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Historias extraordinarias 19/10/2009

Posted by María Bertoni in Cine.
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Los tres protagonistas de Historias ExtraordinariasCon un año de atraso, quien suscribe salda otra deuda, esta vez cinematográfica aunque con importante ascendencia literaria. Historias extraordinarias es el título de la joya, no descubierta (pues ningún compatriota cinéfilo ignora su existencia) ni recuperada (pues nunca se perdió), en todo caso atesorada (pues se incorpora a una lista dilecta).

La película de Mariano Llinás nos devuelve la ilusión y el entusiasmo a quienes, cuando chicos, solíamos aprovechar los viajes en auto por el interior del país, por rutas poco transitadas, por pueblos rara vez visitados, por hoteles de paso para vislumbrar aventuras agazapadas en el rincón menos pensado. El mismo director que supo rendirle homenaje a otra escenografía vacacional típica, rescata ahora el discreto encanto de lo que algunos consideran simple chatura provinciana (en este caso bonaerense).

En realidad, la operación de rescate va mucho más allá de la cuestión regional (de hecho una de las historias extraordinarias tiene lugar bien lejos del contexto incial, entre alemanes e ingleses durante la Segunda Guerra Mundial, y otra llega hasta Mozambique). Aquí se trata de recuperar el placer de inventar, imaginar, narrar, de cruzar lo real y lo rutinario con la ficción y lo excepcional, de navegar aguas desconocidas, misteriosas, reveladoras, inagotables.

Llinás cuenta las historias de X, Z y H como un payador. No tanto porque las improvise (al contrario cada pieza del rompecabezas parece diseñada e incrustada con meticulosidad) sino porque es capaz de seguirlas ad infinitum (las cuatro horas que dura el largometraje podrían haber sido más).

Los críticos le atribuyeron una ascendencia literaria que para muchos es borgeana (es cierto: Jorge Luis podría haber pergeñado a Cuevas). Algunos espectadores creemos detectar una pizca arltiana (Salamone también habría inspirado a Roberto) y, además, una fuerte influencia del comic.

Por un lado, Daniel Hendler, Juan Minujín y Verónica Llinás prestan sus voces a un único narrador omnipresente y omnisciente, que se permite revelar intenciones, adelantar acontecimientos, ampliar puntos de vista, corregir hipótesis. Por otro lado, Walter Jacob, Agustín Mendilaharzu y el mismo Llinás encarnan a personajes dignos de historietas cuyos protagonistas son un poco como el Sr. López, salvando las diferencias de rigor: individuos grises y anónimos a los que les pasan cosas fuera de lo común.

El capítulo dedicado a la anécdota del jolly good fellow es el más historietístico de todos. Podría haberla contado Tintin o El Corto Maltese.

Por sus diversas cualidades narrativas y cinematográficas (en este punto cabe destacar la fotografía a cargo del mencionado Mendilaharzu y la música original de Gabriel Chwojnik), y porque se gestó sin créditos ni subsidios (sin siquiera el respaldo del INCAA), Historias extraordinarias es una pieza única en el repertorio del cine argentino contemporáneo. Atesorémosla como atesoramos las aventuras que supimos inventar cuando éramos chicos y todavía sabíamos reconocerles encanto a los viajes por rutas poco transitadas, por pueblos rara vez visitados, por hoteles de paso.

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PD. Para agendar. El canal I.sat proyectará Historias extraordinarias el próximo sábado 24 a la medianoche.

Maternidades maternas 18/10/2009

Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).
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Parece una pero son más de una. “¿Cómo anda tu madre materna?”, suele preguntar una gran amiga de la familia, siempre dispuesta a bromear con el idioma. Aunque propia de un círculo intimísimo, la ocurrencia lingüística merece un lugar en la lista de locuciones que para bien o para mal se refieren a la maternidad, y que este post invita a repasar en una fecha tan promocionada*.

Habrá que agradecerle a Quino la desmitificación de la famosa frase “madre hay una sola”. Quizás porque Mafalda supo tomarle el pelo y así espantar a un vendedor indiscreto, otros se atrevieron a cuestionar la implicancia de indiscutible exclusividad y a pensar en maternidades suplementarias, complementarias y hasta compartidas.

Madres colectivas y combativasLas Madres” o “Madres” a secas es la expresión más radical -más molesta para algunos- de una maternidad no sólo suplementaria, complementaria, compartida sino colectiva… Colectiva y además combativa, para disgusto de quienes no tendrían problemas en parafrasear el título de una vieja película francesa y recomendar “sé madre y callate”.

El silencio como sinónimo de discreción, de buena educación, de buena conducta, de aceptación aún en las peores circuntancias. La asociación libre nos lleva a la encarnación de una maternidad virtuosa, sufrida y sacrificada en nuestra “Santa María, madre de Dios”: versión suprema de la maternidad única, partícipe necesaria de la Santísima Trinidad.

Allá arriba, la madre virgenAllá arriba, la bendita entre todas las mujeres (e igual de bendito, el fruto de su vientre). Allá abajo, la madre desnaturalizada, “la peor de todas” con permiso de Sor Juana y -por qué no- de María Luisa.

La “madre desnaturalizada” es el gran blanco de nuestra sociedad, siempre entusiasta cuando de arrojar primeras piedras se trata. El título/categoría aglutina pecados más y menos graves.

Entre los primeros figuran el filicidio, la práctica del aborto (una forma de filicidio para algunos), el maltrato, la explotación (laboral/sexual) y el abandono de la criatura. Son los más rentables en términos periodísticos y los más funcionales para una opinión pública siempre ávida de casos cuya sordidez sirva para reclamar la aplicación de un castigo máximo y ejemplar.

Romina Tejerina mató a su bebé, fruto de una violación.Los segundos, en cambio, se encuentran menos diversificados. De hecho, quedan reducidos a la noción de “conducta abandónica”, válida tanto para las mujeres que delegan el cuidado de sus niños en un tercero (pariente, amigos, empleada doméstica) como para aquellas portadoras de alguna hilacha que pruebe ciertos privilegios concedidos a la relación de pareja, a la carrera laboral y/o a la vida social.

Entre el allá arriba (con la Virgen María) y el allá abajo (el infierno de la desnaturalización), acá en la tierra -o al menos en estas tierras- sobrevive la madre abnegada. Muchos argentinos, aún los no judíos, preferimos llamarla “idishe mame” antes que “mamma” (aún cuando los descendientes de italianos seamos mayoría).      

Idishe mame Sylvia, de la serie The NannyLa figura de la gallina con sus pollitos es la más utilizada a la hora de ilustrar la conducta de estas “madrazas” (otra palabra muy en boca de nuestros compatriotas) que entregan/soportan todo por sus hijos -como escribiera Silvio Rodríguez- “sin pedir nada o casi nada, que no es lo mismo pero es igual”. [Para tener la fiesta en paz, conviene abordar en otro momento los gajes de la sobreprotección].

Por último, cabe mencionar otra voz extranjera que alude a un sentimiento y relación incondicionales y a la vez superiores a la condición humana: “la Pachamama”. De nuevo, la maternidad aparece ligada a la divinidad (pero libre de la sumisión y el sufrimiento cristianos) y a la naturaleza (pero ajena a la noción pecaminosa, y por lo tanto repudiable, de desnaturalización).

El rostro de Mercedes, y de la pachamamaAlgunos nos permitimos ponerle un rostro a esta madre Tierra o Tierra madre, energía que -según la cultura andina- nos protege más allá de la progenitora que nos tocó en suerte, y de esas otras maternidades maternas que conocemos desde siempre y que justo hoy se nos da por recordar.

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* Para beneplácito de los comerciantes, en Argentina el Día de la Madre se festeja, todos los años, el tercer domingo de octubre.

El extranjero 16/10/2009

Posted by María Bertoni in Literatura.
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El extranjero, de Albert CamusMea culpa… Leo El extranjero de Albert Camus recién a mis 37 años. Pasaron décadas desde que algunos compañeros de secundario tuvieron la suerte de descubrirlo en 3° o 4° año (a otros nos tocó La peste) para enseguida adherir al club de admiradores de un libro, un personaje y un autor con destino trágico. En parte porque sobran los análisis dedicados a la historia del entrañable Meursault, las impresiones aquí transcriptas distan de ser originales. Con suerte llamarán la atención de otros espíritus dispuestos a saldar esta deuda literaria.

El ensañamiento de la sociedad -o del statu quo- con el (y lo) extraño, la institucionalización de una moral que confunde justicia con castigo ejemplar, la condición absurda de nuestra existencia, el (des)apego de los seres humanos por la vida y la muerte son los grandes temas que el escritor ¿y filósofo? argelino desarrolla con una prosa por momentos visual (digna de una adaptación cinematográfica), por momentos periodística (por su precisión y capacidad de síntesis), por momentos ensayística (con fines analíticos).

La narración en primera persona del singular invita a buscar a Camus en Meursault. De ahí que las observaciones y reflexiones del oficinista abúlico, prescindente, aparentemente conformista e indiferente sugieran la conveniencia de repasar el aporte que el intelectual pied-noir hizo al existencialismo de su colega/adversario Jean-Paul Sartre.

También resulta interesante imaginar la enorme repercusión que L’étranger tuvo entre los jóvenes de los ’60, sobre todo entre quienes creyeron en los proyectos revolucionarios de esos años, y compararla con el efecto que puede causar en los integrantes de las generaciones X, Y y Z. Si los primeros adviritieron y discutieron la dualidad de Meursault (¿se trata de un rebelde solapado, resistente pasivo o, por el contrario, de una víctima de su propia inercia?), es probable que los segundos descarten el debate y conciban al personaje como un igual signado por la mala suerte.

En ambos sentidos, el libro renueva su vigencia. Por un lado, porque la discusión de antaño permanece abierta y, por otro lado, porque el eventual fenómeno de identificación actual dispara más interrogantes sobre la condición humana, en especial sobre su “evolución” social, cultural, política, ideológica.

En 150 páginas Camus despliega sus aptitudes poéticas, periodísticas, ensayísticas y, de esta manera, consigue comprometernos intelectual y afectivamente con Meursault. Imposible olvidar a uno y a otro cuando terminamos de leerlos; quizas por eso buscamos posibles herederos y, diferencias al margen, pensamos en J.D Salinger y Holden Caulfield.

Mea culpa… Descubro El extranjero de Albert Camus recién a mis 37 años. Ojalá las impresiones aquí transcriptas convenzan a otros rezagados para que -cuanto antes- salden esta inadmisible deuda literaria.

Cous cous 15/10/2009

Posted by María Bertoni in Cine.
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Cous cousEl grano y la mula se llama la película que en Argentina se estrenó como Cous cous, la gran cena y que -en honor a un título original con reminiscencias de fábula- retrata una sociedad (o varias) a partir de un relato anclado en la más cruda realidad. De hecho, la historia del jubilado Slimane Beiji bien puede ser la de algún otro inmigrante del Tercer Mundo (en este caso, de Túnez) instalado hace décadas en el Primero (en este caso, Francia) y condenado a la condición de extranjero eterno y por lo tanto a una ciudadanía de segunda categoría.   

El largometraje de Abdel Kechiche nos sumerge en el juego de encastre que implica la pertenencia a dos comunidades: aquélla de la cual se proviene y aquélla donde se llega, se procrea, se envejece. La primera aparece en escena a partir, no sólo del origen magrebí de la mayoría de los personajes, sino de una manera de filmar (verborrágica, impetuosa, informal). La segunda se manifiesta en la conciencia sindical de Karima y en la representación del funcionario galo encarnado en la empleada de la aduana, en el viceintendente de la ciudad de Sète, en la analista de préstamos bancarios.

Cous cous se encuentra en las antípodas del cine gastronómico-pintoresco y de las comedias románticas interculturales como la recién estrenada Mi vida en Grecia. Por un lado prescinde de los estereotipos idiosincráticos; por otro lado evita esconder o relativizar los daños del fenómeno globalizador.

Al contrario, la propuesta de Kechiche denuncia la vigencia de un sistema especializado en perjudicar a los ya desfavorecidos por las circunstancias, incluso en matarlos cuando lo confrontan o desafían. La solidaridad aparece entonces como erradicada de la red social y en cambio circunscripta al ámbito familiar (aún cuando la familia esté lejos de ser una panacea).

La parquedad de Slimane remite a la resistencia pasiva de sus compatriotas y congéneres y la determinación de Rym, a la fortaleza de los jóvenes que se reconocen dispuestos a heredar la posta de sus mayores desde un lugar menos extraño/extranjero. No obstante, pese a las interpretaciones sociopolíticas que pueda despertar, La graine et le mulet no cae en el panfleto ni en la ponencia intelectual.

De hecho, la historia del tunecino que en Francia supo trabajar en un desarmadero de barcos viejos conmueve (entristece) como esas fábulas universales aplicables a todos los mortales, o al menos a quienes padecen circunstancias similares y son sensibles a la enseñanza final.

El relato mediático, ese campo de batalla 14/10/2009

Posted by Otros espectadores in Periodismo/Medios, Visto y Oído (¡más!).
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Por Jorge Gómez
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Testimonio sobre la manifestación a favor de la Ley de MediosMi nombre es Jorge Gómez, tengo 55 años y me preocupan las cuestiones políticas desde la adolescencia. En los años ’70 milité orgánicamente en el trotskismo. Aunque luego me alejé, mantuve mi compromiso con los temas sociales, y sobre todo traté de desarrollar un pensamiento crítico y rebelde sobre las relaciones de poder en estos tiempos actuales de ideologías tan descafeinadas.

Presentado así, quiero compartir mi mirada sobre la manifestación de apoyo a la Ley de Medios que tuvo lugar el viernes en la Plaza del Congreso. Ese día los oyentes de las radios Nacional y Cooperativa fueron autoconvocándose a favor de la iniciativa, y a mí me pareció que debía estar allí.

Como quedó claro en este, este y este post, me parece que se trata de una ley necesaria. También me interesaba conocer la capacidad de movilización de quienes no cuentan con el apoyo de los grandes medios de comunicación.

Por otra parte, he asistido a cientos de actos y marchas, desde la época en que la policía corría a los manifestantes en lugar de cortar el tránsito. Ésta era una buena ocasión para renovar mi antiguo romance con el pueblo movilizado.

Alrededor de las 18 la mencionada Plaza estaba repleta, con mucha gente independiente de las estructuras partidarias, varias columnas de la CGT y la CTA, representantes de algunos municipios bonaerenses, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, agrupaciones de pueblos originarios, evangelistas kirchneristas, la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat y muchos grupos pequeños con o sin identificación (dos señoras mantenían en alto una pancarta que decía “Carta Abierta – Venado Tuerto”) que en su mayoría compartían un folklore peronista de bombos y batucada y una gran alegría por la ley que estaba gestándose en la Cámara de Senadores.

Foto publicada por MDZ Online.

Todo era conmovedor. Me parecía bien la ley, me gustaba ver el pueblo movilizado, me emocionaba una pareja de ancianos aplaudiendo una columna de pueblos originarios, o los oyentes de Radio Nacional que se habían citado frente a la confitería El Molino y andaban a los abrazos. Se me saltaban las lágrimas ante este ejercicio de libertad y compromiso.

De pronto me encara una señora de unos 70 años, vestida con saquito verde:

- ¿Aquí es donde pagan para tocar el bombo?
- …
- ¿No lo sabe? A éstos les pagan por venir a tocar el bombo hasta aquí.

No le contesté nada, la dejé ir y la perdí de vista. Me quedé pensando en esa incapacidad de la señora (“una vieja de mierda” diría un maleducado peronista, pero yo no lo soy) para aceptar miradas distintas a la suya, y en esa idea terrible –tan de moda– de que todo lo kirchnerista está rentado.

El incidente me malhumoró y decidí irme, conforme con haber comprobado que pudo armarse un acto a favor de la ley sin demasiado apoyo oficial y que, si bien me topé con grupos movilizados por aparatos sin demasiado debate político, también había mucha gente que llegaba sola, así como estructuras de militantes que apoyaban la ley de manera genuina.

A la mañana siguiente me di cuenta de que la anécdota aquí relatada había sido un anticipo de lo que vendría después, cuando los grandes medios nacionales enfrentados al Gobierno redujeron este acto de miles de personas a una marcha organizada por D’Elíapor intendentes K del conurbano.

Nada más. Sólo pequeñas menciones negativas.

Es muy posible que, a partir de este fenómeno mediático, tengamos una mirada más piadosa sobre nuestra provocadora de saquito verde, tal vez una inocente consumidora de las estúpidas consignas que tanto difundieron (y siguen difundiendo) nuestros canales de noticias.

También es bueno saber que -como cualquier otro hecho- una concentración puede ser presentada de maneras múltiples, según los intereses y la ideología de quienes tengan el poder de comunicar. Sin dudas, la constatación reafirma la pertinencia del debate sobre el relato mediático, ese campo de batalla.

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