Bafici 2010. Anteúltimo maratón 18/04/2010
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Las pistas y Los actos cotidianos son las dos últimas películas argentinas que quien suscribe vio en esta doceava edición del BAFICI. El presente post también incluye una breve reseña de Bummer Summer tercer film norteamericano después de Putty Hill y Go get some rosemary.
Señales fallidas
Cargada de buenas intenciones, Las pistas fracasa en la tarea de reivindicar las culturas wichí y toba en una historia de intriga y suspenso que protagonizan miembros de estas comunidades autóctonas del nordeste argentino. Ambientada en la ciudad de Roque Sánez Peña, Chaco, el film de Sebastián Lingiardi retoma leyendas y vocablos que nos son desconocidos y cuya condición de “indicios” sólo sirve para justificar el título elegido. También apuesta a la intervención de actores no profesionales que en este caso, a diferencia de otros, anquilosan un relato muy poco logrado.
Trabajo de campo en el conurbano
En términos antropológicos, Raúl Perrone realiza un excelente trabajo de campo con Los actos cotidianos. Instalado en la casa que Bebo y Sole mantienen en Ituzaingó, el director argentino ofrece un retrato detallado del día a día de estos argentinos de clase media-baja en el conurbano bonaerense. El hogar como refugio de un entorno hostil, la constitución de familias ensambladas, la (omni)presencia del celular y la televisión son algunos de los fenómenos sociales que subyacen de un documental que habría fascinado al fallecido Claude Lévi-Strauss.
Verano adolescente
El retrato de la adolescencia que propone Bummer summer tiene muy poco en común con el que ofrece Os famosos e os duendes da morte. De hecho, el ojo de Zach Weintraub prescinde de lentes oníricas o alegóricas (salvo por la elección estética de un blanco y negro que indica cierta atemporalidad) para compartir una mirada más atenta a los pequeños actos y gestos de una realidad apacible (para ello, nada mejor que el espíritu relajado del verano). A diferencia del conflictuado Mr. Tambourine man, Isaac atraviesa sus 17 años con una libertad que su par brasileño sólo encuentra en el mundo online.
Police adjective 17/04/2010
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Especial. Cobertura BAFICI 2010
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Quienes vimos Bucarest 12:08 enseguida reconocemos el sello de Corneliu Porumboiu en Police adjective: en especial la ironía con la que retrata a su país. Si en la primera película el director rumano recrea con sorna la cobertura que el periodismo televisivo le dedicó a la caída del dictador Nicolae Ceaucescu, en la segunda parodia el accionar de una policía nacional con vicios prácticos e ideológicos del régimen totalitario.
Los espectadores asistimos a la rutina del agente Cristi, encargado de seguir a un estudiante secundario que fuma cigarrillos de hachís, pero muy reticente a la hora de detenerlo e incriminarlo. La cámara registra los pasos del protagonista casi-casi en tiempo real, y así transmite la condición tediosa y absurda de un caso que en el resto de la Unión Europa -de la que Rumania es miembro- no tendría asidero (porque, allá antes que acá, la Ley dejó de penar el consumo personal de porros).
Las palabras escasean en las casi dos horas que dura el film, salvo por el final donde el idioma -la semántica- se erige en frutilla de esta torta satírica y, entre otras cuestiones, revela el misterio de un título en principio (o al principio) incomprensible. Entonces Police adjective termina de trascender su identidad rumana para adquirir una dimensión universal y convertirse en fábula corrosiva sobre las grandes taras de la institución policial.
Así Porumboiu vuelve a pintar su pueblo y, de paso, otros rincones del mundo.
Os famosos e os duendes da morte 17/04/2010
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Especial. Cobertura BAFICI 2010
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Os famosos e os duendes da morte propone un retrato de la adolescencia, o de un tipo de adolescente, alejada/o de la alegría brasileña. El parecido físico entre el protagonista sin nombre y Zachary Beaulieu, la personalidad taciturna de ambos personajes, la importancia que una leyenda del rock anglosajón tiene en sus vidas (Bob Dylan en el primero; David Bowie en el segundo), la impronta oníricia de sus experiencias invitan a trazar cierto paralelismo entre la película de Esmir Filho y C.R.A.Z.Y de Jean-Marc Vallée.
En el título aquí reseñado, el principal conflicto del jovencito en cuestión es enfrentar la muerte: la de su padre; la de la hermana de su mejor amigo; la del tiempo que pasó (sobre todo el de la infancia); la de un presente que agoniza en un pueblo perdido (“el culo del mundo”, protesta el susodicho); la de un primer amor que no pudo ser; la de los espíritus suicidas que en ese lugar suelen tirarse de un puente.
Mr. Tambourine man es el nombre que este estudiante e hijo único elige para darse a conocer en un mundo online donde se siente más seguro y también más libre. La recreación de su actividad blogger y sus conversaciones por chat completan el cuadro de una primera juventud insatisfecha y sufriente.
Por momentos, tanta introspección, tanta oscuridad, tanto fantasma, tanto verso posteado, escuchado, cantado parecen evocar la caricatura que Rep hizo de la adolescencia conflictuada con LuKas el dark. Pero al margen de ciertas insistencias narrativas y estéticas, el largometraje debut de este director paulista conmueve, quizás porque nos “conecta” íntimamente -valga la metáfora web- con miedos, nostalgias, deseos, fantasías, vergüenzas, penas que muchos sentimos en el difícil tránsito de la niñez a la supuesta madurez.
Alamar 16/04/2010
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Especial. Cobertura BAFICI 2010
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Si resucitara, Jean Jacques Rousseau no dudaría en señalar a Alamar como prueba irrefutable de su teoría sobre la condición pacífica, libre y feliz del hombre cuando no lo corrompe la civilización. Aunque no es un documental en sentido estricto, la película de Pedro González-Rubio registra las semanas que Jorge comparte con su padre y su hijo Natán de cinco años en su hogar natal, ubicado en pleno arrecife de coral de Banco Chinchorro. La filmación de la convivencia armónica entre el viejo, el adulto y el niño, y de los tres con la madre naturaleza (a quien el director agradece en los créditos), no sólo nos recuerda la figura del “buen salvaje” que el pensador francés imaginó en el siglo XVIII; también nos invita a pensar en cuánto perdimos los seres humanos desde que rompimos lanzas con nuestro medio ambiente.
Por las dudas, cabe aclarar que este film va mucho más allá del mensaje ecológico-pedagógico que promueve Greenpeace. De hecho, su realizador despliega un poética visual y narrativa que se encuentra en las antípodas de las lecciones impartidas por producciones de corte alarmista y de las fábulas pergeñadas por tanques ultracomputadorizados y revolucionarios.
La cámara de González-Rubio extrae belleza de sus exploraciones submarinas, de esos cuerpos y cabellos dorados por el iodo y el sol, de esa Blanquita que concede cierta ilusión de domesticación, de esos momentos de aprendizaje, juego, complicidad, admiración amor entre padre e hijo, de ese grupo de pescadores que intercambian bromas, de esas playas de arenas blancas y aguas turquesas-celestes-verdes-azules.
En Alamar no nos topamos con tiburones asesinos, ni con tsunamis ni barcos con una historia digna del cine catástrofe. Al contrario, la propuesta de González-Rubio es un refugio estético, lírico, filosófico que nos rescata de la civilización y sus distintas expresiones de violencia y perversión.
Los santos sucios 16/04/2010
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Especial. Cobertura BAFICI 2010
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Afirmar que Los santos sucios es “bizarra” nos libera del compromiso de calificarla y criticarla. Además, el galicismo tan de moda funciona muy bien para una película suscripta al género futurista-apocalíptico donde conviven alegremente versiones libres, alegorías crípticas y demás fábulas de mejor o peor calidad.
Justamente por su condición “rara” y experimental, cuesta recomendar el film de Luis Ortega. Por lo pronto, la historia de seis sobrevivientes que deben cruzar un río para escapar de un destino trágico, o al menos para probar suerte en otras tierras, presenta sus altibajos narrativos, sobre todo por la intervención de personajes cuya condición enigmática responde casi exclusivamente a cierto estereotipo freak (el niño enano es el ejemplo más claro).
Tampoco puede decirse que Alejandro Urdapilleta, Emir Seguel, Rubén Albarracín, Martina Juncadella, Brian Buley y el propio Ortega se luzcan especialmente en la piel de Rey, el Mudo, Berry, la Monita y el homónimo Brian. A lo sumo el primero de la lista es quien más evita la sobreactuación producto de un guión demasiado preocupado por subrayar el misterio que envuelve a estos santos sucios.
En cambio, la propuesta del hijo de Palito sí se destaca por su estética posbélica, crítica, atemporal. Las ruinas sobre las que deambulan los personajes, los autos destartalados, los bares vacíos, las rutas desoladas que atraviesan bólidos no identificados, la presencia de cadáveres aún no enterrados crean una atmósfera apocalíptica palpable, contrapunto de una naturaleza indemne a la destrucción masiva.
Primero la frondosa vegetación ribereña; luego la playa de arena blanca sugieren la posibilidad de salvación para estos desheredados de una humanidad al borde de la extinción.
Los santos sucios juega con otras especulaciones: sobre el tipo de vínculo que une a Rey y Cielo, las propiedades curativas/patológicas del amor (Berry encarna a las primeras; la Monito a las segundas), la elocuencia del silencio (en el caso del Mudo y Brian). Quizás esta invitación a la interpretación libre sea otro acierto de la propuesta de Ortega.
Dicho esto, la mayoría de los espectadores preferirá quedarse con la idea de que ésta es una película bizarra. Descabellada, interpretarán algunos; innovadora deducirán otros. Seguro pocos se atreven a (des)calificarla.




