I’m not there 19/05/2008
Posted by María Bertoni in Cine.trackback
Anticipo
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En principio, hoy empieza la cuenta regresiva (de diez días) para que la publicitada I’m not there se estrene en Buenos Aires. La promoción de la película de Todd Haynes opera a partir de tres ganchos, aquí enunciados por orden de importancia: 1.- la intención de tributo al gran Bob Dylan con la consecuente inclusión de una banda de sonido propicia; 2.- la exhibición de uno de las últimos trabajos del difunto Heath Ledger; 3.- el travestimo de Cate Blanchett. Mientras el primero seguro sabrá cautivar a los seguidores del trovador estadounidense, los otros dos podrán captar la atención de los no fanáticos… por un tiempo limitado.
Es lógico que la tarea de abordar las distintas facetas del prolífico cantautor y la decisión de pasar canciones enteras consuman celuloide, y por lo tanto tiempo. Asimismo es lógico que una propuesta multi-estelar (recordemos que, además de los mencionados Ledger y Blanchett, también participan Christian Bale, Richard Gere, Julianne Moore, Charlotte Gainsbourg, Michelle Williams, Ben Whishaw y Kris Kristofferson en tanto narrador en off) deba concederle un espacio considerable a cada una de las celebridades convocadas.
Dicho esto, es igualmente lógico que un film que dura dos horas y cuarto, con idas y vueltas en el tiempo, con una combinación de actores protagónicos que deben encarnar las distintas capas existenciales de un mismo personaje corra serios riesgos de resultar excesivamente largo, e incluso indigesto.
Es cierto que, durante un tiempo, uno puede deleitarse con las citas del “maldito” Arthur Rimbaud, con la excelente actuación de Cate, con el parecido físico entre Bale y Dylan, con cierto recuerdo nostálgico de Heather, y por supuesto con tanta música interpretada y subtitulada. Pero llega un momento en que estas distracciones terminan diluyéndose en el fárrago de parlamentos interminables, de alegorías redundantes, de tiros por elevación contra un presente “bushiano” bastante parecido a un pasado “nixoniano”.
[Comentario al margen. Este paralelismo ya fue tratado en la mucho más sintética, y mucho menos promocionada, USA vs John Lennon.]
Sin dudas, I’m not there es una mega-producción impactante en términos de recreación histórica y biográfica, y un trabajo conmovedor en cuanto transmite la enorme admiración que seguramente guió a Haynes y a todo su equipo. Lamentablemente quienes no compartimos esta pasión por Dylan tampoco podemos compartir la pasión por una película que sólo los muy entendidos sabrán apreciar, disfrutar y recomendar.







Cuando Bob Dylan estuvo (recientemente) en Rosario, mi hijo (un monstruo de 23 años) fue a verlo, ya que es fanático de su música. Luego de ello, cuando nos vimos, me relató algunos pormenores del recital… Y no pude dejar de reflexionar…
Vini, vidi, vinci.
Dylan llegó, cantó y se fue. Un relojito. Nada de exageraciones, cero desborde, ni un asomo de bis. El tipo arribó, con toda la parafernalia lista, tocó sin equivocarse, con toda su profesionalidad y… partió.
Entonces pienso, digo, me parece, el loco no necesita de guita (creo), tampoco de reconocimiento público (creo II).
Necesitaba promocionar su disco? Estaba en el contrato el venir a “Las Pampas”? Por qué no hubo un “disimulado y ficticio” romance con los “negros” del sur? Se perdía de algo? A qué vino?
Particularmente no me agrega ni quita nada su arte, pero sé (me consta) que a muchos si. Asi que aprovecho este espacio que (seguro) Dylan lee, para decirle:
Robertito, la próxima vez que saqués un disco y pienses en promocionarlo en el patio trasero, metete la idea en el oscuro y recóndito fondo de tu sajón cu…
Perdón, se me saltó la cadena.
Sin embargo, previas medidas de seguridad insumidas en el Festival de Zacatecas 2008, tocó dos horas junto a la explanada de la catedral zacatecana y cobró el resto del dinero en pago cuyo monto se desconoce, pero que cerró su compromiso artístico, ya que el Instituto de Cultura Zacatecano le había adelantado 360 mil dólares (según Ernesto Márquez, en La Jornada, lunes 23.
Esto fue posterior a su viaje del mes de Marzo del 2008 en la cancha de Velez, habría que averiguar cuanto se llevó y quién hizo el negocio interno..
Su promotor Grossman ( finado ) le enseño el negocio de ser un mito
desde que lo inició como cantautor en aquellos años 60 al nombre de Bob Dylan.
La plata mueve al mundo, como los terremotos asolan el planeta..
La diferencia es que un terremoto dura entre 24seg o 30 según la escala de ritcher, y Bob Dylan tiene 66 años y 40 años en eso de venir, ir, y cobrar. El nunca mejor ponderado toco y me voy.
Saludo cordiales a Spectatrice y a Lord Ade…¿ noz ?
Me llama la atención, pero no termino de entender esta idea de Blanchet representando a Dilan… tal vez cuando la vea lo comprenderé
Un abrazo grande, María.
Estimada Pati @-;–, mientras miraba la película imaginé que habrían decidido convocar a una mujer (en este caso a Cate Blanchett) como apuesta a una estética andrógina que sirviera para sugerir la faceta transgresora de Dylan. Pero éstas son especulaciones infundadas, absolutamente personales.
Ojalá algún fanático del cantante, y que haya visto la película, pase a comentarla porque -seguro- sabrá interpretar mejor ciertas decisiones de casting y guión.
Abrazo grande para ustedes, y saludos para Lord Ade y Rodolfo.
Nunca me ha llegadoa a enganchar esta peli, no se si darle una oportunidad…
Si no sos fanático de Dylan, Juan, me permito desaconsejártela…
Aquí, la crítica de un espectador entusiasta.
Julián/Edgardo/EspantaPajaros/LosGatosNoSeComen y demás nicks que uses, te sugiero que repases la Política Editorial de Espectadores antes de (volver a) molestarte en escribir trece o más comentarios tan imbéciles y agraviantes que nunca se publicarán.