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Las mujeres sabias 28 Noviembre 2008

Posted by María Bertoni in Teatro/Danza.
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Las mujeres sabias¿Qué opinaría Molière de la versión de Las mujeres sabias que se presenta en el Teatro Alvear de la Ciudad de Buenos Aires? ¿Cómo le caería una adaptación que incluye guiños exclusivos para el público argentino? ¿Qué diría de la ocurrencia de insertar pequeñas coreografías entre acto y acto? ¿Y de la escena que recrea dos partidas de un videojuego? Asumiendo que Monsieur Jean-Baptiste Poquelin fue tan inteligente, pícaro y agudo como sus célebres comedias, bien podemos imaginar que, resuscitado, el dramaturgo francés sabría divertirse con la puesta en escena de Willy Landin.

Pasaron más de trescientos años desde el estreno de Les femmes savantes en el Théâtre du Palais Royal. A priori, pocos contextos tan abismales como el de París a fines del siglo XVII y nuestra Buenos Aires de principios del XXI. Sin embargo, Landin se las ingenia para trazar un puente entre ambos polos, y de esta manera demostrar/confirmar la vigencia del humor “molierano”.

Es que, después de todo, las cosas cambiaron menos de lo que creemos. De hecho, el snobismo cultural, la fama de charlatanes pseudo académicos/ científicos/artísticos, la subestimación de la high society por el populacho, los matrimonios por conveniencia, el desencuentro recurrente entre hombres y mujeres son fenómenos que resisten las distancias temporales y geográficas.

Sin dudas, Molière fue un experto a la hora de retratarlos con una sorna simpática. A su vez, Landin demuestra su capacidad para -por un lado- respetar el espíritu de la obra y el autor y -por el otro- aportar lo suyo, sus propios juegos de palabras, su propia coloratura desde una perspectiva local.

Los espectadores disfrutamos entonces por partida doble: cuando reconocemos elementos típicos de la comedia francesa clásica (personajes, enredos, boutades, acompañamiento musical), y cuando asistimos a la interferencia de nuestra actualidad (la célebre frase “¿qué pretende usted de mí?” de Isabel Sarli, los pasos de baile al ritmo de Loco Mía, la alusión al corralito que padecimos en 2001, entre otros ingredientes contemporáneos de nuestra cultura mediática, política y social).

El mérito de esta propuesta no es exclusivo de Landin. Los actores se prestan muy bien a los pasos de comedia (el elenco es equilibrado en su conjunto, pero entre sus integrantes se lucen especialmente Graciela Araujo, Rita Terranova, Pacha Rosso, Gimena Riestra y Tony Lestingi) y la coreografía de Miguel Angel Elías es una de las sorpresas más aplaudidas.

De lejos, la otra sorpresa es el personaje que presenta la obra, suerte de castrato que, después de cantar para el público, le solicita apagar el celular, permanecer en silencio y evitar el uso de cámaras con flash entre otras normas de buena conducta. Como la sabrosa entrada que precede el plato principal, la notable representación ¿a cargo de Damián Ramírez? invita a quedarse y a disfrutar del resto del muy recomendable festín.

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La foto que ilustra este post fue extraída de Alternativa Teatral.

Yo soy sola 25 Noviembre 2008

Posted by María Bertoni in Cine.
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Yo soy solaLas películas que consideramos malas suelen provocarnos tres tipos de reacciones. O bien sus desaciertos nos causan gracia e, independientemente del género al que pertenece, recordamos el título en cuestión como una experiencia cómica (sería el caso de Mamma mía). O bien el film nos espeluzna, tanto que nos resulta imposible olvidar tamaño desatino (sería el caso de Hostel o de Joshua). O bien la propuesta nos resulta tan ñoña, tan poco llamativa -ni siquiera lo malo llama la atención- que, en cuestión de días, el largometraje pasa al más irreversible de los olvidos. Éste es el caso de Yo soy sola, producción local que sólo los detractores del cine argentino sabrán valorar.

La propuesta de Tatiana Merenuk se divide en cuatro partes protagonizadas por cuatro amigas que bordean los 30 y que enfrentan distintas problemáticas amorosas. A priori, la idea de un patchwork narrativo aparece como un intento legítimo por abordar las distintas aristas de la “soledad femenina” pero, en realidad, lo único que aquí difiere son las situaciones.

Dicho de otro modo, la variedad de relatos sólo permite una variedad de contextos, de escenografías, de personajes. Lo demás es estereotipo puro, retrato de mujeres en función de hombres que están pero no están, parlamentos que parecen dignos de la revista Cosmopolitan antes que de una comedia dramática (para comedias dramáticas sobre mujeres solas, conviene ver la serie -nunca la película- Sex & the city).

A tono con el guión, las interpretaciones de Eugenia Tobal, Moro Anghileri, Mara Bestelli y Olivia Molina responden a arquetipos tan burdos como por momentos antipáticos. Paradojas cinematográficas, en un film pretendidamente feminista (o femenino) los actores Pablo Rago, Mike Amigorena, Ramiro Agüero, incluso Damián de Santo se desenvuelven con más soltura, probablemente porque sus personajes son menos unidimensionales.

Yo soy sola oscila entre la reflexión lacrimógena y la (¿auto?)crítica canchera. Quizás ésta sea la actitud habitual de muchas señoritas veinte/treintañeras sin pareja, pero una comedia sobre el tema debería mostrar algo más que mohines, declamaciones y lugares comunes. De lo contrario, corre serios riesgos de caer en el más irremediable de los olvidos.

Quémese después de leerse 24 Noviembre 2008

Posted by María Bertoni in Cine.
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Burn after readingQuienes consideren que Fargo es la mejor comedia negra de los hermanos Coen encontrarán que Quémese después de leerse no iguala -mucho menos supera- a aquella película filmada hace doce años. Dicho esto, el último trabajo de Ethan y Joel tiene dos aciertos: por un lado, un guión lo suficientemente original como para que la crónica de otro desmadre absurdo y enredado vuelva a sorprendernos; por el otro, buenas actuaciones capaces de expresar la visión cínica de la dupla cinematográfica.

Atrás queda el recuerdo de la sombría Sin lugar para los débiles. Da la sensación de que, después de haber adaptado un texto ajeno (escrito por Cormac McCarthy), los Coen decidieron apostar nuevamente a la elaboración propia para así retomar la crítica a ciertas taras de nuestra sociedad: la impronta mediática, el culto a la apariencia, la obsesión por el dinero, la precariedad de las relaciones interpersonales, la exacerbación de la violencia.

“La inteligencia es relativa”, reza el slogan del largometraje. Sin dudas, la frase sintetiza la moraleja de una fábula que le otorga mayor astucia a la empleada de un gimnasio que a funcionarios de la CIA (y de una embajada rusa). También anticipa la intención de retratar a la idiotez humana.

Como hicieron con Tom Hanks en El quinteto de la muerte y con George Clooney en ¿Dónde estás hermano?, aquí también los Coen convocan a estrellas hollywoodenses (a Clooney otra vez y a Brad Pitt) para sacarles el jugo que la industria ignora, descuida o desprecia. La experiencia resulta interesante, aún para los detractores de carilindos que les niegan toda posibilidad de redención, y graciosa para quienes creemos en el sentido del humor de los galanes subestimados.

En el elenco también se destacan John Malkovich, Tilda Swinton y la musa inspiradora Frances McDormand. Sin dudas, el protagonismo le sienta muy bien a la actriz norteamericana, en parte por su talento innato, y en parte porque su Linda Litzke evoca la obstinación de la querible mujer policía que ella misma encarnó en la citada Fargo.

En general, la crítica especializada le dio una bienvenida tibia a Quémese después de leerse cuando se estrenó en Buenos Aires hace algunas semanas. La reacción es entendible si pensamos en la trayectoria de los hermanos cineastas y recordamos títulos superiores como los ya mencionados además de Barton Fink y El hombre que nunca estuvo, pero poco justa cuando analizamos la película al margen de sus antecesoras, y sin dudas ubicada muy por encima de la calidad promedio de las comedias made in USA.

Es muy fácil 19 Noviembre 2008

Posted by María Bertoni in Periodismo/Medios.
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Es muy fácil. Escuchamos la palabra “Napalpí”, la buscamos en Google, y en cuestión de segundos la encontramos asociada a la palabra “masacre”. También damos con links pertenecientes a los ultraconsultados Taringa y Wikipedia o a los más específicos Aborigen Argentino y Sobre Historia, y de paso descubrimos -aquí y aquí- versiones periodísticas del hecho.

Es muy fácil. Leemos expresiones como “asesinados a machetazos” o “degüello de heridos” y frases como “mataron a 200 hombres mujeres y niños”, “se le extirparon los testículos y una oreja para exhibirlos como trofeo de batalla” o “los colocaron por sus esfínteres, atravesados por grandes estacas, con los cuerpos todavía moviéndose”, y enseguida nos distanciamos del schock inmediato con frases no muy elaboradas, es cierto, pero políticamente correctas: “cómo puede ser”, ”qué barbaridad” y ”pobre gente”.

Aborigenes como éstos fueron victimas de la masacre de Napalpi

Es muy fácil. Buscamos datos precisos, objetivos según nos enseñaron, y hallamos consuelo en fechas (19 de julio de 1924), comunidades (tobas y mocovíes) y lugares (Chaco, Quitilipi, Napalpí) lejanos, ajenos a nuestra realidad mediatizada, porteña y contemporánea.

Es muy fácil. Repasamos noticias recientes, fotos de viajes y caemos en la cuenta de que la masacre de Napalpí es apenas un antecedente más que explica la existencia de una Argentina aún hoy racista, violenta, explotadora.

The visitor 17 Noviembre 2008

Posted by María Bertoni in Cine.
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The visitor, segundo film de Thomas McCarthyOjalá The visitor desembarque algún día en la cartelera porteña. Estrenada en los Estados Unidos en abril de 2008, esta película norteamericana “indie” vale por un guión a la vez sensible y austero, por actuaciones igual de conmovedoras (se destaca en especial el usualmente relegado Richard Jenkins), por una deliciosa banda sonora que combina ritmos africanos con música clásica, y por la intención de reflexionar sobre el problema de la inmigración ilegal en el ¿gran? país del Norte.

Es posible que los fanáticos de las series Boston public o Ally McBeal reconozcan vagamente al actor Thomas McCarthy. Pero una cosa es segura: sin dudas nos resultará difícil olvidar su rostro y su nombre a quienes lo descubrimos como guionista y director de este segundo largometraje que sucede al muy recomendado (habrá que verlo) Vías cruzadas.

Contrariamente a lo que pueda imaginarse, el visitante aludido en el título del film no es el joven percusionista sirio que interpreta Haaz Sleiman y que se convierte en víctima impotente de una política migratoria arbitraria, injusta, brutal, perversa. Aquí, el verdadero extraño (extraño en su propia sociedad) es el protagonista, profesor universitario Walter Vale.

La mesura con la que el mencionado Jenkins encarna a este economista solitario, parco, incluso antipático se condice con la sutileza de un guión que consigue prescindir de la verborragia habitual en el cine estadounidense y que, tal vez por eso mismo, nos provoca una mayor empatía con personajes, situaciones y problemáticas. Así, en cuestión de minutos, la cámara de McCarthy nos revela el mundo interior de un neoyorkino ajeno a su entorno y atraído por una otredad exótica que lo rescata del hastío y la indiferencia.

La desconocida Danai Gurira y la experimentada Hiam Abbass (los cinéfilos la recordarán por sus intervenciones en las aquí reseñadas El paraíso ahora, La novia siria y El jardinero entre otras producciones) aportan su talento a esta suerte de coro cinematográfico donde nada desentona. Ni siquiera la idea de un final más cercano a la realidad que a la ficción, y por lo tanto fiel al bien intencionado objetivo de reflexionar sobre injusticias, inequidades y maltratos propios del llamado “Primer Mundo”.

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Comentario aparte
Por momentos el Walter Vale de The visitor nos recuerda al Ed Horman que Jack Lemmon encarnó en la inolvidable Missing de Costa Gavras. De hecho, tanto el académico imaginado por McCarthy como aquel padre que viaja a Chile para recuperar a su hijo desaparecido en Chile muestran, primero, la incredulidad y, luego, la indignación de dos ciudadanos norteamericanos que descubren ciertas iniquidades cometidas por su propio país.