Dos hermanos, de Daniel Burman 31/03/2010
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A Daniel Burman le gusta desentrañar los vínculos familiares de la (pequeña y no tanto) burguesía porteña contemporánea. Así como en Esperando al mesías y El abrazo partido se concentró en la condición de hijo, en Derecho de familia abordó la problemática de la paternidad recién estrenada, en El nido vacío bromeó sobre el síndrome que padecen los esposos cuando los vástagos se independizan, y ahora en Dos hermanos (cuyo estreno está previsto para mañana, jueves Santo) se les anima a la vejez y a la relación fraterna.
Mirtha Legrand es el gran referente no sólo para Marcos y Susana Garmenier, sino para otros ciudadanos tan cuidadosos de las apariencias, del qué dirán, del status de pertenencia y al mismo tiempo tan dispuestos a ofender, estafar, birlar, esquilmar. La señora de la televisión argentina es el modelo a seguir, y un espejo donde rebota la indigesta realidad (no por casualidad uno de los protagonistas la escucha elogiar a su adorada hermana Silvia).
La televisación de los famosos almuerzos convoca, acerca, incluso reconcilia a los herederos de Neneca. Igual que la asistencia “colada” a eventos exclusivos y, hacia el final, el estreno de una obra de teatro barrial.
Quizás éstos sean los personajes más sórdidos que Burman se haya atrevido a filmar, inspirado en el libro homónimo (también titulado Villa Laura) de Diego Dubcovsky. Es una lástima que el cineasta argentino no se anime a llegar al fondo de la osadía o, en otras palabras, decida resolver un viejo conflicto familiar de una manera convencional, apelando a la emoción fácil y a un paso de comedia que termina de evidenciarse en el número de tap que acompaña la proyección de los créditos finales.
[Dicho sea de paso, el agradecimiento a la Chiqui es otro gesto de corrección política que termina mitigando la ironía inicial, y que parece abrir el paraguas ante una eventual reacción desfavorable por parte de la diva blonda.]
A Graciela Borges le sienta muy bien su personaje, cuyo perfil bienudo, manipulador, alcohólico nos recuerda a la Mecha que encarnó en La ciénaga y a la Beba que Norma Aleandro interpretó en Cama adentro. Pero Antonio Gasalla se luce más, quizás porque es mayor su versatilidad, aún cuando a veces se le escape algún tic de sus criaturas televisivas.
Las peleas de consorcio, la necesidad de escuchar detrás de las paredes, la preocupación por el fracaso que resulta un velatorio sin asistentes, la compulsión por señar departamentos en nombre de una inmobiliaria norteamericana inexistente, la obsesión por fraguar/acumular tarjetas de presentación, el proyecto de vivir en Uruguay donde “el dinero rinde mucho más”, la ocurrencia de improvisar un servicio de delivery gastronómico, la pretensión de que un perfecto desconocido sea Clint Eastwood, la ilusión de que Mirtha se convierta en vecina son algunos de elementos que Burman explota para esbozar la caricatura de una burguesía venida a menos.
Es una pena. Algunos espectadores nos quedamos con las ganas de ver algo más que un bosquejo.
No sólo el 2 de abril; también el 30 de marzo 30/03/2010
Posted by Otros espectadores in Visto y Oído (¡más!).14 comments
Por Jorge Gómez
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En la próxima conmemoración del 2 de abril de 1982, seguro muchos repiten las críticas a la conducción de Leopoldo Fortunato Galtieri, vinculan la derrota de Malvinas con la caída de la dictadura, evocan “nuestros legítimos derechos” y no mucho más. Es posible que el silencio sobre algunos sucesos de aquel otoño lejano pretenda esconder/disimular la euforia nacionalista en torno a la isla y el formidable apoyo a las estrategias y acciones de un gobierno en el que nadie quiere reconocerse.
El martes 30 de marzo de 1982, la CGT Brasil liderada por Saúl Ubaldini organizó una jornada de protesta en varias ciudades del país contra la dictadura impuesta desde 1976. Esta medida se sumó a múltiples signos de deterioro y resistencia que enfrentaba la Junta de Comandantes compuesta por el mencionado Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo: entre ellos, un paro general el 22 de julio del año anterior y una formidable manifestación de más de 30 mil personas el 7 de noviembre en el barrio porteño de Liniers (la primera en muchos años y duramente reprimida).
El paro y movilización del 30 de marzo contó con la adhesión de los principales partidos políticos, reunidos en la Multipartidaria, y distintas agrupaciones estudiantiles, de izquierda y de derechos humanos. En el microcentro de la ciudad de Buenos Aires, unas 50 mil personas fueron reprimidas cuando trataban de llegar a la Plaza de Mayo.
Los manifestantes corrían entre gases lacrimógenos y caballos por las callecitas de “la city”, mientras los empleados que salían de las oficinas expresaban su simpatía aplaudiendo o coreando consignas de la marcha (“libertad”, “que se vayan”, “se va a acabar/la dictadura militar”). La policía apaleó a miles en todo el país, asesinó en Mendoza a José Benedicto Ortiz y encarceló a decenas de activistas, entre ellos a Ubaldini, Adolfo Pérez Esquivel y un dirigente justicialista que había sido gobernador de La Rioja: Carlos Saúl Menem.
Los diarios del día siguiente reflejaron en sus tapas los “importantes disturbios” y la sensación de que la estabilidad de la Junta Militar estaba seriamente amenazada. Sin embargo, tres días después, tropas argentinas tomaron el poder en las islas Malvinas, y en todo nuestro territorio se desató una imparable ola de entusiasmo nacionalista.
La mayoría de los políticos argentinos entendió que debía subordinar las críticas al Proceso y apoyó sin reservas la gesta de recuperación territorial. Por su parte, el General Oscar Saint Jean, ministro del Interior que había comandado la represión del día 30, liberó a Ubaldini y a los demás dirigentes presos para llevarlos el 7 de abril al archipiélago y compartir una misa en ese suelo patrio.
Junto al líder de la CGT viajaron figuras representativas de la sociedad: Deolindo Bittel del Partido Justicialista, Carlos Contin de la UCR, el Dr. René Favaloro en representación del mundo científico, los presidentes de la Sociedad Rural, de la UIA, el político e historiador Abelardo Ramos, el periodista José Gómez Fuentes, monseñor Desiderio Collino entre otros, todos acompañados por el primer comandante de la dictadura, Jorge Rafael Videla.
El sábado 4 de abril, se produjo una concentración masiva en Plaza de Mayo, coordinada amablemente por la misma policía que había gaseado unos días antes. En esta oportunidad, un público enfervorizado entonó rítmicas consignas de apoyo al líder de la reconquista (“Y pegue, Galtieri, pegue”) y atacó al enemigo con el gracejo futbolero que nos distingue en el concierto de las naciones: “No cabe duda/ La reina de Inglaterra es la reina más boluda”.
Los hechos posteriores son bien conocidos. Nuestra intención es iluminar el violento cambio de actitud que protagonizaron, casi en su totalidad, quienes primero se opusieron al gobierno de facto y luego aceptaron la aventura militar y el liderazgo de Galtieri, apoyaron de manera activa las acciones del Poder Ejecutivo y, sólo cerca de la capitulación, recordaron que vivían bajo una dictadura asesina.
Es posible que no haya existido alternativa ante una población sensibilizada por una formidable campaña mediática, o que a la sociedad argentina le haya faltado vigor para despegarse de un Estado totalitario que caería en breve, o simplemente que todos hayamos sentido el deber de unirnos cuando la patria estaba en guerra.
De cualquier manera, nos parece que los hechos habitualmente ocultos que aquí reseñamos (la resistencia a la dictadura y la inmediata colaboración) resultan inexplicables en el raquítico relato más divulgado sobre Malvinas. Tal vez la incorporación de estos elementos y el esfuerzo que podamos hacer para darles consistencia y sentido nos permitan festejar o rechazar no sólo el 2 de abril…; también el 30 de marzo.
Están todos bien 29/03/2010
Posted by María Bertoni in Cine.add a comment
Estamos todos bien fue la traducción elegida para Stanno tutti benne, película original que Giuseppe Tornatore filmó dos décadas atrás y Están todos bien, para la hace poco estrenada remake Everybody’s fine del británico Kirk Jones. Los cinéfilos amantes de las lenguas pensarán, con razón, que la sutil diferencia conjugacional sintetiza la gran diferencia entre versiones.
Probablemente los fanáticos del cine europeo sostengan que Robert De Niro carece del enorme talento de Marcello Mastroianni. Quizás por eso, el Frank Goode que compone el actor norteamericano convence y conmueve más a quienes no conocieron al antecesor Matteo Scuro.
Una observación similar se aplica al guión adaptado. De hecho, las desventuras de un viudo que a toda costa busca reencontrarse con sus hijos adultos responde mejor a la idiosincrasia italiana de la famiglia unita que a la típica distancia prudencial de los vínculos anglosajones.
Nobleza obliga: Kirk “localiza” bien la historia que escribieron Massimo De Rita, Tonino Guerra y el propio Tornatore. Incluso explota recursos que gustan a los estadounidenses: por ejemplo, cierta estética de road movie (que, dicho sea de paso, prescinde de los sacrosantos autos y les devuelve protagonismo a micros y trenes); la escena del almuerzo “anacrónico” del protagonista con sus niños (en un sentido literal); la identificación entre cierto sentido de felicidad y la cocina del pavo de Navidad; el infaltable happy end.
Evidentemente, el cineasta británico cumple a rajatabla con las exigencias de corrección política hollywoodense. El sumun de esta concesión (¿u obediencia debida?) es el secreto que encierra Rosie/Drew Barrymore y su resolución, un plus ausente en el guión original.
Quizás porque sentimos más como los italianos que como los norteamericanos, los espectadores argentinos corremos el riesgo de encontrar un drama bastante aséptico en Everybody’s fine. Ese “están” del título en castellano sugiere la distancia entre Goode y su descendencia, y la escasa empatía que todos los personajes provocan en algunos integrantes del público local.
Larga vida al teatro de Polo Lofeudo 26/03/2010
Posted by María Bertoni in Teatro/Música/Danza.11 comments
Si La colifata es el orgullo del Borda, el teatro que Leopoldo Lofeudo montó en el Hospital Dr. Alejandro Korn bien podría ser el orgullo de Melchor Romero. Ésta es la conclusión que sacamos quienes recién hoy descubrimos la trayectoria del hace más de un año fallecido “Polo” (así le dicen sus seres queridos) y el proyecto que el titiritero Raúl “Beppo” Andrioli se propone dedicarle.
Meses después de aquel 22 de febrero de 2009, parientes, amigos, vecinos y admiradores de este querido ciudadano platense constituyeron una suerte de comisión de homenaje permanente. Hoy Beppo toma la posta y hace un llamado a la solidaridad por la reapertura del llamado “teatro de rehabilitación”, por su mínimo reacondicionamiento, por su inclusión entre las inversiones culturales que cubre el presupuesto oficial, y por la reasignación de la cuota mensual de mantenimiento.
La convocatoria consiste, por un lado, en la presentación de un petitorio ante el director del Hospital, Egidio Melía y, por otro lado, en una invitación a los habitantes de Melchor Romero para que, “desde sus capacidades, oficios e inquietudes”, participen de talleres y tareas de voluntariado. Estas actividades apuntan a la recuperación del ejercicio teatral en el neuropsiquátrico, y también a la representación de El loco ataca en el Coliseo Podestá.
Este segundo objetivo es importante por partida doble. Primero porque se trata de la obra que Lofeudo estaba preparando antes de morir; segundo porque Lofeudo pisó varias veces el escenario del conocido teatro de La Plata.
“Polo quería un teatro que revelara las miserias humanas, el egoísmo, la explotación, los abusos de poder que se repitieron y repiten desde siempre”, cuenta Beppo en uno de los escritos que le dedicó a su amigo y maestro. “Él quería un teatro comprometido con su gente y con su tiempo (…) Por estas simples pero profundas razones es que, entre todos los que lo conocimos, debemos reivindicar su obra y recuperar su espacio”.
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PD. En 1983 Leopoldo Lofeudo encontró a su sobrino Juan Palomino, entonces enfermero de sala del Hospital Dr. Alejandro Korn. En ese momento ambos se dieron fuerza para retomar la actuación y su relación con el teatro.
Hoy el conocido actor es una de las tantas personas que firmaron el petitorio arriba mencionado. A continuación, la transcripción de su mensaje.
Quiero hacer llegar mi adhesión a la carta. El ejercicio del área de teatro es indispensable dentro del servicio de rehabilitación del Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero. Como ex trabajador, como ex vecino de la localidad, como actor y fundamentalmente como ciudadano, considero que el ejercicio de las artes en la vida de las personas rescatan lo mejor y lo auténtico”.
Juan Palomino. Ex auxiliar de enfermería, sala Bayle, Lozano, Solanet de 1982 a 1985.
Cómo entrenar a tu dragón 25/03/2010
Posted by María Bertoni in Cine.1 comment so far
Ni el respaldo de una compañía de la talla de Dreamworks, ni la revolución que supone la tecnología 3D, ni las lecciones de tolerancia, convivencia y anti-violencia convencen a quien suscribe de las virtudes del cine animado que Hollywood insiste en producir para el público infantil. De hecho, los reparos de esta reseña se originan menos en las características medianamente digeribles de Cómo entrenar a tu dragón que en el fastidio que algunos espectadores sentimos ante las fábulas sobre el fracaso, el éxito y el liderazgo.
La historia de este film que hoy desembarca en las salas de Buenos Aires despliega las enseñanzas “inspiradoras” que también encontramos en best sellers de autoestima y autoayuda. A saber: 1) cómo confiar en nuestra condición de seres únicos e irrepetibles (y dejar de preocuparnos por encajar entre nuestros pares); 2) cómo desprendernos de las etiquetas que nos impusieron/ponen los demás (en especial nuestros padres); 3) cómo animarnos a enfrentar prejuicios, aclarar malentendidos, proponer alternativas; 4) cómo aprender a escuchar el corazón y la intuición.
Ajenos al criterio de diversidad con el que René Goscinny y Albert Uderzo retrataron a los galos de Astérix, los vikingos del guionista y director Dean DeBlois conforman una masa uniforme que sólo sirve para señalar/subrayar las particularidades del protagonista Hiccup (Hipo en la versión en castellano “neutro”*) y para ilustrar las siguientes conductas contraindicadas: insistencia en uniformizar en nombre de una identidad, asignación de roles en función de defectos y virtudes personales, estigmatización paterna, reivindicación de verdades consideradas absolutas y por lo tanto irrefutables.
Desde el punto de vista estético, sorprende que el dragón a cargo del rol co-protagónico sea menos lindo/simpático que sus pares. Quizás la decisión de cruzar gato con murciélago haya pretendido evocar el terror que estos animales inspiraron en épocas pasadas, pero lo cierto es que a algunos chicos les costará sentir empatía por una cuasi-mascota tan poco agraciada.
En cambio, el resto de la fauna mitológica tiene altas chances de conquistar a la platea gracias a la fugaz intervención de algunos ejemplares con un carisma similar al del recordado (y televisivo) dragonfly o mosquito dragón. Otro punto a favor: aquí hay más diversidad que en la comunidad vikinga.
Los adultos preocupados por la fragilidad anímica de sus niños agradecerán que Dreamworks les enseñe a domesticar un animal sin las consecuencias trágicas de Crin blanca o El corcel negro. En cambio, aquéllos concientes de los efectos adversos que provoca el consumo abusivo de entretenimiento masivo le reprochamos la conversión de una propuesta en principio original (¿acaso alguien más filmó el enfrentamiento entre dragones y vikingos?) en simple manual sobre el fracaso, el éxito y el liderazgo.
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* Dicho sea de paso, el doblaje impide reconocer las voces de los ¿ascendentes? Gerard Butler, Jay Baruchel, Jonah Hill y América Ferrera.




