¡Último momento! Julio 23, 2008
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Preocupación en la red local. Vecinos, familiares, amigos y fans exigen a las autoridades policiales y municipales que investiguen paradero de piba blogger. Según trascendidos, hace días la susodicha dejó de actualizar su página con la frecuencia y puntualidad habituales. Además, en contra de su costumbre, tampoco comenta en espacios amigos y ajenos.
La injustificada ausencia de la autodenominada “Espectatrice” sería motivo suficiente para iniciar un operativo de rastrillaje. Sin embargo, los especialistas sospechan que la desaparición es voluntaria, y por lo tanto prefieren esperar 48 horas antes de pasar a la acción.
Más información en el próximo flash informativo.
Vade retro Julio 22, 2008
Posted by La spectatrice in TV.3 comments
Atención, amigos de Espectadores. Al parecer, en cualquier momento tendremos que enfrentar la versión dosmilera (sí, dosmilera) de la fashion-canchera-melodramática-pedagógica-hollywoodense Beverly Hills 90210.

Por su bien, preparen las cruces, las Biblias, el incienso, las oraciones porque el engendro televisivo vuelve -con todos los bríos- del más allá infernal.
El hombre del año Julio 21, 2008
Posted by La spectatrice in Cine.2 comments

El hombre del año desembarcó en los videoclubes locales en mayo de 2007, sin nunca haberse estrenado en las salas de cine del circuito comercial. Probablemente nuestros distribuidores hayan encontrado que la película escrita y dirigida por Barry Levinson nos aportaría poco y nada a quienes ya vimos otras sátiras políticas made in USA (pienso sobre todo en El ciudadano Bob Roberts y en la menos buena Colores primarios) y les resultaría indiferente a los espectadores confiados en la sacrosanta democracia norteamericana. En caso de que esta especulación fuera cierta, habrá que subrayar el tino del pronóstico.
Aunque de una manera menos burda, la propuesta de Levinson comete el mismo pecado que Idiocracia y que Muriendo por un sueño (dicho sea de paso, films también descartados por los administradores de nuestra cartelera). En otras palabras, estas tres producciones coinciden en operar un doble juego que consiste en, por un lado, señalar ciertas taras de la sociedad estadounidense y, por el otro, inocular esas mismas taras en un discurso supuestamente crítico que termina degenerándose en fábula aleccionadora.
El guión de El hombre del año corretea entre la comedia, el thriller y el romance para por fin saltar hacia un cúmulo de lugares comunes sobre la honestidad, la justicia, la legalidad, la legitimidad y la gobernabilidad. Así la intención inicial de provocación desaparece cuando la invitación a imaginar a un cómico como Tato Bores elegido Presidente de la Nación desemboca en la elaboración de un folletín sobre un humorista que se reconcilia con su verdadera vocación y que (re)descubre el éxito, el amor y la felicidad.
Lo mejor de este largometraje son justamente los monólogos del protagonista Tom Dobbs, la retórica encargada de señalar las arbitrariedades y contradicciones del statu quo norteamericano. Aunque corra el riesgo de saturar con su verborragia y sus impostaciones habituales, Robin Williams aparece como la figurita ideal para este álbum.
Algo similar sucede con Christopher Walken. De hecho, quienes esperamos reencontrar su faceta cínica, sus pasitos de baile (esta vez, mientras permanece sentado en una silla de ruedas) quedamos satisfechos después de verlo en la piel del manager Jack Menken.
Lo peor de este largometraje responde a las derivaciones de un guión cursi, previsible, conciliador. Entre ellas, figuran las actuaciones poco convincentes de la irregular Laura Linney y del siempre indigesto Jeff Goldblum.
En 1998 las salas porteñas proyectaron Mentiras que matan, sátira política que nuestros distribuidores consideraron digna de un estreno oficial. No se equivocaron: esta otra película dirigida (aunque no escrita) por Levinson entretuvo al público local. Curiosidades del anecdotario cinematográfico: diez años más tarde, su sucesora corre una suerte muy (muy) distinta.
La amistad según el cine Julio 19, 2008
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Cada 20 de julio los argentinos celebramos el Día del Amigo, convencidos de que se trata de una fecha internacional. Cualquiera sea su magnitud, el evento merece un repaso cinematográfico como aquéllos publicados en honor a los Días del Periodista y de la Mujer. Una vez más, la lista de largometrajes queda abierta al aporte de los interesados en plegarse a este tributo anticipado.

Probablemente quienes transiten los treintaypico recordarán con cariño Cuenta conmigo, película que Rob Reiner filmó en 1986 (éramos tan jóvenes) y que lanzó a la fama al inolvidable River Phoenix. Con el tiempo, los cinéfilos volvimos a verla y supimos reconocer a Richard Dreyfus, reservado para las escenas del final, y al por entonces imberbe -y malvado- Kiefer Sutherland.
En plena época adolescente, muchas (¿muchos?) lloramos en el estreno de Eternamente amigas, con la simpática Bette Midler y con Barbara Hershey, que la mayoría asociamos a una de las hermanas de Hannah. En honor a la verdad, nunca me animé a repasar esta adaptación del best seller escrito por Iris Rainer Dart; temo encontrarla cursi y excesivamente lacrimógena.
En el polo opuesto, Extraña pareja se afianza como una suerte de himno a la amistad (a una amistad explosiva, irritante, por momentos inconcebible pero entrañable) que resiste el paso del tiempo y las 1001 proyecciones. A esta altura, la obra de Neil Simon filmada por Gene Saks y protagonizada por los queridos Jack Lemmon y Walter Matthau es un clásico que nadie debería ignorar.
En el contexto local Amigomío y La amiga son quizás los referentes -ambos responsabilidad de Alcides Chiesa y Jeanine Meerapfel- que enseguida nos dicta la memoria. Alguien podría señalar que el primer título retoma el apodo que un padre (Daniel Kuzniecka) le puso a su pequeño hijo (Diego Mesaglío), y que por lo tanto la relación de amistad queda subordinada a la relación paterno-filial. La observación es justa pero, aún así, no invalida la cita, al menos no del todo.
El segundo título vale como propuesta capaz de haber reunido a la legendaria Liv Ullmann con nuestra Cipe Lincovsky. Más allá de algunos desaciertos en el plano narrativo, la historia conmueve por su aproximación al dolor que la última dictadura causó en nuestras relaciones interpersonales y en nuestra vida cotidiana.
Este repaso no puede terminar sin antes mencionar -de nuevo- el posible desembarco de Friends en la pantalla grande. Por lo pronto, quienes opinan que la serie televisiva es insuperable en cuanto a “vivo retrato” de la amistad (amistad juvenil y neoyorkina) verán en la concreción de este proyecto un merecido reconocimiento cinematográfico no sólo al programa sino a un sentimiento universal.
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PD. Que mañana domingo los amigos de Espectadores disfruten de su Día. Dicho sea de paso, el blog volverá a actualizarse recién el lunes. ;-)
Rehén del tiempo Julio 18, 2008
Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).4 comments

Cuando tenía cuatro o cinco años, estaba convencida de que los mortales podíamos atravesar las fotos, y así abandonar nuestra realidad -nuestro presente- para volver al momento preciso en el que alguien presionó el disparador de la cámara. Dicho en términos un poco más filosóficos, la creencia pretendía que la unidimensionalidad de la fotografía fuera un efecto óptico pergeñado para relativizar/aligerar la convivencia con el ayer.
Dos eran las condiciones para que el traslado espacio-temporal resultara exitoso: la primera, reconocernos en la imagen en cuestión (de qué otro modo podríamos reencontrarnos con nosotros mismos); la segunda, cerrar los ojos y concentrarnos lo suficiente como para activar la riesgosa aunque imprescindible des/re-materialización de nuestra anatomía.
Porque mi capacidad de concentración es limitada, jamás pude atravesar una sola foto. Aún cuando mantuve los ojos bien cerrados. Aún cuando salté sobre más de una diapositiva con la intención de “caer” en el instante justo registrado para la posteridad.
En este sentido, el Séptimo Arte me ofreció gran consuelo. Por lo pronto, películas como La rosa púrpura del cairo y El último gran héroe (me) confirmaron que, en efecto, las fotos -los “fotogramas” en el vocabulario cinematográfico- son la puerta de ingreso a un universo paralelo.
Desde este punto de vista, el universo ficcional que Cecilia/Mia Farrow y Danni/Austin O’Brien visitaron en los films de Woody Allen y John McTiernan se corresponde con el universo autobiográfico, en principio perimido, que una hipótesis personal elucubrada treinta años atrás calificaba como vigente, disponible, transitable.
A pesar de las tres décadas transcurridas, la fantasía sobre cierta posibilidad de teletransportación (re)aparece cada vez que repaso fotos de la niñez y adolescencia. Sin embargo, lejos de la curiosidad y el frenesí propios de la tierna infancia, la exigencia de cerrar los ojos ahora me provoca miedo: no vaya a ser cosa que tras abrirlos me descubra rehén de un tiempo pasado o narrativo ajeno al presente de mi estable, segura y confortable adultez.

