Vuelo 93

Vuelo 93Si los atentados al World Trade Center y al Pentágono no estuvieran metidos en el medio, Vuelo 93 sería una propuesta entretenida. Entretenida en un sentido hollywoodense, es decir, adrenalítica, capaz de mantenernos en vilo a partir de distintos elementos: algo de cine catástrofe, otro tanto de thriller bélico-político y el infalible truco de contar una tragedia en tiempo real, a modo de documental filmado en vivo y en directo. Pero justamente porque los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 están metidos en el medio, la película escrita y dirigida por Paul Greengrass es -más que entretenida- fascinante.

En términos generales, resulta fascinante asistir a la gestación de la Historia o del discurso histórico, actividad inherente a la condición humana y que por lo tanto todos los hombres, pueblos y naciones se encargan de llevar adelante. De ahí que la experiencia sea altamente recomendable para quienes aún están convencidos de que es posible abordar, recrear, interpretar, concebir el pasado de los países de una manera objetiva, neutral, ecuánime.

En términos particulares, resulta fascinante asistir al rol que Hollywood cumple como instrumento de propaganda, como productor y difusor de una verdad/realidad oficial. En este caso, la astucia de Greengrass (astucia que hace honor a su nacionalidad británica y que lo distingue de la mayoría de sus colegas norteamericanos) consiste en contar un episodio acotado: la sublevación que habría protagonizado la tripulación de uno de los aviones secuestrados por las huestes de Osama Bin Laden antes de estrellarse.

De esta manera, la anécdota aparece como “el” hito que sirve no sólo para simplificar un suceso extremadamente complejo, arraigado en diversos factores históricos, geopolíticos, culturales, sino para explotar las virtudes del ser nacional norteamericano y los abominables defectos del enemigo árabe/islámico/musulmán. De esta manera, el director inglés logra que el árbol tape al bosque, y conforma/consuela a un público acostumbrado a vivir (nunca tan pertinente esta segunda metáfora) colgado de una palmera.

A diferencia de lo que Michael Moore quiso hacer con Fahrenheit 9/11, Greengrass no pretende desmenuzar -mucho menos analizar- lo ocurrido. Su objetivo consiste en colocarnos en un lugar estratégicamente delimitado -el de los ciudadanos norteamericanos atrapados en ese vuelo de la muerte- que nos impide mirar más allá, y que nos obliga a concentrarnos en esa única situación de violencia, desprotección, sufrimiento, impotencia, desesperación y entrega.

Probablemente el único momento en que el realizador nos libera de esa lente unidimensional es cuando nos muestra a los rehenes estadounidenses y a los terroristas de Al Qaeda rezando al mismo tiempo, cada bando en su idioma, mientras el avión cae en picada. La excepción no es fortuita; abre paso al discurso aleccionador, en esta ocasión equivalente al “y pensar que en definitiva somos iguales: creemos en un Dios; le confiamos nuestra alma antes de morir” o “y pensar que ellos también creen en un Dios, y sin embargo no tienen problema en inmolarse y en masacrar a personas inocentes”.

A todas luces, lo que Vuelo 93 muestra es lo que el americano medio quiere ver. Por un lado, que “los árabes” no tienen piedad; que son medio brutos (causa un poco de gracia el hecho de que, para guiarse, el terrorista encargado de pilotear el avión enganche una foto de la Casa Blanca en el timón); que odian a los Estados Unidos sin razón. Por el otro, que los sobrinos del Tío Sam son valientes, solidarios, fuertes, inteligentes, correctos.  

Nobleza obliga. Quizás para evitar las acusaciones de maniqueísmo o reduccionismo, quizás porque hasta el recorte histórico más intencional y oportunista se basa en datos/hechos concretos, Greengrass no gasta todos sus dardos en el enemigo osamabinladeniano. Al contrario, algunos van dirigidos a las Fuerzas Armadas norteamericanas por improvisadas e inoperantes, y a la alta dirigencia política por pusilánime y/o indiferente.

Sin dudas, ésta no es la primera vez que se hace cine en nombre de la Historia, y la asociación entre ambas disciplinas tampoco es privativa de Hollywood o de los Estados Unidos. Sin embargo, para bien o para mal, United 93 (ése es su título original) sabe destacarse entre sus pares gracias a la astucia de un director capaz de cautivar al público o bien porque su propuesta adrenalítica entretiene -eventualmente conmueve- o bien porque su recreación del pasado resulta por demás elocuente.

8 comentarios en “Vuelo 93

  1. Impecable, tu reseña. A mí también me causó mucha gracia el detalle de la foto en el volante del avión. Además coincido con que la película exacerba el ideal yanki de solidaridad y heroísmo.
    Habría que agregar o aclarar que la acción no se desarrolla únicamente en el avión. Greengrass también muestra lo que pasa en las centrales de operación y en las torres de control de los distintos aeropuertos afectados por el ataque terrorista. La idea le viene bien para marcar un contraste entre la actitud aguerrida de los rehenes y la inoperancia de la US Force.
    Un saludo.

  2. La típica extravagancia norteamericana de los diálogos antes de entrar en acción. Ese repetido querer demostrarnos que ante la muerte se pierde el miedo. Menos creíble resolver estrellarse contra la puerta blindada de la cabina de mando. Lograr entrar y sostener el combate contra el resto de sus captores. Desviar la aeronave y terminar como mártires – Incluso sin que halla quedado grabada la única conversación que dicen haber escuchado desde la central de mando –
    Dudoso todo el complot. Siguen sin dar respuesta al mundo que se pregunta, lo peor de todo:
    ¿ Donde estaban los infalibles organismos de seguridad de esa nación de guerras ? ¿ Por qué no anticiparon ese atropello contra sus propios ciudadanos ?
    En ese documental de M Moore, muestran una escena de terror al iniciar el ataque contra Irak; ese mismo instante de explosiones, toda la comitiva del gobierno de Bush festejaron de manera ruidosa el comienzo de la invasión. Desde en un mesón con una torre de petroleo simulada, larga un chorro de champán, champañe o champagne a manera de festejo.
    _ ¿ Y todos ellos borrachos de alegría ? -

  3. Valga la aclaración, Martincho. Tenés toda la razón.
    Realmente hay mucho por decir sobre esta película. Entre otras cosas que me quedaron en el tintero, también está el manejo del subtitulado correspondiente a lo que dicen los terroristas. Me pregunto si no habría sido más efectivo obviarlo justamente para agregarle versosimilitud a lo que vivieron los rehenes, que seguramente no entenderían nada de árabe. Supongo que Greengrass debe haber recurrido a la traducción para darle un anclaje verbal a la violencia visual.

    Sabés, Rodolfo, que mientras miraba Vuelo 93, también recordé algunas escena del documental de Moore. Entre ellas, el primer plano de la cara imperturbable de Bush al recibir la noticia del atentado mientras está lanzando un programa de lectura (o algo así) en una escuela primaria, más precisamente en un aula de 1° grado. Sin palabras…

    Un saludo a ambos. ;-)

  4. Otra vez llego yo, el discordante.

    Me gustó Vuelo 93. No sólo me gustó: me gustó mucho. Me hizo recordar otra buena película que también habla sobre el terrorismo: La batalla de Argelia, de Gillo Pontecorvo. Coinciden en que no juzgan, muestran. La escena del rezo es notable en este sentido, aunque no la única. Greengrass evita el lugar común de contarnos las historias personales previas de los pasajeros. Además no hay héroes, sino personas; por eso no es casualidad que no haya caras conocidas en el elenco. La música, apenas presente, no intenta empalagar de emociones. Y la cámara es una persona más dentro del avión, lo que ayuda a generar un relato intenso.

    En cuanto al final, no estoy de acuerdo con Rodolfo: sabiendo lo que ocurrió en las Torres Gemelas, los rehenes intentas salvarse, y no evitar el atentado. El plan que idean sale mal y el avión se va a pique.

    Reitero: me gustó mucho la película. Más aún si se la compara con el telefilm Flight 93, apenas anterior a la película de Greengrass, que apela a todos los lugares comunes habidos y por haber para contar mal la misma historia.

    Saludos

  5. Esta vez no disentimos tanto, Andrés. Es decir, a mí también me parece que Vuelo 93 es una película bien hecha. No me atrevo a compararla con La batalla de Argelia, pero seguro tiene sus aciertos y el indiscutible mérito de saber captar nuestra atención.
    Con lo que no estoy de acuerdo es con que el trabajo de Greengrass se limita a mostrar hechos. En todo caso, la gran astucia del director británico consiste en hacernos creer eso, pero basta con rascar un poco la superficie para constatar todo lo contrario en el fondo.
    Un saludo.

  6. Spectatrice:
    Creo que Moore da ejemplos documentados de todo lo que se oculta a la visión de muchos norteamericanos, y nadie le puede discutir el estilo de producción. Documenta en batalla y expone su vida para templar varios aspectos; ese ejercito que paga para hacer uso de su fabricas de guerra. Moore, registra soldados que declaran alistarse – lo irónico- para tener derecho a una pensión de guerra
    y un bienestar futuro de su vida.
    Moore nos permite escuchar un rock pesado mientras avanzan los marines con sus indestructibles tanques, influyendolos de manera irracional para conseguir una aptitud de muerte frente a las sombras del enemigo y muestra que los muchos que caen, son gente indefensa.
    Andres tienes el derecho de no acordar conmigo el final: De lo que he leído sobre guiones de películas, la farsa, o la narración de la historia se dirige ante todo, desde un supuesto – pienso que –
    Pero recuerdo Andres que el mundo no es todo norteamericano y tampoco todos los filmes tiene el espíritu del Vuelo 93. Recuerdo otra película y no la voy a comentar -Tres Reyes- Otra veta de la realidad figurada – el invasor – no pelea por la vida – hay tan solo plata por medio -

  7. Aunque suene contradictorio, a mí no me gustó pero sí me pareció muy bien hecha. Un saludo, Juan. ;-)

    Como siempre digo, Rodolfo, prefiero los cineastas, los escritores, los periodistas, los historiadores que parten de una (hipó)tesis o postura y pretenden fundamentarla, antes que los cineastas, los escritores, los periodistas, los historiadores que se pretenden neutros u objetivos. Sin dudas, Moore pertenece a los primeros; por eso Fahrenheit 9/11 me gusta más que una película como Vuelo 93.

¿Con ganas de opinar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s