Los porteños, según sus inodoros 15/07/2009
Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).4 comments
Resulta interesante prestarle atención al comportamiento de los porteños (¿de los argentinos?) en los baños públicos, semi-públicos y compartidos. Por razones obvias, la autora de este post puede explayarse sobre los toilettes para mujeres, lugar que los hombres asocian a una suerte de “parada técnica” donde sus madres, hermanas, novias, esposas, amantes, amigas verifican el estado de su cabello, maquillaje, ropa, perfume. Algunos también lo imaginan como punto de encuentro donde las susodichas aprovechan para desahogar penas, descargar broncas, confesar intimidades y adelantar noticias bomba.
Las fantasías masculinas no son desacertadas pero, como buenas fantasías, excluyen/ignoran/niegan la parte más real del asunto. En este caso, la más desagradable, la más vergonzosa, la más inexcusable: la ¿dejadez?, ¿roña?, ¿falta de educación?, ¿falta de respeto al prójimo? de la(s) que hacen gala muchas congéneres porteñas (¿argentinas?).
Quienes ensucian los baños públicos, semi-públicos y compartidos se parecen a quienes adornan nuestras veredas con caquita perruna. Quizás se trate de las mismas personas, empecinadas en hacernos ver, oler, padecer lo que en principio nadie dejó ni olvidó y por lo tanto nadie sacará ni limpiará.
Pis, materia fecal, sangre, apósitos con resto de menstruación, pañales sucios, toallas descartables y papeles higiénicos desperdiciados y/o a medio usar… Éstas son las huellas que dejan muchas señoras y señoritas tras pasar por el toilette de turno, sea un excusado químico (de ésos que habilitan en los recitales, aviones y micros de larga distancia), el WC de una confitería, restaurant, cine, museo, teatro, facultad o el baño de una empresa/oficina.
Los porteños (¿argentinos?) nos rasgamos las vestiduras porque los gobiernos de turno hacen poco y nada por liberarnos de la mugre y el hedor que se apoderan de la vía pública. Al mismo tiempo, ignoramos/olvidamos/ negamos que somos generadores de gran parte de esa mugre y ese hedor.
Por lo visto, el estado de los baños públicos, semi-públicos y compartidos son una muestra de nuestra propia (in)conducta. En honor a la verdad, las compatriotas preocupadas por tan bochornoso asunto sospechamos que el fenómeno no es mérito exclusivo de nuestro género.
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Aquí, otra tara de las porteñas (¿argentinas?).
Aquí, otra tara de los porteños (¿argentinos?).
Aquí, otra tara de los porteños/as (¿argentinos/as?) en su conjunto.
Nunca es tarde para amar 13/07/2009
Posted by María Bertoni in Cine.1 comment so far
Grande habrá sido el chasco que se llevaron quienes hace tres meses asistieron al estreno de Nunca es tarde para amar, creyendo que se asomarían a una historia de amor otoñal como ésta, ésta o ésta. La culpa es de los cráneos que eligieron un título tan desacertado para Wolke 9 (Nube 9 según la traducción internacional), película cuyo retrato pasional, carnal, erótico de la vejez tira por la borda la ilusión que provocan los cuentos de hadas protagonizados por personas mayores de edad.
El film co-escrito y dirigido por Andreas Dresen se atreve a plantear un triángulo amoroso entre dos hombres y una mujer que superaron la barrera de los sesenta/setenta años. De esta manera, la problemática que el cine suele endilgarles a personajes jóvenes (cuanto mucho cincuentones) adquiere una dimensión más profunda y conmovedora.
Miembros de una sociedad que oscila entre ignorar/subestimar/maltratar a los viejos e idealizarlos/edulcorarlos/infantilizarlos, rara vez concebimos a nuestros mayores como seres todavía pasionales, deseosos, sexuales.
Por eso las escenas de cama que Inge comparte con Karl y con Werner corren el riesgo de disgustar y escandalizar a los espíritus pacatos. Es posible que, entre ellos, algunos también consideren inverosímiles la decisión final de la protagonista y la reacción de su esposo.
El guión de Dresen y las actuaciones de Úrsula Werner, Horst Westphal y Horst Rehberg nos ofrecen la posibilidad de compenetrarnos con las ganas, los miedos, las broncas de quienes -en contra del estereotipo generalizado- no se limitan a añorar tiempos mejores, cuidar su salud, tener algún hobby y reunirse con la familia. Sin dudas, este largometraje alemán derriba varios prejuicios que muchos adultos tenemos en torno a la tercera o cuarta edad.
Más que una historia de amor protagonizada por mayores, Nunca es tarde para amar nos invita a espiar el comportamiento del alma humana cuando transita el último tramo de su existencia terrenal. La experiencia es a la vez enriquecedora y estremecedora para quienes somos concientes de que, en cuestión de años, nosotros también estaremos en ese lugar.
Más que mil palabras 12/07/2009
Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).3 comments
Porque difunden contenido cursi, falso, alarmista, poco interesante o archi conocido, quien suscribe suele ignorar los archivos *.ppt que recibe vía correo electrónico. Sin embargo, un mail cuyo título promete “lo mejor del humor gráfico internacional” bien merece una excepción… y la ocurrencia de compartir algunos de los dibujos presentados, cuya elocuencia demuestra otra vez la supremacía de la imagen por encima de las palabras.


Soy leyenda 10/07/2009
Posted by María Bertoni in Cine.3 comments
Tras estrenarse en la cartelera local a principios de 2008, Soy leyenda causó indignación entre los admiradores de la novela homónima que Richard Matheson escribió en 1954. El enojo suena lógico cuando descubrimos* cuán infiel es la adaptación que Mark Protosevich y Akiva Goldsman elaboraron para la película protagonizada por Will Smith. Incluso quienes no leímos el libro original podemos identificar los retoques típicos de Hollywood, y así solidarizarnos con el descontento de los fanáticos de la ciencia ficción.
Salvo por contadas excepciones, los relatos futuristas distan de ser el plato fuerte de la industria. La afirmación resulta arriesgada cuando, en realidad, el género es uno de los más explotados y redituables en términos de taquilla. Para evitar (o menguar) las discusiones bizantinas, cabe aclarar que los films basados o inspirados en obras literarias son los más problemáticos.
Y eso que Hollywood insiste… En el caso de Soy leyenda, existen una, dos versiones anteriores al tanque dirigido por Francis Lawrence y -ahora que es moda- ya está en marcha la producción de una precuela.
Lamentablemente las re-versiones repiten viejas taras. Por ejemplo, minimizan el subtexto crítico del pronóstico futurista (el guión de Protosevich y Goldsman se limita a señalar el origen bélico-científico de un virus apocalíptico); imponen un heroísmo con impronta castrense (el Robert Neville que encarna Smith es un científico militar brillante cuya rutina profesional, alimenticia, higiénica y atlética lo mantiene cuerdo; en cambio el que imaginó Matheson se emborracha regularmente por angustia, desesperación, depresión) y respetan a rajatabla la exigencia de un final feliz o al menos esperanzador (para tal fin, el rol co-protagónico femenino fue reducido a la mínima expresión).
El exceso de corrección política convierte a esta tercera adaptación cinematográfica en un trabajo casi impersonal, sujeto a los dictámenes de la gran maquinaria hollywoodense. Tanta “pasteurización” la despoja de las particularidades que podrían haberla diferenciado de otros relatos muy similares, por ejemplo de la saga Exterminio 1 y 2.
Curiosamente (o no), Lawrence cometió faltas similares cuando filmó Constantine cuatro años atrás. De hecho, el traslado de Hellblazer a la pantalla grande también decepcionó a los seguidores de la historieta de DC Comics.
Soy leyenda no será fiel a sus orígenes literarios pero sí acata los mandamientos de la maquinaria cinematográfica. Por eso termina entreteniendo gracias a los efectos especiales (sin dudas, lo mejor es la puesta en escena de una Nueva York despoblada) y a la alusión a una amenaza que, este año más que en 2008, hace mella en el contexto gripal-porcino actual.
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* Para redactar esta reseña tardía, quien suscribe se basó en la muy interesante comparación que Jorge Oscar Rossi estableció entre la novela de Matheson y la película de Lawrence. El análisis, aquí.
La jarra loca 08/07/2009
Posted by Otros espectadores in Periodismo/Medios.6 comments
Por Jorge Gómez
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El 3 de junio pasado falleció en Villa María, provincia de Córdoba, Luis Keller de 23 años, por un paro cardíaco. Los medios nacionales informaron que la causa de la muerte fue la ingesta de la denominada “jarra loca”, mezcla de alcohol, drogas y psicofármacos a la que los jóvenes –nos instruyeron los cronistas– son muy adeptos.
Mientras los allegados al muchacho reconocían el consumo de alcohol pero negaban el de estupefacientes o mezclas raras, los diarios explicaron con lujo de detalle que el muerto y sus amigos combinaron pastillas energizantes, drogas y bebidas diversas. También alertaron que gran parte de la juventud prueba este cocktail.
Varias semanas después, la autopsia demostró que –tal como insistía la familia- el pibe estaba borracho y tuvo un paro cardíaco, sin rastros de psicofármacos o jarras de algún tipo. Pero el daño ya estaba hecho.
Una vez más, la desmentida es intrascendente frente a los grandes titulares que anuncian la mentira inicial. Ignoramos cuál es el origen de tanta fantasía periodística, aunque no descartamos que alguna jarra loca se haya colado y esté dando vueltas por las redacciones.




