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El síndrome de la palmera Mayo 31, 2008

Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).
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El sindrome de la palmera¿Herencia aggiornada de nuestros ancestros prehistóricos? ¿Delirio de quienes añoran/ansían vacaciones en playas caribeñas? ¿Referencia obligada para pobladores de países tropicales, léase “bananeros”, léase “subdesarrollados”? Sería interesante conocer el origen de la expresión “colgarse de la palmera”, y de paso descubrir la razón por la cual los porteños veinte/treinta/cuarentañeros de clase media-alta la utilizan cada vez que pretenden excusar un olvido, un descuido, una distracción, un plantón, en síntesis, una metida de pata.

Una metida de pata. Es decir, un error que -tal como alguna vez escuché en boca de una preclara empleada de la ANSES- “fue involuntario”. Un acto fallido, en términos freudianos. Un traspié, para los estudiosos de la motricidad humana.

En contra de lo que podría suponerse, quienes se cuelgan de la palmera enseguida pierden su capacidad de percepción. La altura (y/o el follaje, quién sabe) los distancia(n) -¿preserva(n)?- de la vida mundana. No hay vista panorámica que valga, tampoco sonido sorround. La palmera se convierte entonces en equivalente del ombligo; de ahí que la definición de “conducta ombliguista” admita una segunda acepción palmerística.

Por favor, descarten cualquier interpretación sobre tendencias suicidas. Aquí “colgarse” no significa “ahorcarse”. En todo caso, es sinónimo de “treparse” o, mejor aún, de “hamacarse”, de “balancearse”, en definitiva, de quedar suspendido entre las hojas del árbol longilíneo y el aire, el vacío, la nada.  

Las palmeras no abundan en la ciudad de Buenos Aires. A lo sumo, las distinguimos en patios coloniales de viejas dependencias gubernamentales, en “playas” de estacionamiento (valga la recuperación de la palabra encomillada), a lo largo de recorridos imaginados, concebidos, trazados y promocionados con fines turísticos o de esparcimiento.

Sin embargo, los porteños veinte/treinta/cuarentañeros de clase media-alta tienen cada vez menos dificultad en encontrar una palmera de donde colgarse. Quizás haya que echarles la culpa a cierta herencia prehistórica/simiesca, a cierto delirio vacacional, a cierta referencia obligada del subdesarrollo, o simplemente al siempre oportuno arte de excusar(se).

Haciendo (¿de cuenta?) Mayo 30, 2008

Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).
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Esta vez no existe margen para la duda. Los nuevos carteles amarillos dispuestos en la vía pública también figuran en el sitio web del Gobierno de la Ciudad, como material de la campaña “Haciendo Buenos Aires”, y la foto que ilustra este post coincide con la cuarta captura publicada en la página oficial.

Mi comentario es el mismo que el de un año atrás. Lo transcribo con algunos matices en función del contexto actual:

Estaría bueno que, antes de lanzar una campaña gráfica en la calle, los publicistas contratados por el PRO* consultaran algún manual de lengua castellana.

Por lo pronto, construcciones como “estamos haciendo que nadie los lastime (a los árboles)” o “hagamos que todos nos manejemos mejor” están más cerca de una mala traducción literal del inglés que de la aplicación correcta de nuestra gramática. De hecho, el “hagamos que” es una localización (anglifiquémosnos del todo, ya que estamos) del clásico “let us” o “let’s”. Desde este punto de vista, ”hagamos que todos nos manejemos mejor” equivaldría entonces a “let´s drive/behave better”.

Dicho sea de paso, en un cartel que reza “estamos haciendo que haya menos baches”, convendría que la frase siguiente fuera “hagamos que todos manejemos mejor”, sin el “nos” redundante. También dicho de paso, la decisión de asociar una acción positiva (en estos casos plasmada en el verbo “hacer”) a una subordinada negativa (a partir de la palabra “menos” en el caso de “estamos haciendo que haya menos baches” o de la palabra “nadie” en el caso de “hagamos que nadie los lastime” o “hagamos que nadie tire los papeles al piso“) contraviene las reglas más básicas de la lógica discursiva.

Foto tomada ayer jueves con celular en pleno centro porteño, sobre Leandro Alem a la altura de Paraguay

En otras palabras, suena por lo menos rebuscado “hacer para que nadie haga” (tal o cual cosa) o “hacer para que haya menos” (tal o cual cosa). En términos matemáticos, estas construcciones remiten a esa combinación +- que en definitiva remite a la noción de 0 (cero).

Nuestro español nos ofrece alternativas mucho más directas y contundentes para decir lo primero (bendito sea el verbo impedir) y lo segundo (benditos sean los verbos reducir o disminuir). Pero, claro, probablemente los cráneos publicitarios responsables de esta campaña hayan pensado que los verbos impedir, reducir, disminuir van en contra de la imagen PRO, y por lo tanto deben ser erradicados del campo lexical utilizado por el partido gobernante.

Este mismo razonamiento se esconde detrás de la insistencia en el hacer. En un hacer aseverativo y continuo o, sigamos anglificándonos, non-stop (”estamos haciendo”) y un hacer imperativo (”hagamos”), en ambos casos inclusivos/participativos (por eso el uso de la segunda persona del plural) para que ningún malintencionado denuncie la falta de espíritu democrático.

El problema es que algún malintencionado podría sugerir que, en realidad, la expresión “hagamos que” es la versión elíptica de una expresión autóctona y auténtica: “hagamos de cuenta que”. De hecho, alguna mente intrigante podría reemplazar el subjuntivo por el indicativo, y revelar la verdadera intención de las leyendas inscriptas en los carteles amarillos: “hagamos de cuenta que todos (nos) manejamos mejor” o “hagamos de cuenta que nadie tira los papeles en el piso” o “hagamos de cuenta que nadie los lastima (a los árboles)”.

Ante este riesgo, cuesta creer en la pertinencia y efectividad de una campaña cuyo texto pretendidamente coloquial, canchero, ¿cosmopolita? termina convirtiéndose en ejemplo de gran desatino gramatical… y comunicacional.

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* Comentario al margen: recién ahora reparo en la desaparición del sitio web que el partido de Mauricio Macri había montado durante la campaña pre-electoral, y cuyo link era http://www.ciudadpro.com/.

Futurología periodística Mayo 29, 2008

Posted by La spectatrice in Periodismo/Medios.
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Arriba, la fecha verdadera de publicación. Un poco más abajo, la fecha del mañana.

Los teléfonos de El Siglo de Tucumán deben estar ardiendo por los llamados de quienes, azorados, encontraron en su edición online de hoy jueves artículos con fecha de mañana viernes. Señoras y señores, si esto no es futurología periodística, ¿la futurología periodística dónde está?

Encuesta trillada Mayo 29, 2008

Posted by La spectatrice in Universo Blogger.
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Encuesta trilladaPor favor sepan disculpar; ésta tampoco es una pregunta ocurrente, mucho menos original. Pero me permito hacerla igual, por simple curiosidad:

¿Por qué decidieron montar un blog?
o, en caso de no haberlo hecho todavía,
¿Por qué montarían un blog?

Para los más fiacas, he aquí el cómodo formato multiple-choice (las opciones no son excluyentes):

- Porque me gusta escribir.
- Porque en mi blog puedo escribir sin censura.
- Porque me gusta llevar un diario íntimo, y mi blog es como un diario íntimo.
- Porque me gusta compartir un espacio propio con amigos y familiares.
- Porque un blog es una buena tarjeta de presentación profesional.
- Porque quiero difundir información/material inédito.
- Porque no tengo dinero suficiente para montar un emprendimiento online de mayor envergadura.
- Porque quiero saltar al estrellato.
- Porque está de moda.
- Porque me prendo a toda la movida web.
- Porque estaba aburrido/a.
- Per codere.

Quienes quieran explayarse sabrán que las “cajas” reservadas para los comments admiten las argumentaciones más extensas… y más delirantes. ;)

Tootsie Mayo 28, 2008

Posted by La spectatrice in Cine.
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TootsieCuando ayer me enteré de la muerte de Sidney Pollack, enseguida pensé en Tootsie, título que el difunto director/actor/productor norteamericano filmó en 1982 y que devino en referente para otras películas, incluso para ciertos programas de TV (recuerdo el famoso sketch de nuestro Olmedo), dispuestos a jugar con la idea de un travestismo utilitario y ocasional. De ahí la decisión de redactar este post tardío a modo de homenaje.

En Tootsie, así como más tarde en Papá por siempre, el protagonista “se convierte” en mujer para enfrentar un conflicto personal: el desempleo en el caso de Michael Dorsey; el desempleo y la imposibilidad de convivir con sus hijos en el caso de Daniel Hillard. La transformación arroja sus frutos porque resuelve el problema en cuestión, al menos a corto plazo, y porque, a largo plazo, hace de estos hombres personas mejores.

El efecto superador se debe a la posibilidad de descubrir y vivir en carne propia los avatares propios del sexo opuesto, desde los más superficiales (por ejemplo, los gajes de la moda) hasta los más delicados (por ejemplo, el acoso sexual). En ambos largometrajes, la intención de reivindicación se da por partida doble ya que Dorothy Michaels y Euphegenia Doubtfire son, además de mujeres, señoras maduras por no decir mayores. 

Quizás éste sea uno de los mejores trabajos de Dustin Hoffman cuando de comedia se trata. A diferencia de Robin Williams, quien años antes supo consagrarse con Perdidos en la noche sólo usa una peluca y grandes anteojos (además de otros accesorios y la vestimenta) para componer a Dorothy.

Aquí no hay máscaras de yeso para el rostro, ni corset de gomaespuma para el cuerpo. Tampoco existe la posibilidad de imitar otro acento para dismular las interferencias que pueda ocasionar la voz masculina original.

Si tuviera que elegir el mejor gag de Tootsie, elegiría la escena en que Michael Dorsey intenta “levantarse” a Julie (Jessica Lange) con el parlamento que Julie siempre imaginó en boca de un hombre sincero, atrevido, directo, el mismo que le confió a su amiga Dorothy Michaels en una charla íntima, y el mismo que termina valiéndole a Michael una cachetada suprema. Sin dudas, un sketch acertado a la hora de bromear sobre el abismo que a veces aparece entre el dicho y el hecho para las descendientes de Eva.  

Hace más de 25 años (¡un cuarto de siglo!) que Pollack dirigió esta película. Sin embargo, la historia de Don McGuire y Larry Gelbart conserva su vigencia aún hoy, tanto como aquella canción de Stephen Beshop, convertida en tema principal y que los nostálgicos ochentosos seguro recordarán: It might be you.