos convertirnos en un pueblo realmente soberano.
Carancho 06/05/2010
Posted by María Bertoni in Cine.20 comments
Para esta admiradora del trabajo de Pablo Trapero (salvo por una sola excepción a la regla), el único defecto de Carancho es extra-cinematográfico, y se relaciona con su estrategia promocional. De hecho, la omnipresencia de trailers, entrevistas, material de backstage en diarios, revistas, sitios web, blogs y Facebook corre el riesgo de saturar -y por lo tanto de predisponer mal- a quienes sospechan lo peor de las campañas de marketing tan insistentes, casi invasivas.
En principio, la conocida trayectoria de este director argentino debería alcanzar para despertar la curiosidad del público local respecto de un último estreno. Seguro, muchos compatriotas recordarán a Leonera como el antecedente más reciente de quien diez años atrás supo ganarse un lugar indiscutido a partir de su primer largometraje, Mundo grúa.
En Carancho, Trapero confirma su capacidad de enmarcar una historia potente (con un muy buen manejo de la acción, tensión, sorpresa y suspenso) en un contexto preciso y significativo más allá del relato central. En esta ocasión, impresionan tanto el espiral de desatino, desesperación y violencia que “se chupa” a Sosa y Luján como el retrato de un conurbano sometido a la ley no tanto de la calle, sino de policías, abogados y médicos corruptos.
En este sentido, el film que se estrena hoy comparte algunos elementos de El bonaerense: protagonismo asignado a un antihéroe víctima de un sistema perverso, denuncia de una delincuencia institucional (aquélla que parecen ignorar o excusar quienes exigen represión para combatir la inseguridad), fresco de un submundo infiltrado en el cinturón metropolitano.
Además del guión que co-escribieron Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre y el propio Trapero, cabe destacar la fotografía de Julián Apezteguia y las actuaciones de Ricardo Darín y Martina Gusmán. Coincidencias del oficio cinematográfico, aquí el protagonista de El secreto de sus ojos vuelve a encarnar a un casi abogado (“casi” por distintos motivos) enfrentado a los detentores de un poder perverso y pervertidor.
Entre tantos otros méritos, Carancho sortea con altura defectos recurrentes en el cine nacional. Por ejemplo, evita explicar/enseñar/aleccionar, y se cuida de subestimar al (y a la vez congraciarse con) el espectador.
Dada esta prueba de madurez artística, la decisión de bombardear al público con una campaña de prensa multimediática y prolongada resulta por lo menos contradictoria, cuando no contraproducente. Por suerte, los efectos nocivos de esta estrategia de marketing desaparecen apenas se apaga la luz y la dupla conformada por Trapero y Gusmán vuelve a brillar.




