El rinoceronte y la paloma Enero 3, 2009
Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).trackback
La reflexión para inaugurar 2009 es más o menos la siguiente…
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Vamos al zoológico con la ilusión de recuperar cierta porción de naturaleza perdida, dispuestos a olvidar (al menos por un momento) la vorágine urbana, decididos a ignorar (por un rato nomás) los avatares de la condición humana, y de repente sorprendemos a un animal cuya mirada o actitud nos resulta curiosamente familiar, como inspirada en el comportamiento de nuestra propia especie.
La foto que ilustra este post remite a ese momento revelador. En este caso, al instante en que el rinoceronte y la paloma abandonan su status exclusivamente bestial para convertirse en protagonistas de una fábula que bien podría haber escrito Jean de La Fontaine en el 1600, o de una posible adaptación para niños de la sátira que Eugène Ionesco publicó a mediados del siglo pasado.
Podemos repasar las lecciones impartidas por National Geographic o Discovery Channel. Podemos recordar que este tataranieto de la fauna prehistórica padece estrabismo, y que por eso suele arremeter contra todo lo que se le cruza por el camino (pájaros incluidos). Sin embargo, el fenómeno de la embestida parece hecho a medida para elucubrar metáforas más o menos evidentes sobre (in)conductas malintencionadas e inexcusables.
Por lo pronto, salta a la luz el paralelismo entre -por un lado- La Fontaine, Ionesco, el rinoceronte y la paloma en cuestión y -por el otro- cierto andar arrogante de los hombres y mujeres que habitan el suelo argentino. De hecho, abundan las situaciones y anécdotas de la vida cotidiana y de la política nacional que enfrentan a atropelladores y atropellados, avasalladores y avasallados, abusadores y abusados, aplanadoras y aplanados.
El gran problema es que los compatriotas distentimos a la hora de establecer criterios ecuánimes para distinguir entre rinocerontes y palomas. A veces ni siquiera logramos un acuerdo en cuanto a cuál de los dos animales -cuál de los dos comportamientos- es condenable (es cierto que el mastodonte embiste, pero también es cierto que ¡el plumífero osa cruzársele!).
A lo mejor, entre tanto proyecto, compromiso, desafío agendado para el novísimo año, la tarea de analizar cuánto tenemos de rinoceronte y de paloma sirva como primer paso para que los argentinos por fin abandonemos la práctica del atropello y para que, con suerte, dejemos de ser una fauna a veces tan asmilable a la fauna que sólo deberíamos visitar y contemplar.


Nótese la paloma que está atrás del rinoceronte. Representa a otro espécimen de “ciudadano” argentino: no atropella ni es atropellado; se hace el tonto; mientras mira para el otro lado pronuncia la clásica frase “yo, argentino”.
Buenísima la foto y buenísima la reflexión para empezar el año. Una alegría leerte de nuevo, Spectatrice.
Saludos, y feliz año.
Creería que de una forma u otra las especies aquí retratadas logran una convivencia “en paz” debido a que vivimos en un mundo globalizado… un mundo en el cual “atropelladores y atropellados” en general conviven con mansedumbre…
Profunda observación Spectatrice!!! Ojo clínico, aún fotográfico…
Me tomo el atrevimiento de titular la foto (para mí…) “naturaleza globalizada”… jaja!
¡Jajajaja! Martincho, no había notado la existencia de la tercera paloma que aparece detrás del rinoceronte y que bien podría llamarse Pilatos.
Naturaleza globalizada sería un buen título, Daniela, aunque un poco triste si pensamos en la globalización como fenómeno asociado a un capitalismo que masifica y que amansa (en el mal sentido) tanto a personas ¿como a animales?
Saludos y feliz 2009 para ambos.
Mi comentario no tiene nada que ver con el post, pero acabo de ver un documental sobre los desaparecidos y cuando mencionaron al zoológico de BA, dije oh la Spectatrice escribió algo sobre eso! Bueno me acorde ti, saludos!!
Gracias, Chris. ¿Cómo se llama el documental que viste?
Nuestros Desaparecidos, creo que tendré entrevista! Saludos