La cacatúa roja February 29, 2008
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Contemporánea de La vida de los otros, La cacatúa roja es otro esfuerzo del cine germano por retratar a una Alemania partida en dos durante la Guerra Fría. Probablemente eclipsado por el éxito que obtuvo el trabajo de Florian Henckel von Donnersmarck, el film de Dominik Graf tuvo mucha menos difusión que su par. En Argentina, por ejemplo, sólo se exhibió en el Festival de Cine Alemán realizado en octubre de 2002 (IMDb dixit).
Entre ambas películas podríamos trazar una línea histórica. En el extremo izquierdo, se encontraría el film de Graf, ambientado en las semanas previas a la construcción del muro de Berlín (es decir, principios de los años ‘60). En el extremo derecho, colocaríamos al largometraje de von Donnersmarck, ambientado entre la mitad de los ‘80 y principios de los ‘90, cuando el derrumbamiento del bloque soviético.
De esta manera, tenemos la sensación de que las advertencias deslizadas en La cacatúa roja terminan cumpliéndose en La vida de los otros. También entendemos porqué en la primera película la gran referencia histórica consiste en la mención de un hito (el levantamiento del muro), y en cambio en la segunda película conforma todo un personaje (el agente Wiesler de la Stasi).
En realidad, el relato de Graf opta por girar en torno a un triángulo amoroso antes que mostrar de manera explícita las características de un contexto determinado. De ahí que la intención de repaso histórico resulte menos pedagógica/flagrante y, por lo tanto, corra menos riesgos de enfrentar acusaciones de maniqueísmo o manipulación ideológica.
El contraste entre ambas películas, así como el contraste que puede existir entre otros films que van más atrás en el tiempo (pienso en Sophie Scholl. Los últimos días y en El noveno día), hace pensar en el abanico de títulos que el cine argentino le dedicó a nuestra última dictadura militar desde la recuperación de la democracia y hasta nuestros días.
Ante este paralelismo, cabe preguntarse cuál será la reacción del público alemán ante el surgimiento de un “nuevo cine” interesado en multiplicar las versiones/interpretaciones de un ayer en principio perimido. ¿Lo condenarán porque parece fomentar una obsesión enfermiza con el pasado? ¿Le darán la bienvenida por considerar que desasna/concientiza a los espectadores más jóvenes? ¿Se mostrarán absolutamente indiferentes?
La cacatúa roja tiene el mérito de disparar éstas y otras preguntas que superan el interés estrictamente cinematográfico. A lo mejor a muchos curiosos les baste leer esto para sentir ganas de verla. De ser así, adelante.
Petróleo sangriento February 28, 2008
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Aunque concentrada en la historia del self-made man Daniel Plainview, y en cierto duelo que el protagonista mantiene con el pastor Eli Sunday, Petróleo sangriento va más allá de la novela de perfil biográfico para proponer un retrato de los Estados Unidos de fines del siglo XIX/principios del siglo XX. Por momentos, esta otra crónica sobre el nacimiento de una nación parece evocar obras del buen cine norteamericano como El ciudadano de Orson Welles y Gigante de George Stevens. Sin embargo, la eventual influencia de estos pesos pesados no impide que el trabajo de Paul Thomas Anderson tenga personalidad y mérito propios.
There will be blood es el título original de esta adaptación del libro de Upton Sinclair. La frase anticipa no sólo la violencia y las muertes ocurridas en el contexto de las primeras explotaciones petrolíferas en el gran país del Norte. Como extraída de la Biblia, también alude al papel que la religión cumple en una sociedad puritana y fundamentalista.
Anderson abandona totalmente las raíces literarias de su proyecto, y hace verdadero cine. Los primeros diez minutos del film son un ejemplo de cómo presentar a un personaje -en este caso el protagonista- sin hacerle decir una sola palabra. Más adelante los espectadores encontramos otros pasajes donde las imágenes y la banda sonora bastan para sugerir, mostrar, narrar.
Lejos de la sensación de excesiva duración que algunos tuvimos cuando vimos Magnolia del mismo director, Petróleo sangriento maneja muy bien sus tiempos. Cabe destacar esta virtud ya que se trata de una historia que empieza en 1890′ y termina unos cuarenta años después.
Las actuaciones conforman otro gran pilar de esta película. A cargo del mencionado Plainview, Daniel Day-Lewis confirma su capacidad para encarnar cualquier papel: miembro del IRA, aristócrata neoyorkino, boxeador, entre otros (quienes lo acusan de sobreactuar deberían leer la sólida argumentación publicada por Damián de Haedo en Ojo al parche). El otro duelista, el también mencionado Sunday, es responsabilidad de Paul Dano, que no tiene absolutamente nada que envidiarle a su colega inglés ganador del Oscar.
Un último motivo que sustenta esta recomendación: la reconstrucción de época. También coordinado por Anderson, el equipo de producción de este film recrea al detalle las condiciones de trabajo de quienes realizaron las primeras exploraciones y excavaciones en los Estados Unidos pujantes.
En síntesis, Petróleo sangriento vale no sólo por sus virtudes cinematográficas, sino como aproximación histórica, casi sociológica. Por eso resulta sumamente recomendable para los espectadores interesados en descubrir/repasar los inicios de la primera potencia mundial que, aún en nuestros días, sigue asociando el negocio del llamado “oro negro” a la violencia y a la muerte.
LOST February 27, 2008
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Reseña redactada por Mariana Riva.
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El vuelo 815 de Oceanic Airlines, que iba de Sydney a Los Ángeles, se estrelló en Septiembre de 2004. Esto deja una espectacular escena de accidente aéreo en el primer episodio de una de las series que desde USA tienden a convertirse en culto para muchos. LOST tiene todo para serlo, como Los Expedientes Secretos X.
Se anunció que terminará en 2010. Desde 2008 y hasta ese último capítulo, veremos pasar 48 episodios finales de LOST que serán transmitidos en tres temporadas con 16 episodios cada una. Los seguidores incondicionales han podido ver el episodio 3 de la cuarta temporada, titulado “The Economist”.
Cada episodio, desde aquel inicial en 2004, dura 42 minutos y muestra repetidamente los principales condimentos de la trama.
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Relaciones casuales entre los personajes del accidente, previas al mismo. Algunas impensadas para ellos (el padre de Jack es el padre de Claire) pero que los autores muestran al espectador.
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Una serie de números que no sólo se escuchan en el primer transmisor que encuentran en la isla, sino que son aquéllos que llevan a Hugo a ganar la lotería (y a la fuente de sus desgracias) o están grabados en la puerta de una escotilla que lleva a un lugar secreto debajo de la isla.
4 8 15 16 23 42. -
Flashbacks y flashforwards constantes (estos últimos aparecen desde la cuarta temporada).
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Una isla del Pacífico, con temperaturas agradables, arena clara y un mar verde. Desperdicios de un avión accidentado que permiten a los sobrevivientes comer, vestirse y hasta montar una “aldea”.
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Pero, además, una isla donde viven osos polares, un grupo de personas (“Los Otros”) ajenos al accidente aunque ávidos de interrelacionarse (secuestrar, matar, drogar, engañar, asustar) a los sobrevivientes. Apariciones fantasmales en forma de humo negro y ruidos increíbles. Pulso electromagnético. Un acuario. Una clínica con intenciones que todavía no quedan claras. Un submarino. Una sobreviviente de un accidente anterior (Russeau) que vive sola en medio de la isla buscando a una hija que “Los Otros” le han quitado. La Iniciativa DHARMA que es un misterioso proyecto con presencia en la isla, que cuenta con cámaras al estilo “Gran Hermano”.
Todo vivía en la isla antes del accidente. Pero el accidente sumó más variedad. Amores, odios, celos, casamientos por conveniencia, sacerdotes que no lo son, hijos no deseados, padres que son denunciados por sus hijos, robo de órganos, robo de diamantes, niños con poderes supernaturales, prófugos de la Justicia, cantantes de rock drogadictos, ex pacientes de neuropsiquiatricos que ganan la lotería. Gente que al caer el avión estaba en silla de ruedas y después del accidente se convierte en Rambo (caminando y salvándose reiteradamente de accidentes en sus piernas).
Sueños de muchos hechos realidad. Pesadillas de varios constantemente apareciendo ante sus ojos.
Todo es llevado por los sobrevivientes a la isla, tras caer el avión. Se entremezcla con la naturaleza del lugar y conforma un argumento que atrapa.
LOST atrapa con una trama que es muy bizarra a veces. ¿Queda alguna duda a esta altura de este texto?
No sólo existen sitios oficiales, sino que hay teorías respecto de los números. Obviamente secretos revelados y apuestas sobre teorías que los seguidores hacen sobre algunos puntos claves.
Para aquéllos que no lo saben: los sobrevivientes no están soñando, o muertos y “en el paraíso o infierno” según se lea el poder de la isla. Tampoco están en una máquina del tiempo o lo estarán.
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Vi la primera temporada cuando se estrenó y seguí todos los episodios. Compré las temporadas dos y tres y, como mucha gente que conozco, durante noches enteras me atrapó el poder que un DVD nos da por encima de la trama televisiva. De hecho, podemos ver un episodio tras otro sin tener que esperar una semana. Esto tiene su contra: ver varios episodios seguidos hace que la serie parezca más fantástica e increíble a veces, tanto como leer este texto ahora que lo terminé.
Pero debo confesar que el misterio es grande y con tantas aristas, que no dan ganas de dejar de verla.
El orden de los factores February 26, 2008
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En honor a los versos de Enrique Cadícamo, este post iba a titularse La casita de los viejos. Pero, primero, no es cuestión de sugerir que mi regreso al hogar materno equivale a declararme vencida (¡jamás!). Segundo, se me ocurrió que la alusión a la remanida frase “el orden de los factores no altera el producto” podría ayudar a aplacar las angustias de un espíritu metódico-esquemático-compulsivo-obsesivo: el mío.
Tanta explicación para presentar de antemano las debidas disculpas por la impuntualidad con la que seguramente actualizaré Espectadores durante las próximas dos semanas. De hecho, desde hoy y hasta mediados de marzo estaré atrincherada en la habitación que ocupé durante mi niñez y adolescencia, mientras un valiente de brocha gorda se encarga de rasquetear, enduir, lijar y pintar los techos y paredes de mi domicilio actual.
La casita de mis viejos (al final Cadícamo tiene su pequeño homenaje) carece de conexión a Internet y de lectora de DVD (que nadie se atreva a criticar el atraso tecnológico de mis progenitores). Dadas estas limitaciones, el blog se actualizará un poco más tarde que de costumbre, en horario laboral, o con la desprolijidad que supone operar desde un cybercafé. Por otra parte, quien suscribe deberá ir más seguido al cine y/o sacarles el jugo a los “estrenos” de la televisión por cable para mantener la frecuencia de sus reseñas.
En este punto, cabe recordar que el orden de los factores (mi espíritu metódico-esquemático-compulsivo-obsesivo prefiere hablar de “desorden”) no altera el producto. Dicho en buen criollo, es de esperar que este cambio de domicilio/rutina no sea un impedimento para que Espectadores siga teniendo la calidad -buena o mala, según se la mire- de siempre.
O al menos ésa es la intención… ![]()
Ay, los Oscar, los Oscar… February 25, 2008
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La ceremonia de los Oscar y las Fiestas de fin de año tienen algo en común. Cuando somos chicos las esperamos, las disfrutamos, las atesoramos, volvemos a esperarlas. A medida que vamos creciendo, tendemos a encontrarlas artificiales, repetitivas, tediosas, a veces odiosas, y entonces les juramos indiferencia de aquí a la eternidad.
Sin embargo, la indiferencia nunca puede ser total. O bien porque leemos alguna(s) de las coberturas especiales que preparan los medios; o bien porque nos dejamos llevar por la publicidad que financian los circuitos comerciales interesados e involucrados; o bien porque terminamos obedeciendo algún mandato tradicional.
Igual que en enero de 2007, este principio de año también me descubrí incapaz de decirle “no” al tralalá de las Noches Buena y Vieja. Es cierto que me negué a cumplir con determinadas exigencias ceremoniales, pero es igualmente cierto que cumplí con otras prácticas de rigor: armar el árbol, comprar los regalos, brindar a las 00hs en punto, comer turrón e intentar adivinar si hubo más o menos cañitas voladoras que la vez anterior.
Igual que el 25 de febrero pasado, esta noche/madrugada también me rehusé a ver la transmisión de la famosa entrega. Sin embargo, no pude con mi genio y, por un lado, leí algunos artículos alusivos -por ejemplo los posts 1 y 2 de Sesión Golfa- y, por el otro, aproveché el reciente paréntesis para ver algunas películas nominadas: Expiación, deseo y pecado; Sweeney Todd y Petróleo sangriento cuya reseña estará online en el transcurso de esta semana.
Por si faltara algo para cerrar el círculo de contradicciones, hoy me sorprendo garabateando estos párrafos y descubriendo que el punto final sólo puede llegar después de la transcripción del suspiro habitual, a esta altura inconsistente letanía. “Ay, los Oscar, los Oscar”…