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Estreno postergado March 31, 2008

Posted by La spectatrice in Cine.
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La LeónEl estreno local de La León, película del argentino Santiago Otheguy, galardonada en el Festival de Berlín ‘07, viene postergándose hace meses, ahora semanas. Por lo pronto, en un primer momento, cuando se refirieron a la distinción alemana, algunos medios adelantaron que el film desembarcaría en las salas porteñas en noviembre. Sin embargo, tal como informó la gente de la distribuidora 791, la fecha se fijó para el 20 de marzo, luego se trasladó al 27 -es decir, al jueves pasado- y finalmente quedó suspendida por tiempo indeterminado.

Para mí, este largometraje tiene un interés especial que supera la cuestión estríctamente cinematográfica. De hecho, fui compañera de colegio del guionista y director del largometraje, desde jardín de infantes y hasta terminar el secundario. Nunca fuimos amigos pero durante nuestra infancia y adolescencia compartimos aulas, docentes, recreos, bailes e incluso un viaje de intercambio estudiantil a Francia. De ahí la curiosidad por su trabajo.

Dos o tres años después de haber obtenido el bachillerato, Santiago se instaló en ”la douce France“ donde reside actualmente. Desde entonces, supe de él a través de información publicada en ciertos sitios web galos, y me enteré de su carrera académica y laboral relacionada con el Séptimo Arte. Precisamente La León es su primer largometraje, después de haber realizado algunos cortos y de haber asistido a Juan Solanas en el rodaje de Nordeste.

Mientras leía el citado post de 791, no pude dejar de imaginar qué sentirá alguien que vuelve a su país natal quince años después, para filmar su ópera prima (en una isla del Tigre), luego para asistir a un pre-estreno sui-generis, y que termina encontrándose con un sistema de distribución casi perverso, donde las idas y vueltas del estreno oficial pueden provocar una situación de espera e incertidumbre injustificable, inmerecida, sin dudas reprochable.  

Supongo que nada demasiado grato…

Plazos March 30, 2008

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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Plazos¿Por qué en nuestro país nos manejamos con plazos? ¿Por qué quienes aseguran ofrecer un servicio se comprometen a entregarlo determinado día, a determinada hora? ¿Por qué los clientes creemos que efectivamente contaremos con que dicho servicio estará listo a ese día, a esa hora?

¿Acaso los plazos no forman parte de un cronograma, que a su vez supone un proceso, que a su vez nace de una metodología, que a su vez implica la puesta en marcha de cierta disciplina, sinónimo de seriedad, eficiencia, eventualmente de profesionalismo?

Es cierto. Los plazos se aplican con cierto margen de flexibilidad, en virtud de los inasibles imponderables. Pero en ese caso, es decir, cuando los imprevistos ganan la pulseada e impiden el cumplimiento de los plazos, ¿acaso no debe reprogramarse el cronograma y, sobre todo, no debe comunicársele al cliente damnificado la designación de los plazos nuevos?

¿Por qué en un país donde comerciantes, proveedores, empresarios, profesionales e incluso consumidores suelen confundir ”servicio” con “favor” nos emperramos en imitar modelos de negocios, sistemas de atención al cliente, mejores prácticas efectivos en el llamado “Primer Mundo” cuando -está claro- carecemos de los tres fundamentos básicos que rigen cualquier situación contractual: honestidad, compromiso y respeto?

¿Por qué no nos asumimos tal cual somos, evitamos los plazos y recurrimos a los viejos circunloquios, frases imprecisas, inconsistentes, dignas de comerciantes, proveedores, empresarios, profesionales e incluso consumidores cortados por la misma tijera? A saber:

* “Te llamo cuando el trabajo esté terminado”.
* “El aparato va a estar arreglado cuando esté arreglado”.
* “Te lo envío cualquiera de estos días”.
* “Te lo alcanzamos en el transcurso del mes”.
* “Estará listo en algún momento”.

Jewboy March 29, 2008

Posted by La spectatrice in DVDs.
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JewboyAlgunos asociarán el título Jewboy a una especie de superhéroe como Astroboy o Superman. Sin embargo, esta película australiana filmada en 2005 no se relaciona con ninguna historieta. Al contrario, el protagonista posee algunas características del antihéroe y ninguna típica de los hombres inquebrantables que pintan los comics.

El film escrito y dirigido por Tony Krawitz describe la crisis existencial que atraviesa Yuri, formado para convertirse en rabino pero en conflicto con la comunidad ortodoxa a la que pertenece. La contradicción lo lleva a buscar en el afuera laico las respuestas, la experiencia, el conocimiento, la contención que en principio no encuentra entre los suyos.

Aunque enmarcada en un contexto específico, la historia sirve como fábula universal, aplicable por un lado a todos los credos y, por el otro, a quien se sienta asfixiado por su propio entorno cultural, social, religioso. En este sentido resulta imposible no sentirse identificado con el personaje interpretado por el desconocido Ewen Leslie, tironeado entre el mandato familiar y la posibilidad de descubrir y emprender una vida nueva.

Desde ya, el largometraje también resulta interesante en tanto retrato de la comunidad judía ortodoxa. De hecho, las dudas, la rebeldía, la fidelidad de Yuri permiten una aproximación rica en matices e interpretaciones.

Por más de un motivo, Jewboy es una propuesta a todas luces recomendable. Pensándolo mejor, la asociación historietística no es tan descabellada cuando, en definitiva, el protagonista de este largometraje debe enfrentar cierta dualidad interna y descubrir su verdadera identidad.

El caimán March 28, 2008

Posted by La spectatrice in DVDs.
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El caimánConviene que los interesados en alquilar El caimán conozcan algo de la política italiana actual (o al menos sepan quién es Silvio Berlusconi) y que estén familiarizado con el cine de Nanni Moretti, en general verborrágico e irónico, siempre “tanísimo”. De lo contrario, la película corre riesgos de provocar indiferencia o saturación.

A grosso modo, Moretti trabaja con dos niveles narrativos. En el primero, asistimos a las desventuras de Bruno Bonomo, productor cinematográfico venido a menos y ahora embarcado en la concreción de un film escrito y dirigido por una novata. En el segundo, nos asomamos al contenido de dicho film: una recreación de las actividades empresarias, mediáticas, dirigenciales del mencionado Berlusconi.

La combinación entre ambos planos permite que el realizador vaya más allá del alegato contra una figura pública tan influyente como controvertida (una mezcla de nuestro ex zar mediático Alejandro Romay y nuestro ex Presidente Carlos Menem), y presente un retrato social, idiosincrático. De ahí la apariencia de gran mural que por momentos adquiere el largometraje: un mural que muestra a la Italia insertada en la Unión Europea, a la Italia con reminiscencias fascistas, a la Italia cuyas variadas contradicciones se parecen a las que padecemos -y nunca resolvemos- sus hijos dilectos.

Por otra parte, El caimán también tiene un indisimulado costado autorreferencial. De hecho, Moretti es cineasta, y muestra las dificultades de hacer cine en su país (hasta se permite actuar como personaje secundarísimo). Moretti tiene un pensamiento de izquierda, y parte de ciertas convicciones ideológicas para criticar a Berlusconi, a la política neoliberal y a sus seguidores. Moretti es hombre y alude a ciertas taras machistas presentes en la mayoría de sus compatriotas varones.

Por momentos, da la sensación de que esta propuesta responde básicamente a la necesidad del realizador de expresar su contrariedad, su vergüenza, su desesperación como ciudadano. De ahí que, por momentos, el film resulte apresurado, improvisado, desprolijo, con un desarrollo que no termina de enganchar y un cierre que no termina de cerrar.

Aún así, El caimán tiene su encanto. Sabrán encontrarlo los interesados en la política italiana actual, los seguidores del inconfundible Moretti, y por supuesto quienes desconfían del magnate Berlusconi.

Propiedad privada March 27, 2008

Posted by La spectatrice in Cine.
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Propiedad privadaNula propiedad es la traducción acertada para Nue propriété, película belga cuya historia gira en torno a una casa que se disputan una mujer divorciada y sus hijos veinteañeros. Un poco al estilo de los hermanos Dardenne, el film escrito y dirigido por Joachim Lafosse mete el dedo en la gran llaga familiar de una manera ascética, casi desafectada, pero absolutamente convincente.

Es un placer reencontrarse con una Isabelle Huppert liberada del rol de mujer perversa que le adjudicaron en tantos largometrajes, por ejemplo Ma mère, La profesora de piano y La ceremonia. Aquí su Pascale oscila entre el papel de heroína (inmersa en un mundo de hombres compuesto por un ex marido, dos hijos, un vecino y amante) y el papel de víctima (especialmente del encono de uno de los hijos).

También es un placer reencontrarse con Jérémie Renier, rubio talentoso que promete mucho desde sus primeros trabajos cinematográficos, y descubrir a su hermano en la vida real (Yannick Renier). Entre ambos, recrean un lazo fraternal que en la ficción parece inspirado en el trágico episodio protagonizado por los bíblicos Caín y Abel. 

Como suele suceder con las buenas películas, ésta también sugiere más de lo que muestra. De ahí, por ejemplo, la especial atención que la cámara le presta a la relación con la comida o, mejor dicho, a cierta compulsión con la que los hijos engullen, fagocitan, mastican. Ese mismo frenesí con el que Thierry provoca y maltrata a su madre.

En Propiedad privada, Lafosse aborda los distintos tipos de violencia doméstica, desde la más escondida, en principio ajena a la cuestión familiar (pienso en la rivalidad latente entre los belgas flamencos y valones) hasta la más manifiesta (pienso en la escena del empujón y los cristales rotos). Evidentemente, se trata de un fenómeno que ni el Derecho -ni mucho menos un título inmobiliario- puede(n) controlar.