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Gripe A, pacientes VIP 17/03/2010

Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).
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“Bienvenido al paraíso”, reza el enorme cartel erigido por encima de una suerte de peaje que evidentemente conduce al Cielo. La mayoría de las almas que espera para ingresar son víctimas de la malaria, la diarrea, el sida entre otras enfermedades mortales. En cambio, los espíritus que llegan por obra y gracia del virus H1N1 son tan pocos que merecen un recibimiento VIP.

Las siguientes observaciones refuerzan la humorada:  

 90 personas contraen la gripe porcina, y todo el mundo quiere usar barbijo.
 5 millones de personas tienen sida, y nadie quiere usar forro.
 1000 personas mueren de gripe A en un país rico, y es una pandemia.
 Millones mueren de paludismo en África, y es su problema.

Aunque tomamos con pinzas la información difundida por correo electrónico (recordemos una, dos, tres anécdotas), esta vez nos atrevemos a publicar el chiste que un tal Boris hizo/hace circular por la Web francesa, de mail a mail. En teoría, el dibujo es obra de “un médico del Sindicato de la Medicina General” empecinado en señalar el chanchullo asociado a la gripe porcina.

Frenesí por la primicia 16/03/2010

Posted by María Bertoni in Periodismo/Medios.
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Pasadas las 16.30, La Nación y Clarín actualizan las homes de sus versiones online con una noticia de último momento sobre la desaparición del hijo de los actores Antonio Grimau y Leonor Manso. La demostración/ausencia de cautela entre uno y otro titular nos invita a reflexionar sobre el frenesí por la primicia y cierta (ir)responsabilidad a la hora de informar.

Logorama 16/03/2010

Posted by María Bertoni in Cine.
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A Winston, en agradecimiento por el esfuerzo realizado. ;-)
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Según este cable de AFP, ninguna de las empresas aludidas inició acciones legales, ni siquiera protestó contra la aparición de sus logos y personajes en Logorama. Según esta entrevista, voceros de Christian Dior habrían lamentado la ausencia de su marca en el corto ganador del Oscar. Al parecer, las grandes corporaciones multinacionales toleran/celebran la animación de François Alaux, Hervé de Crécy y Ludovic Houplain aún cuando por momentos evoque la tesis del contovertido libro No logo de Naomi Klein.

Los fanáticos de la publicidad y el marketing encontrarán un tributo extraordinario a los 2.500 productos cuyas etiquetas y criaturas componen la escenografía y trama de este trabajo. No importa si Ronald McDonald es tan psicópata como el Guasón, si algún Bibendum de Michelin encarna a un policía afecto a la mano dura, o si a Julius Pringles le gusta tocar traseros femeninos. Lo que importa es la fuerza promocional de esta resignificación mediática (de ahí el lamento de los muchachos de Dior).

En este punto cabe citar una referencia de rigor: la recordada obra Campbell’s soup can, que Andy Warhol hizo con etiquetas de latas de sopa de tomate.

Aunque atraídos por una historia policial/de acción que combina persecuciones, intercambio de disparos, toma de rehenes y un desenlace apocalíptico, los espectadores nos sentimos compelidos a descubrir la mayor cantidad de logos reproducidos y la función que les asignan los tres guionistas y directores franceses. Habrá que mirar varias veces el corto para captar guiños y chascarrillos sobre rivalidades, fusiones y conquistas ocurridas en el medio empresarial.

Por otra parte, habrá que asumir ciertas limitaciones a la hora de reconocer todas las marcas y personajes, ya que algunos remiten a productos que no se comercializan en nuestro país. A lo sumo, podremos probar nuestra cultura publicitaria, nuestro nivel de consumo y/o nuestra condición de viajeros internacionales, especializados en Primer Mundo.

Alaux, de Crécy y Houplain se congracian con quienes adoran el apasionante fenómeno de las marcas globalizadas, y también con quienes lo detestamos. Entre estos últimos, quien haya considerado perverso al payaso de McDonald’s y haya fantaseado con el derrumbe de una sociedad devota del consumo concebirá a Logorama como un sueño hecho animación.

Esta ambivalencia hace que el corto premiado sea un producto digno de nuestra época, no sólo por lo que revela si no porque busca (y logra) conquistar a un público masivo. Sin dudas, la Academia de Hollywood -y las compañías aludidas- le dieron un espaldarazo en este sentido.

Loco corazón 15/03/2010

Posted by María Bertoni in Cine.
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Los admiradores de Jeff Bridges pueden quedarse tranquilos: la interpretación que el ex Dude hace de Bad Blake no sólo es la mayor virtud de Loco corazón; también legitima el Oscar obtenido la semana pasada. Como en Los fabulosos Baker Boys, en el largometraje de Scott Cooper el veterano actor norteamericano se convierte en músico -aquí cantante country- con talento pero con una carrera truncada por cierta (in)conducta contraria a las exigencias que impone el éxito.

La banda de sonido, la fotografía, las actuaciones de Maggie GyllenhaalColin Farrell y el entrañable Robert Duvall (que, dicho sea de paso, produjo la película) son los otros puntos a favor de una propuesta ajena a la estética hollywoodense pero sujeta a sus dictámenes morales. De ahí la aplicación de ciertos lugares comunes como el incidente del niño bajo el cuidado de un adulto alcohólico, la imperiosa necesidad de “salvar” al protagonista o la importancia asignada al poder curativo del amor.

Bridges consigue sensibilizarnos respecto del problema de alcoholismo y abandono que sufre su personaje pero, probablemente por indicación del guión, elabora una versión mesurada (¿tal vez algo edulcorada?) de este antihéroe en principio condenado al olvido e incluso a una muerte anunciada que no es exclusivamente artística. Aún a pesar de esta limitación, Blake no sólo seduce y conmueve sino que nos conecta con un Estados Unidos desvinculado del californian way of life, y por lo tanto menos publicitario.

Por sus aciertos, Crazy heart es un título querible, comparable con El luchador (aunque algunos espectadores preferimos el trabajo de Darren Aronofsky con el verdaderamente resucitado Mickey Rourke). En una galaxia paralela, debería haber integrado la lista de candidatos al Oscar por mejor película (de lejos, es más digno de esta distinción que Avatar, Amor sin escalas, Un sueño posible o The blind side, Enseñanza de vida y Preciosa)… y ganar una mención especial tras perder ante la elegida Un hombre serio.

Alicia en el país de las maravillas 13/03/2010

Posted by Otros espectadores in Cine.
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Post redactado por Ariel.
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Tim Burton volvió a las filas que lo expulsaron veinte años atrás para entregarnos una versión de Alicia en el país de las maravillas, difícil de definir como cien por cien personal. La revisión del cuento de Lewis Carroll (revisión es una manera de decir, porque se trata de una historia completamente nueva) es un mix entre la estética de Disney y el esperado sello burtoniano.

En 1984, el por entonces veinteañero realizador norteamericano ya había dirigido dos cortometrajes para el gran estudio de animación: Vincent, un claro homenaje a su ídolo Vincent Price y Frankenweenie*, una adaptación de Frankenstein protagonizada por un chico de 12 años que revive a su perro atropellado.

Las huestes del tío Walt no soportaron el estilo único del “novato”, ubicado en las antípodas del universo color de rosa que ellos engendraron. Burton fue despedido y de ahí en más, con aciertos y desaciertos, creció como productor y director de historias, personajes y atmósferas inconfundibles.

Sin dudas, las pinceladas del autor de Edward Scissorhands están presentes en Alicia… Basta con ver, en la entrada del bosque de Underland (porque así se llama la tierra de fantasía en esta ocasión), un árbol bastante parecido al árbol de los muertos en La leyenda del jinete sin cabeza. Lo mismo ocurre con el molino en ruinas que yace a un costado de la mesa a la que la protagonista y el sombrerero loco se sientan para tomar el té.

Sin embargo, estas referencias al imaginario burtoniano llegan a perderse dentro de la escenografía general y más colorida que Disney pergeñó para una Alicia casi veinteañera. Seguramente parte de la responsabilidad recae en Linda Woolverton, habituée en la madriguera del ratón más famoso como guionista de La bella y la bestia y El rey león entre otros títulos.

Su propuesta no ofrece muchos vericuetos. Más de un espectador quizás habría preferido ver cómo se las arreglaba Burton para contar a su manera los dos episodios que inspiraron el film (Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo) y no asistir a un relato que pretende recrearlos por el solo hecho de incorporar a los distintos personajes.

En cuanto a las actuaciones, es cuestionable la impresión generalizada de que, en el papel de Reina Roja, Helena Bonham Carter se come la película (aunque tampoco está mal). En cambio, sí causa gracia la interpretación que Anne Hathaway hace de la Reina Blanca, etérea en sus formas de gesticular y moverse (tal es así que no sabemos si camina o vuela al ras del piso).

Johnny Depp, un abonado a esta altura del partido (ya va por la séptima colaboración con su amigo Burton, y parece que anotará una octava), juega bien su rol. Pero también por momentos da la sensación de que se autoplagia, sobre todo en algunos gestos y en ciertas maneras de decir los parlamentos.

En síntesis, Alicia en el país de las maravillas no es el mejor trabajo de Burton, aunque tampoco disgusta del todo. Después de verla, algunos extrañamos la impronta gótica y oscura que producciones como Sweeney Todd y Sleepy Hollow derrocharon para el buen gusto de los seguidores.

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* Una remake filmada en 3 D y stop motion se estrenará tentativamente en 2011. También será producida por Disney.

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