¿Quién está de vacaciones en Clarín? 29/01/2010
Posted by Otros espectadores in Periodismo/Medios.6 comments
Por Jorge Gómez
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El lunes nos preocupamos por la ausencia/escasez de correctores que afecta a la versión online de Clarín, y que explicaría la publicación de la noticia sobre una mujer que “calló al agua y se ahogo”. En ese momento no imaginamos que la falta de temor al ridículo se haría más evidente dos días después, cuando El gran diario argentino anunció en la página 24 de su edición impresa que había fallecido Carlos Torres Vila, un cantante muy famoso de los años ’70.
El martes a la noche, Crónica TV había puesto por algunos minutos una de sus placas con la noticia falsa, que fue levantada de inmediato por varios portales ansiosos de primicias. El miércoles, Clarín fue el único periódico que publicó una necrológica, obviamente sin haber chequeado fuentes.

Ayer jueves, el medio gráfico aclaró con tono jocoso que Torres Vila estaba vivo. Por lo visto, no se hizo cargo de la gravedad del error: ni del daño causado a la familia de un muerto que respira, ni de las consecuencias asociadas a la práctica de replicar los anuncios de Crónica TV.
Curiosamente la gente de Clarín dedicó esta semana a refritar trabajos ajenos sin controlar nada. También el miércoles, el suplemento de Espectáculos aseguró que la versión española de Valientes había sido rebautizada Cojonudos, información reproducida en TN.
En realidad, la tira argentina se llama igual aquí y en España. El único origen posible de semejante error es la tapa de Crítica del día anterior y la incapacidad de cierto ¿cronista o copista? para entender una broma.
Hoy el diario que fundó Jorge Lanata le toma el pelo a semejante robo. En cambio, nosotros, simples lectores, rogamos por que Clarín retome la senda de las buenas prácticas de la profesión, o al menos por que correctores y periodistas rigurosos regresen de sus vacaciones.
Especialistas en molestar 28/01/2010
Posted by María Bertoni in Universo Web.9 comments
Los comentarios que suscitó esta celebración del Día del Blogger, las implicancias de este post sobre el tedio del off-topic o fuera de tema, este retrato de nuestra idiosincrasia web y -más allá de Espectadores- la detalladísima definición de Wikipedia dejan escaso margen para escribir algo medianamente original sobre los trolls. Sin embargo, la experiencia registrada en un espacio acotado y poco frecuentado como esta bitácora señala conductas específicas (acordes al alcance del medio) de estos agentes de malestar, desencuentro e incomunicación.
Un blog que recibe un promedio muy fluctuante de entre 400 y 800 visitas únicas diarias resulta poco tentador para quienes buscan promocionar su emprendimiento online o -a falta de link propio- su intelecto pretendidamente libre, crítico, ocurrente, irreverente, demoledor. Quizás por eso cuesta encontrar en estas páginas el caso de la intervención recurrente, sistemática, premeditada que describen los informes varios alojados en Internet.
Al contrario, la mayoría de los trolls que ingresan a Espectadores son lectores ocasionales que se topan con algún post desde donde eligen irrumpir y “atacar”. A partir de esta instancia, constatamos dos conductas típicas: o bien el individuo arroja un comment-bomba y se retira para nunca regresar (ni siquiera para contestar la réplica que seguramente vendrá); o bien se atrinchera en el post elegido con la ilusión de imponerse y apropiarlo (impresiona la tenacidad con la que busca quedarse con la última palabra).
Aunque la mayoría se ampara en el anonimato (en general, en seudónimos sin relación con su nombre y apellido), los trolls más detestables son aquéllos que además conocen al autor del blog y usan algún dato privado para reforzar la agresión. María Eulalia en esta reseña “literaria” y la letra a en esta boutade contra Marcelo Bonelli son los ejemplos más representativos del caso.

El fenómeno de apropiación no es exclusividad de los trolls. Sin ánimo de agraviar o descalificar, otros espíritus obsesivos también copan un post de tal modo que muchos visitantes desprevenidos los confunden con los autores y moderadores de la página en cuestión. Sucedió con Pazzzzzzzz en la reseña dedicada a The L word y con Maru en la crítica a La familia Ingalls. Aunque no es cizañera, la conducta de estas personas perturba igual, primero porque colonizan un espacio que les es ajeno, segundo porque estimulan la práctica del off-topic y desvirtúan la intención original del post (que termina pareciéndose a un foro, a veces a un chat, antes que a la página de un blog).
En ocasiones, trastabilla la convivencia entre la libre expresión y las reglas de moderación inscriptas en una política editorial. Es fácil bloquear a quienes escriben insultos o discursos ofensivos o agraviantes; la cosa se complica cuando la descalificación o agresión evita la grosería y -más difícil aún- ante un copamiento sin intención belicosa.
Algunos lectores asiduos de Espectadores ya señalaron la conveniencia de filtrar este tipo de comentarios que, en definitiva, no aportan nada. Fuera de este espacio, algunos bloggers adhieren a las distintas campañas que aconsejan ignorar y no responder (porque el reconocimiento, la respuesta exacerbarían la compulsión de provocación).
Por momentos, ambas sugerencias resultan tentadoras pero lo cierto es que, en la opinión de quien suscribe, poco puede hacerse para combatir a estos especialistas en molestar. Por un lado se trata de un fenómeno inherente a (por lo tanto inextirpable de) la comunicación web; por otro lado ésta es la extensión de inconductas criollas irreductibles al ámbito virtual.
Tardan las noticias de España 27/01/2010
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Por Jorge Gómez
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Primer acto. El 15 de enero el FBI difunde nuevas imágenes de Bin Laden, actualizadas con modernas tecnologías digitales y acompañadas por un verso acorde.
Segundo acto. Enseguida, el diputado español Gaspar Llamazares descubre que parte de ese álbum fue hecho con fotos de su persona durante una campaña electoral. Se arma un escándalo en España.
Tercer acto. Los días subsiguientes, se suceden hipótesis del legislador damnificado, justificaciones del organismo norteamericano, exigencias de disculpas por parte del Congreso español, entre otras ocurrencias y declaraciones.
Cuarto acto. Alrededor del 20 de enero el FBI saca las imágenes de su lista de delincuentes, y en la Madre Patria queda claro que todo fue una truchada.
Sin embargo…
Quinto y último acto. En otro país del globo terráqueo, un conocido periódico ignora las últimas novedades referidas al caso, y el 24 de enero ilustra un artículo sobre la hipotética reaparición de Bin Laden con la foto trucada del pobre Llamazares. Crítica de la Argentina se llama el diario, y ésta es la nota que ignora la información proveniente de España.
Amor sin escalas 26/01/2010
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Amor sin escalas es el tercer largometraje que Jason Reitman estrena en Argentina después de las aquí reseñadas Gracias por fumar y La joven vida de Juno. Como sus antecesores, el film se presenta en tanto fábula crítica, irónica, lapidaria pero termina convirtiéndose en un cuento para niños sobre la importancia de los afectos. Repetida en el tiempo, la misma fórmula empeora la sensación de chasco.
Una misma estructura narrativa reaparece en los tres títulos: durante la primera mitad de la historia, un protagonista híper verborrágico, inteligente e irreverente deschava a la sociedad de la que forma parte; a partir de la segunda mitad el susodicho se revela vulnerable detrás de tanta mordacidad, baja el copete y busca adaptarse al sistema que tanto denostó. El amor lo rodea, pero recién se da cuenta cuarenta o cincuenta minutos después de iniciada la película.
Así como el doble discurso corporativo-mediático en Gracias… y la pacatería sexual en La joven vida…, la despiadada desregulación laboral es el tema principal en Amor sin escalas. Sensible a la crisis de desempleo que enfrentan los norteamericanos (también a la tragedia de Haití, cabe recordarlo) el jurado de los Golden Globes premió la nueva denuncia de Reitman, cuyo guión es una adaptación de la novela de Walter Kirn.
Para algunos espectadores, en cambio, la película dista de merecer distinción alguna. Por lo pronto, la propuesta inicial se desbarranca cuando abandona la sátira para coquetear con el género romántico (¿de ahí la irrisoria traducción local para Up in the air?) y con la moraleja cursi (resultan patéticos los testimonios finales de gente echada, que subrayan la importancia de los afectos a la hora de digerir un despido).
Por otra parte, George Clooney no consigue desprenderse del seductor y encarnar al canalla (acaso los hermanos Coen sean los únicos capaces de sacar lo mejor de este galán). Anna Kendrick lo supera al componer a una pequeña cretina más convincente (aún cuando se redima al final). Jason Bateman y Vera Farmiga también lo opacan por el mérito de hacer lo que pueden con los estereotipos asignados a sus personajes Craig y Alex.
Las fotografías sacadas “a vuelo de pájaro” y la banda de sonido constituyen los dos aciertos más grandes de Amor sin escalas. Por lo demás, este otro trabajo del sobrevalorado Jason tampoco consigue sostener la osadía, ironía, lucidez crítica pretendidas, y en cambio sucumbe a la tentación de aleccionar (al espectador) y castigar (al protagonista-pecador).
La ortografía del periodismo online 25/01/2010
Posted by María Bertoni in Periodismo/Medios.16 comments





