La cacatúa roja

La cacatúa rojaContemporánea de La vida de los otros, La cacatúa roja es otro esfuerzo del cine germano por retratar a una Alemania partida en dos durante la Guerra Fría. Probablemente eclipsado por el éxito que obtuvo el trabajo de Florian Henckel von Donnersmarck, el film de Dominik Graf tuvo mucha menos difusión que su par. En Argentina, por ejemplo, sólo se exhibió en el Festival de Cine Alemán realizado en octubre de 2002 (IMDb dixit).

Entre ambas películas podríamos trazar una línea histórica. En el extremo izquierdo, se encontraría el film de Graf, ambientado en las semanas previas a la construcción del muro de Berlín (es decir, principios de los años ’60). En el extremo derecho, colocaríamos al largometraje de von Donnersmarck, ambientado entre la mitad de los ’80 y principios de los ’90, cuando el derrumbamiento del bloque soviético.

De esta manera, tenemos la sensación de que las advertencias deslizadas en La cacatúa roja terminan cumpliéndose en La vida de los otros. También entendemos porqué en la primera película la gran referencia histórica consiste en la mención de un hito (el levantamiento del muro), y en cambio en la segunda película conforma todo un personaje (el agente Wiesler de la Stasi).

En realidad, el relato de Graf opta por girar en torno a un triángulo amoroso antes que mostrar de manera explícita las características de un contexto determinado. De ahí que la intención de repaso histórico resulte menos pedagógica/flagrante y, por lo tanto, corra menos riesgos de enfrentar acusaciones de maniqueísmo o manipulación ideológica.

El contraste entre ambas películas, así como el contraste que puede existir entre otros films que van más atrás en el tiempo (pienso en Sophie Scholl. Los últimos días y en El noveno día), hace pensar en el abanico de títulos que el cine argentino le dedicó a nuestra última dictadura militar desde la recuperación de la democracia y hasta nuestros días.

Ante este paralelismo, cabe preguntarse cuál será la reacción del público alemán ante el surgimiento de un “nuevo cine” interesado en multiplicar las versiones/interpretaciones de un ayer en principio perimido. ¿Lo condenarán porque parece fomentar una obsesión enfermiza con el pasado? ¿Le darán la bienvenida por considerar que desasna/concientiza a los espectadores más jóvenes? ¿Se mostrarán absolutamente indiferentes?

La cacatúa roja tiene el mérito de disparar éstas y otras preguntas que superan el interés estrictamente cinematográfico. A lo mejor a muchos curiosos les baste leer esto para sentir ganas de verla. De ser así, adelante.

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