Nueva Ley de Radiodifusión. Dimes y diretes (falsos) 30/09/2009
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Por Jorge Gómez
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A cada rato, Radio Mitre de Buenos Aires agita el miedo de que, tras la aprobación del proyecto de ley de radiodifusión, “ya no podrás escuchar el programa que te gusta”. Esta amenaza coincide con otras inexactitudes sobre un tema cuya discusión revela la conducta de quienes, por un lado, dicen preocuparse por la transparencia y la verdad en la comunicación pública y, por otro lado, profieren falsedades o mienten con absoluto descaro.
A la manera de los malos programas de televisión, podemos hacer una lista de algunas tonterías que estos días se escuchan sobre el proyecto.
1) “Se repartirán licencias de manera tal que un tercio será para el espacio comercial, un tercio para el espacio público y un tercio para las organizaciones no gubernamentales”. Según el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), Cristina Fernández pronunció estas palabras el 27 de agosto cuando presentó el proyecto que el Poder Legislativo está tratando ahora.
No es así. En ningún momento el escrito se refiere a tres tercios. Por lo visto, además de no haber leído la propuesta, quienes elucubraron y/o repitieron esos dichos tampoco escucharon el discurso presidencial que básicamente se ocupó de señalar a éste como el primer gobierno en democracia que intenta cambiar la ley de la dictadura (dato igualmente falso).
2) “Si meten la ley de radiodifusión, Venezuela va a ser un poroto”. Lo dijo el presidente de la UCR, Gerardo Morales.
Hugo Chávez mandó al Congreso de su país una ley para castigar con prisión a los periodistas que mientan, omitan o desinformen, y en los últimos años retiró la licencia a más de 30 emisoras de radio y al más importante canal de TV de Venezuela. Por un lado, no existe comparación posible entre ese escenario y el argentino. Por otro lado, cabe señalar lo que nadie dice: que el gobierno K tendrá menos poder con ”su” nueva ley que con el actual COMFER intervenido, mediante el cual puede hacer y deshacer a su antojo.
3) “Es una ley sacada a las apuradas”. Un hit de estos días.
La verdad es que este proyecto figura en la plataforma de la fórmula Fernández de Kirchner-Cobos desde octubre de 2007. Recoge iniciativas de centenares de dirigentes y organizaciones (socialistas, CTA, Pino Solanas, etc.), y en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de este año, la Presidente anunció el envío del borrador. Hubo una presentación en La Plata el 18 de marzo, meses de debate en distintos foros, y tras presentarlo al Parlamento el oficialismo consensuó el documento que ya sufrió diversas modificaciones producto de la participación de los distintos bloques.
Como dice Mario Wainfeld, es muy posible que -si sale- ésta sea una de las leyes menos “apuradas” de la democracia.
4) Una perla para terminar… “Los blogueros que apoyan la ley de medios de Kirchner tienen contrato con el gobierno”, título de una entrevista del diario español ABC a Darío Gallo, editor de la revista Noticias.
La pavada más importante, digamos.
El premio Nobel de La Nación 29/09/2009
Posted by Otros espectadores in Periodismo/Medios.14 comments
Por Jorge Gómez
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Con el premio Kalinga la UNESCO distingue a periodistas, escritores y académicos cuyo aporte científico mejora la vida de los pueblos. La retribución consiste en dos mil libras esterlinas, una medalla y una invitación para dar una serie de conferencias en la India, sede de la ceremonia de entrega.
El biólogo y escritor francés Jean Rostand (París, 1894-1977) obtuvo el galardón en 1960. Ayer justamente, un editorial del diario La Nación que pide sincerar el debate sobre el aborto, escuchar todas las opiniones y legislar con la verdad, cita al científico galo como… ¡premio Nobel de Biología!

Salvando el detalle de que la Real Academia Sueca de las Ciencias y la Fundación Nobel nunca incluyeron a la biología en su lista de disciplinas galardonadas (dicho de otro modo, el premio Nobel a la Biología no existe), tal vez debamos entender la preocupación del diario que fundó Bartolomé Mitre por mejorarle el curriculum a su fuente.

Sin dudas, “Nobel” suena mejor que “Kalinga”, palabra que puede armonizar en un programa de cumbia pero que desentona cuando buscamos “sincerar la discusión frente a un tema tan trascendente”.
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PD. Cabe aclarar que el crédito de esta perla periodística es de Mariana Carbajal, co-conductora con Enrique Vázquez del programa de primera mañana en Radio Nacional.
Cuestión de principios 29/09/2009
Posted by María Bertoni in Cine.5 comments
La adaptación cinematográfica del cuento Cuestión de principios se estrena antes que la de Boogie, el aceitoso, cuyo trailer ya proyectan algunas salas. De esta manera inaugura el homenaje que el cine nacional le rinde deliberada o casualmente a Roberto Fontanarrosa, dos años después de su muerte. También genera, además de diversas impresiones, las siguientes dos preguntas: ¿hasta qué punto la obra del Negro es trasladable a la pantalla grande?; ¿es posible que el tiempo que llevamos extrañando al escritor y humorista gráfico juege en contra de cualquier intento por recuperarlo?
Probablemente sea más difícil adaptar un cuento que una historieta porque al menos ésta ofrece la ventaja visual, es decir, la opción de conquistar al espectador a partir de la reproducción de un trazo inconfundible. A lo mejor por eso Rodrigo Grande usa para los créditos de su película la misma tipografía que Fontanarrosa para los textos de sus dibujos.
Lamentablemente el truco no alcanza para disimular las deficiencias de un guión que, aún co-escrito por el mismísimo Roberto, reduce el ingenio fontanarrosano a la mínima expresión, a escenas y parlamentos contados con los dedos de la mano. Por ejemplo, cuando Reiner explica su teoría sobre la infidelidad como base del matrimonio, cuando la cámara muestra en un segundo plano los personajes subversivos que desfilan por el protector de pantalla de la computadora del protagonista, o cuando la ciudad de Rosario y los rosarinos le agregan color local al relato.
Tal vez erradamente, algunos intuimos que Sarita es el personaje más perjudicado por esta adaptación. Por un lado, cuesta creer que el Negro la haya imaginado de una manera tan estereotipada, tan carente de gracia. Por otro lado, ésta no es la mejor interpretación de Norma Aleandro.
En cambio, quienes mejor se desempeñan son Federico Luppi (que, para sorpresa de muchos, se libera de sus tics habituales a la hora de encarnar a Castilla), Pepe Novoa y Mónica Antonopulos (cuyos papeles secundarios nos recuerdan cuán buenos son estos actores hace tiempo alejados del cine y la televisión). Pablo Echarri, por su parte, encarna a un Silva convincente pero muy parecido al Tano de Las viudas de los jueves (la sensación de déjà vu resulta inevitable para quienes vimos el film de Marcelo Piñeyro).
Sin Fontanarrosa en el medio, Cuestión de principios sería recibida como una comedia costumbrista rescatable por cuatro motivos fundamentales: porque no se ambienta en la Ciudad de Buenos Aires (punto a favor para los que creen en una Argentina federal); porque no lleva el sello de Pol-ka (¿quién dijo que el género costumbrista es propiedad intelectual de Adrián Suar?); porque -a diferencia de otras producciones indigestas- no cae en la tentación de imitar el grotesco que sólo Alejandro Doria supo dominar; porque los parlamentos, las actuaciones y las escenas bien logradas consiguen la aprobación general.
El problema es que, para algunos, la obra del Negro no es apta para la pantalla grande. Y además el tiempo que llevamos lamentando la pérdida del escritor y humorista gráfico desluce cualquier intento de recuperación.
Sector 9 28/09/2009
Posted by María Bertoni in Cine.16 comments
En contra de lo inferido a partir de una combinación desafortunada de trailers, Sector 9 demuestra que el infierno no son los otros. Al contrario, en la propuesta del sudafricano Neill Blomkamp los demás (criaturas extraterrestres) son víctimas de nuestra predisposición ¿genética?, ¿psicológica?, ¿histórica? para discriminar, marginar, destruir, perseguir, torturar, matar.
Aunque no abandona el objetivo de entretener, la ciencia ficción recupera aquí su faceta crítica en términos sociales (contra una sociedad excluyente, represora, criminal) y narrativos (contra el prototipo de héroe invencible por su fortaleza moral y eventualmente física). Esto hace que el guión de Blomkamp y Terri Tatchell resulte original entre tantas producciones de temática alienígena cortadas por la misma tijera.
Para empezar, el documental ficticio que inicia la película señala la particularidad de que los marcianos (por llamarlos de una manera clásica) no desembarcaron en Washington, Manhattan o Chicago sino en Johannesburgo. En segundo lugar, cabe destacar su estado de total vulnerabilidad (una nave varada sobre la ciudad los condena a un exilio de enfermedad, desnutrición y marginación) y, por lo tanto, su condición de minoría en absoluta desventaja.
El pequeño ET que Spielberg imaginó en 1982 y los parientes concebidos cinco años antes en Encuentros cercanos del tercer tipo son los predecesores cinematográficos más directos de estas “langostas” (así bautizadas por los terrícolas sudafricanos) en principio pacíficas. La gran diferencia es que, en un país signado por el apartheid, nadie les da la bienvenida. Incluso quienes sufrieron/sufren en carne propia las iniquiedades del separatismo blanco exigen su erradicación en un campo de concentración.
Por otra parte, a diferencia de sus antepasados de celuloide, estos representantes del espacio exterior desagradan desde un punto de vista estético (su anatomía evoca más un insecto que un ser de inteligencia superior). Quizás Blomkamp y Tatchell lo hayan querido así para que los espectadores compartamos de algún modo el rechazo que la ciudadanía johannesburguesa siente por los intrusos; quizás porque prefirieron acatar una regla que ¿sólo Ray Bradbury? se atrevió a romper cuando en Crónicas marcianas imaginó extraterrestres más bellos que nosotros.
District 9 también interesa por la constitución heróica de su protagonista Wikus Van De Merwe. Este alfeñique al servicio de la política de Migraciones se convierte en una especie de llanero solitario muy a pesar suyo, y movilizado casi exclusivamente por el objetivo de salvar su propio pellejo además de su pertenencia a la raza humana (en este punto, podríamos retomar aquella discusión sobre cuán noble es concientizar sobre la infamia del genocidio a partir del ejercicio de identificarse con el grupo condenado).
El mestizaje genético del cual es objeto salva a Wikus de su función de idiota útil y le revela “la cara oculta” de la realidad que él creía conocer a la perfección. La riqueza del personaje radica en esa transición que lo lleva, no a encarnar un heroísmo absoluto, monolítico, inquebrantable sino a reconsiderar los valores de la condición humana, entre ellos la capacidad de reconocer al prójimo, independientemente de cuáles sean su origen y su apariencia.
Sector 9 también explota recursos típicos del entretenimiento alienígena: la sucesión de escenas vertiginosas que a veces resultan abrumadoras (por ejemplo, las que hacen al asalto a la central de MNU para rescatar el cilindro con fluido gris), cierta escatología al servicio de la explicación científica (la pérdida de sustancia negra y de las uñas en Van de Merwe), la puesta en escena de “juguetes” especiales reincidentes (¿hacía falta la intervención de ese transformer, cerca del final?), el despliegue de una violencia para algunos demasiado manifiesta (el villano Pienaar la encarna en todo su esplendor).
En este sentido, el trabajo de Blomkamp pierde en términos de originalidad. No importa. Aún así, la experiencia de esta producción que respalda Peter Jackson vale la pena, sobre todo para quienes creemos en la capacidad crítica y concientizadora de la ciencia ficción.





