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Da Vinci, el genio Agosto 29, 2008

Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).
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Exposición en el shopping AbastoA quienes conozcan poco (y quieran saber más) sobre la obra del renacentista Leonardo, a quienes no hayan tenido la suerte de ver sus trabajos originales, la exposición Da Vinci, el genio* puede resultarles enriquecedora. Destinada a un público acostumbrado a los tiempos y formatos televisivos, esta muestra presenta una suerte de zapping sobre las variadas facetas de una de las mentes más brillantes de Occidente. A pesar de algunas desprolijidades, la experiencia vale la pena como primer paso hacia el (re)descubrimiento de una inteligencia superior.

Cubrir a fondo la obra del maestro italiano sería un emprendimiento faraónico incompatible con una exhibición itinerante. Por eso, esta propuesta se limita a exponer reproducciones de los cuadros más representativos (La Gioconda, La última cena y El Hombre de Vitruvio** son las grandes vedettes), de los inventos más visionarios (los tantas veces comentados antecesores de autos, planeadores, submarinos), de los dibujos más reveladores (lecciones de anatomía que impresionan por su extrema rigurosidad), una maqueta de su ambiciosa “ciudad ideal” y algunos cuadernillos/libretas con anotaciones.

El recorrido atraviesa distintas disciplinas -pintura, escultura, dibujo, música, anatomía, ingeniería, arquitectura- y termina en una sección especialmente dedicada a La Mona Lisa. Allí los visitantes nos enteramos del trabajo de decodificación que un grupo de especialistas liderados por Jean-Pierre Mohen llevaron a cabo gracias a la utilización de rayos infrarrojos.

Cada instancia del trayecto cuenta con una suerte de gran panel que primero transcribe alguna cita de da Vinci y que luego sintetiza datos biográficos, artísticos y contextuales. Por su parte, los cuadros e inventos exhibidos están acompañados por pequeñas leyendas explicativas. En cambio -es una pena- los dibujos de anatomía carecen de toda aclaración.

Éste no es el único desatino en términos de contenido. A todas luces, el más flagrante radica en el hecho de que algunos paneles y algunos subtítulos de los videos proyectados (aquí cabe subrayar el formato televisivo mencionado al principio de este post) cometen errores gramaticales que presumiblemente se deben a traducciones literales del inglés.

Por otro lado, es cierto que la muestra explota el perfil más publicitario y/o publicitado de Leonardo, es decir su condición de genio. Esta “línea editorial” (por llamarla de alguna manera) privilegia al personaje por encima de la persona y por lo tanto propone un repaso bastante superficial.

Aún así, Da Vinci, el genio vale la pena. Por lo pronto, quienes desconozcan la prolífica e impresionante obra del artista renacentista, quienes no hayan tenido la suerte de apreciar sus trabajos originales podrán considerar esta exposición como una baño cultural que tal vez los incite a zambullirse en aguas profundas, entorno capaz de revelar mucho más.   
 
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* La compañía australiana Grande Exhibitions y la sede argentina de Time for Fun o T4F son las responsables de haber montado Da Vinci, the genius (éste es el título original). La cita es en el tercer piso del shopping Abasto. La fecha de cierre, el 30 de septiembre. El precio de la entrada, $30.

** En este evento también tuvo lugar la típica anécdota de color local que nos enorgullece a los argentinos. Al parecer, el lunes 14 de julio alguien confundió a la reproducción de El Hombre de Vitruvio con un souvenir. Por eso se lo llevó de recuerdo, probablemente para engalanar alguna pared de su departamento o para consagriarse con algún ser querido.

2008: odisea del espacio Agosto 27, 2008

Posted by La spectatrice in Periodismo/Medios.
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Captura extraida de LaNacion.com.ar

La noticia acaba de ser publicada por el diario La Nación. Al leerla, más de un lector pensará en Stanley Kubrick y en su clásico de ciencia ficción que, casualmente, en 2008 cumple cuarenta años.

La terapia Agosto 26, 2008

Posted by La spectatrice in Cine.
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La terapia o Solitario y astutoLa terapia o Solitario y astuto son los títulos en castellano adjudicados a The treatment, película de Oren Rudavsky que no debe confundirse con la ya reseñada En terapia, muy recomendable serie de HBO. Por lo pronto, el contraste entre la adaptación cinematográfica de la novela escrita por Daniel Menaker y la propuesta televisiva de Rodrigo García se origina en la manera (caricaturesca en un caso; seria en el otro) de retratar al psicoanálisis.

A diferencia del Dr. Paul Weston interpretado por el taciturno Gabriel Byrne, el Dr. Ernesto Morales que compone el liliputiense Ian Holm presenta rasgos excéntricos. De hecho, además de su baja estatura, este médico ficcional se destaca por su nacionalidad ¡argentina! y por cierta agresividad terapéutica (agresividad que el paciente protagonista recrea en su vida cotidiana en forma de fantasía persecutoria).

La clave del largometraje radica en la hipótesis de que el amor -y no la terapia- es la verdadera cura para el sufrimiento neurótico. El guión de Daniel Saul Housman y del mismo Rudavsky apuesta al humor para tomarle el pelo a la práctica del diván y reivindica a Cupido desde una perspectiva entrañable.

Un poco al estilo de Woody Allen, Jake Singer cumple el rol de antihéroe en principio irrecuperable. Sin embargo, dueño de una apariencia más atractiva que la del cineaste neoyorkino, el actor Chris Eigeman pone el acento en la vulnerabilidad de su personaje antes que en posibles limitaciones pintorescas (limitaciones físicas y conductuales que Allen supo explotar al máximo).

The treatment es un film apto para quienes tengan ganas de ver una comedia romántica sui generis, donde los escarceos amorosos comparten protagonismo con los escarceos del mundo psi. También resulta ideal para todo cinéfilo dispuesto a reírse de las taras humanas y, por supuesto, de los discípulos del tantas veces parodiado Sigmund Freud.

Everything Agosto 21, 2008

Posted by La spectatrice in Cine.
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Para algunos, Perversa Obsesión

Al menos en IMDb cuesta encontrar información sobre Richard Hawkins, guionista y director de Everything (aquí distribuida bajo el título burdo y tramposo de Perversa obsesión). Es una pena. Quienes valoramos su película nos quedamos sin saber de dónde viene y hacia dónde va el responsable de un trabajo que -en contra de lo que sugiere la promoción local- sabe esquivar todo atisbo de regodeo voyeurista.

Al margen de tanta incertidumbre, los seguidores de Ray Winstone podemos darnos el gusto de volver a verlo en la piel de un personaje recio por fuera y tierno por dentro. De hecho, su Richard comparte algunas características con el Gal Dove que compuso en la muy recomendable Bestia salvaje: por lo pronto, disconformidad consigo mismo y su entorno, y la consecuente necesidad de un giro drástico en su vida.

De yapa, también nos damos el gusto de descubrir a Jan Graveson y de conmovernos ante la comunión actoral que establece con su co-protagonista, sin mayores artilugios que un buen maquillaje y cierto juego de luces. Tanto es así que Everything (me niego a llamarla Perversa obsesión) bien podría adaptarse al formato teatral, sin necesidad de operar grandes cambios.

El largometraje del desconocido Hawkins propone un retrato sensible del submundo de la prostitución, y también aborda la problemática de los afectos. Los parlamentos de los personajes ofrecen una lección de sobriedad, pertinencia, sensatez, y la historia tiene el tino de evitar los estereotipos y golpes bajos que suelen colarse en este tipo de relatos.

Por lo visto, habrá que seguir buscando información sobre este guionista y director inglés más allá de IMDb. Siempre es bueno saber de dónde viene y hacia dónde va el responsable de un film que cautiva, sorprende, conmueve, y de esta manera promete una carrera interesante.

Un novio para mi mujer Agosto 19, 2008

Posted by La spectatrice in Cine.
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Un novio para mi mujer

Quienes hayan visto Con quién caso a mi mujer (Mr. Wonderful era el título original) hace unos quince años encontrarán que la recientemente estrenada Un novio para mi mujer no es tan original como en principio parece. De hecho, en aquella comedia romántica de Anthony Minghella, Gus (Matt Dillon) también se empecinaba en buscarle novio a su ex esposa (Annabella Sciorra) para sacársela de encima y también terminaba dándose cuenta de que su amor -a priori apagado- en realidad permanecía intacto, “encendido” en honor a la metáfora.

Sin dudas, la gran diferencia entre ambas películas pasa por una cuestión de solemnidad. Por lo pronto, el director argentino Juan Taratuto elige retratar los avatares de la pareja a partir de un sentido del humor más desarrollado que el de su colega norteamericano. En parte por eso la historia del Tenso y la Tana entretiene mucho más que la de aquel electricista separado y su ex.

Además influyen las actuaciones. Por un lado, y con todas los reparos del caso, Adrián Suar supera a Dillon en términos de simpatía congénita e incluso -por qué no- de interpretación (en este punto, quien suscribe se permite confesar su debilidad por el factotum de Pol-ka que sigue insistiendo en actuar aún a sabiendas de sus insalvables limitaciones). Por otro lado, Valeria Bertuccelli confirma su ductilidad y convierte a su personaje en el gancho más grande del film (fenómeno que no sucede con la irregular Sciorra).

Metido entre la pareja protagónica, Gabriel Goity aporta su cuota “entradora”, canchera si se quiere, y de esta manera acentúa la intención de mero divertimento que no pretende mucho más. Desde este punto de vista, la hilacha aleccionadora que el guión de Pablo Solarz muestra por momentos (me refiero a ciertas reflexiones que el Tenso y la Tana comparten durante una sesión de terapia) pasa casi desapercibida, o irrita menos que otros trabajos.

Dicho esto, es posible que los espíritus más o menos quisquillosos pongan el grito en el cielo ante determinados detalles como la publicidad subliminal del diario Clarín o la forzada y breve intervención de Guillermo Francella (especie de cameo que, en cambio, algunos televidentes festejarán). Ante la eventual indignación, conviene recordar que Un novio para mi mujer es -ante todo- una propuesta pensada para hacernos pasar un buen rato.

Con la debida predisposición, los cinéfilos encontrarán la manera de disfrutarla y, en última instancia, de profundizar la comparación con aquel otro largometraje que rescata este post. En este sentido, el clásico juego de las diferencias puede resultar bastante revelador.