Jardines en otoño 11/05/2009
Posted by María Bertoni in Cine.trackback
Por varios motivos, Jardines en otoño es una película poco convencional. Primero, porque su estructura circular (y si se quiere coral) se distingue de la fórmula a esta altura trillada que cuenta varias historias de principio a fin con el propósito de demostrar -como diría el atildado Pancho Ibáñez- que “todo tiene que ver con todo”. Segundo, porque apuesta a un humor por momentos naïf, por momentos desopilante, pero nunca cínico ni agresivo/ofensivo. Tercero, porque parodia el mundillo de la política (de la política de Estado) sin intenciones críticas ni sentenciosas. Cuarto, porque le rinde homenaje a la vida sin caer en apreciaciones sensibleras.
Por si estas cuatro razones resultaran insuficientes, cabe mencionar la frutilla de la torta. Es decir, la participación del casi irreconocible Michel Piccoli, devenido en madre (sobre)protectora de un cincuentón a la deriva.
La bebida, la comida, los amigos, las mujeres, la música, los graffitis forman parte del elenco encargado de acompañar a Vincent en un ocaso que, en realidad, no es tal. Es que, en el universo imaginado por Otar Iosseliani, pocas cosas cambian cuando un ministro (de la Agricultura en esta oportunidad) vuelve al llano. A lo sumo, la cuestión jerárquica desaparece; no mucho más.
“Nada se pierde; todo se transforma”. Con esta premisa en mente, el guionista, director -y en esta oportunidad, actor- georgiano (que conste, georgiano de la ex Unión Soviética) hace malabarismos con el contenido de una caja de Pandora. A saber: un séquito de personajes que se cruzan permanentemente; ropas y demás objetos que adquiere una amante de funcionario convertible en compradora compulsiva; distintos escenarios conformados por el salón dorado de un Ministerio, un bar, un jardín botánico, un departamento; juguetes antiguos (casi autómatas); un tucán y un guepardo.
Aunque ambientada en París y dirigida por un cineasta radicado en Francia, Jardines en otoño es dueña de una personalidad más eslava o rusa (por llamarla de alguna manera) que gala o francesa. De ahí, quizás, el retrato de una dirigencia gubernamental poco afecta al trabajo, la importancia acordada a las madres (madres de hombres grandes), la inclusión de padres de la iglesia ortodoxa en el paisaje humano, la particular combinación entre música, amigos, mujeres, cigarrillos y alcohol dispuesta a celebrar la vida.
Una vida más bien bohemia, libre, apasionada, que no se amedrenta ante ningún imponderable. Ni siquiera, tal como lo sugiere la apertura de este film tan poco convencional, ante nuestra condición de simples mortales.







Me la re vendiste!
A verla!
¡Jajajaja, Ariel! Sospecho (sospecho) que Jardines en otoño va a gustarte. Después contá qué te pareció.
esta pelicula me parecio genial… tiene montones de escenas hermosas, si creo que es un homenaje a la vida!
la he ido a ver, dos dias seguidos, y hoy el tercero., me he puesto a buscar los comentarios. Es tal cual esta dicho aqui, es una pelicula optimista para nosotros los de 50 y mas….que estamos buscando un ultimo camino. Si, tiene todo lo de la vida misma, la ingenuidad, los deseos de una madare que no tape, los amores viejos y las ganas de amores nuevos..y los detalles, la escena de la madre con Vincet patas para arriba, es impagable…el directror y los acotrs se divierten y disfrutan lo que hacen y eso lo transmiten. Los patines, el destilar bebida en casa, las idas y venidas de la politica , la crueldad de la presentacione protocolares, mientras un africona regala el simbolo de la verdad, el frances entrega armas….todo dicho sin agrsividad. Fantastica.
Quien me devuelve las 2 horas que perdi en la peor pelicula de la historia? No me dejo nada… que lastima…
Me encantó el cierre de cuadro, que sutil, y que excelente elaboración de personajes. Historias infinitas, me gustó muchísimo!