Aymama y Zamacuco. Recomendación x 2 30/10/2009
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Reseña redactada por Ariel.
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A falta de una, son dos las bandas que me permito recomendar, y que por estos días están sonando insistentemente en mi equipo de música. La primera es Aymama (léase con acento en la “a” del medio), trío femenino que fue galardonado en la última entrega de los premios Gardel como “mejor artista nuevo de folklore”. La segunda se llama Zamacuco, y también toca música autóctona (los interesados podrán asistir a su próximo recital, el viernes 13 de noviembre en el Buenos Aires Club de San Telmo).

El debut discográfico de Aymama se titula Folklore argentino, y rescata a distintos autores: el “Cuchi” Leguizamón, Manuel J. Castilla, Armando Tejada Gómez y Carlos Di Fulvio entre otros. El grupo está formado por Florencia Giammarche en guitarra, Mora Martínez en voz y percusión, y Paola Suárez en piano (también es autora de cuatro de los catorce temas del disco).
Las tres sorprenden por la ductilidad con la que ejecutan los distintos instrumentos y por la destreza vocal con la que entonan armonías. Así lo demuestra el tema “Mal das”, compuesto por Suárez y cantado a capella.
Por otra parte, los tres discos de Zamacuco (Zamacuco; Queterrezumba y Estado caníbal) ofrecen un repertorio que va más allá del folklore argentino y que se les anima a ritmos peruanos, bolivianos y colombianos. Las integrantes Maira Jalil en acordeón y voz, Ariana Aldariz en vientos y Matías Jalil en guitarras y voz (entre otros) se presentan en cuanto escenario encuentran; incluso se cuelan en iniciativas culturales y sociales (la última aparición tuvo lugar el sábado pasado en el Parque Los Andes de la Ciudad de Buenos Aires, como parte del “contrafestejo” por el Día de la Raza).
Además de compartir un común denominador estílistico-musical y el “hacerse de abajo” (sin llegar todavía a un público masivo), una y otra banda coinciden en desplegar calidad y calidez desde arriba del escenario. Sin dudas, estas dos cualidades alcanzan para augurar una carrera llena de aplausos y, por qué no, de futuros reconocimientos.
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PD. Los interesados en escuchar algo de Aymama y Zamacuco en vivo, por favor hagan clic aquí y aquí.
La extensión (radial) que faltaba 29/10/2009
Posted by María Bertoni in Universo Web.add a comment
Al fenómeno de adaptación (editorial, teatral, televisiva) que difunde el contenido blogger le faltaba un toque radiofónico. Por eso la noticia de que Buenos Aires Lado b tendrá espacio propio en Radio Quasar permite gritar “bingo” a quienes nos interesa la inusitada extensión de la blogósfera local.

Antes de seguir, cabe aclarar que el salto mediático no implica el abandono del ámbito web (de hecho, la mencionada emisora transmite online, presumiblemente gracias al sistema de podcasting). Sin embargo, éste podría ser un paso intermedio hacia un programa de AM o FM tradicional.
En el post que anuncia la buena nueva, Irina Sternik informa que, a partir del próximo 5 de noviembre, Buenos Aires Lado b saldrá al aire todos los jueves a las 11 de la mañana. La responsable del emprendimiento también se compromete a “transmitir la esencia del blog”, es decir, a acercar la agenda cultural alternativa de nuestra ciudad y a otorgarle valor agregado.
Música, entrevistas, información suplementaria conforman parte del plus prometido. Falta justo una semana para que los interesados podamos ver (escuchar, en realidad) cuánto más aporta la radio a la blogósfera.
Hung 28/10/2009
Posted by María Bertoni in TV.add a comment
Hung llegó a la pantalla premium de Latinoamérica de la mano de HBO a principios de octubre, cuatro meses después del estreno oficial en los Estados Unidos, y con la segunda temporada en marcha para que salga al aire en 2010. Más allá de la cuestión sexual, la comedia explota un lugar común: la paradoja de un ciudadano medio típico implicado en una situación atípica.
A Thomas Jane ya le tocó encarnar a un hombre corriente que el destino se encarga de poner a prueba (de hecho, en El ave negra, su Wayne Colson debe escapar de / enfrentar a un criminal tan peligroso como rencoroso). Tal vez por eso sorprende poco volver a verlo en la piel de un personaje a merced de un tercero, en esta ocasión una tercera que lo empuja -no a la fuga ni al enfrentamiento- sino a la prostitución.
Con un poco de buena voluntad, podemos pensar en Ray Drecker como en la versión tragicómica del Julian que Richard Gere interpretó en Gigoló americano treinta años atrás. Con un poco de cinismo, podemos pensar que estamos ante la versión ñoña, edulcorada, insensible del entrañable Joe Buck que John Voight hizo en Perdidos en la noche cuarenta años atrás.
Quizás porque estos antecedentes le juegan en contra, quizás porque son muchos los padres de la criatura (Colette Burson, Dmitry Lipkin, Brett Leonard y Emily Kapnek se declaran autores de la mayoría de los episodios), quizás porque el puritanismo estadounidense siempre consigue imponer sus límites recatados, Hung carece de personalidad y por lo tanto de gracia.
Quien mejor se desempeña entre tanto remate previsible y tanto corset actoral es Jane Adams, la cafiolo (¿cafiola?) de Ray en la ficción. No puede decirse lo mismo de Anne Heche, tan insulsa en su papel secundario de ex esposa como en aquel fiasco protagónico que por suerte muchos olvidarán.
En una sociedad cada vez más acostumbrada a concebir el cuerpo como objeto, la sexual representa una entre otras formas de objetivización y deja de aplicarse de manera exclusiva al cuerpo femenino. En este contexto, la idea de que un hombre acepte prostituirse para llegar mejor a fin de mes es menos transgresora de lo que parece y en cambio afín a la estrategia de una televisión que se pretende menos pacata de lo que en realidad es.
Las flores del cerezo 27/10/2009
Posted by María Bertoni in Cine.2 comments
Nueve años después de Sabiduría garantizada, Doris Dörrie vuelve a filmar en Japón. La excusa: contar el último tramo del viaje que los esposos Trudi y Rudi Angermeier emprenden de manera más o menos improvisada para, sin tomar conciencia real, despedirse de la vida. Las posibles razones: expresar admiración por la cultura nipona (¿también por el cineasta Yasujiro Ozu?) y abordar -tal vez calmar- la incertidumbre y angustia que provocan cuestiones tan inasibles como el amor (marital, filial), la vejez, la muerte.
De una manera más nostálgica y profunda, la realizadora alemana reedita la travesía de los hermanos Uwe y Gustav que contó en 1999. Ahora los protagonistas de Las flores del cerezo son marido y mujer, mayores, y el motivo del traslado es más oscuro que la simple necesidad de cambio.
La crítica especializada se encargó de explicar el homenaje que Dörrie le dedica a Una historia en Tokio del mencionado Ozu. Quien suscribe se permite señalar otro fenómeno de intertextualidad cinematográfica: aunque cueste creerlo, ciertas coincidencias con Up.
De hecho, así como en la última animación de Pixar el Sr. Fredricksen parte en busca de unas cascadas perdidas en Latinoamérica para cumplir un viejo sueño de su esposa, Rudi viaja a la capital japonesa con una intención similar. El primero termina compartiendo la aventura con un niño abandónico; el segundo lo hace con una joven huérfana. El primero se encariña con un pájaro exótico, especie en extinción; el segundo se aferra a la energía expresiva, vincular, reparadora del butoh, danza ancestral.
Por supuesto, la propuesta de Dörrie es irreductible a un cuento infantil. No obstante, las similitudes entre ambos trabajos sugieren la existencia de un vacío que los habitantes del Primer Mundo occidental sólo parecen llenar cuando visitan otras tierras, cuando descubren otras culturas.
Las flores del cerezo es un film honesto, conmovedor, bello, casi-casi irreprochable. El mérito es de una cineasta que nunca defrauda a sus seguidores, de un elenco sólido (donde se destacan Elmar Wepper, Hannelore Elsner y Aya Irizuki) y del fotógrafo Hanno Lentz.
Bienvenidos al país de la locura 26/10/2009
Posted by María Bertoni in Cine.1 comment so far
“Petit à petit, l’oiseau fait son nid” o “poco a poco, el pájaro hace su nido”… El dicho francés ilustra a la perfección la carrera de Dany Boon, comediante galo que los cinéfilos argentinos descubrimos cuando encarnó al envidioso (y secundario) Richard en Mi otro yo, que reconocimos cuando compartió protagonismo con Daniel Auteuil en Mi mejor amigo, y que ahora aplaudimos por su desempeño como guionista, director y actor en la recién estrenada Bienvenidos al país de la locura.
Algunos habrán temido que este éxito de taquilla en su país de origen resultara un gran chasco en el extranjero. Después de todo, el público internacional no necesariamente está al tanto de las internas regionales que rigen en el hexágono europeo, y difícilmente conozca la (mala) fama que estigmatiza a los habitantes del norte.
Sin embargo, el indiscutible color local no convierte al largometraje en algo críptico. Al contar su relato -o rendir su homenaje- desde la mirada, la ignorancia y los prejuicios del “sureño” Philippe Abrams (el muy gracioso Kad Merad), Boon logra que los espectadores nos identifiquemos con quien se siente sapo de otro pozo en su propia tierra.
Por otra parte, Bienvenidos al país de la locura cumple con algunas reglas de género que los amantes del cine comercial saben disfrutar. Quizás porque el amor es un idioma universal, la subtrama romántica asegura el despliegue de gags que la mayoría recuerda e incluso espera (happy end incluido).
Claro que, justamente por archi-conocida, ésa es la parte menos entretenida… La más divertida, en cambio, es aquélla dedicada al choque cultural e idiomático (con el dialecto ch’ti) y a lo que los seres humanos hacemos con los prejuicios, y lo que los prejuicios hacen de nosotros.
En Francia, este largometraje no sólo causó sensación (al parecer, conquistó a 20 millones de espectadores, a 5,5 millones de televidentes y vendió 3 millones de DVD) sino también polémica (en febrero pasado, Boon amenazó con faltar a la ceremonia de los César porque las autoridades responsables siempre le negaron una categoría a la comedia y, dada esta restricción, Bienvenidos… consiguió una única nominación, para el premio al mejor guión).
Por razones obvias, tanta euforia quedó circunscripta al territorio galo. Al menos en Argentina, nos limitamos a combinar un cálido recibimiento con el debido aplauso a un actor en indiscutible ascenso… y con nido propio.




