Postales de París 09/10/2007
Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).trackback
El alma volvió; la computadora revivió; no queda más que publicar el post durante días postergado. De esta manera, el viaje iniciado hace un mes llega a su fin, y de paso este cierre permite que Espectadores retome su ritmo habitual.
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Porque tuvimos la suerte de visitarla o porque vimos fotos, todos podemos reconocer algo de París: pedacitos, rincones, avenidas, monumentos. Por eso, estas postales proponen otro recorrido de la capital francesa. Un recorrido que le escapa al turismo for export, es decir, al circuito que se permite simplificar épocas y distancias, y encimar a la Torre Eiffel, al Arco de Triunfo, a los Campos Elíseos, al Louvre, al Moulin Rouge, a los meandros del Sena en un único e imaginario reducto geográfico.
Ésta es también una pequeña muestra de indicios y síntomas que llamaron mi atención. Es que, en pleno auge globalizador, hoy Lutecia -como solían llamarla los galos- es una verdadera ciudad cosmopolita, atravesada por marcas y fenómenos propios de ese “no-lugar” que mencionan los sociólogos y filósofos cuando escriben sobre la híbrida e inasible posmodernidad…
Ante una doble góndola de supermercado reservada exclusivamente para productos de interés gatuno (alimentos, cuchas, pulguicidas, shampúes, collares, moños, golosinas y
ratas de hule), conviene no pensar en la cantidad de gente que en otra parte del mundo se muere de hambre. Primero, para evitar hacerse mala sangre. Segundo, porque -en caso de compartir la reflexión- corremos serios riesgos de que nos acusen de amargos, de pesimistas o -peor aún- de demagogos.
Es mejor entonces quedarse en el plano de lo pintoresco. Justamente con esta intención, cabe señalar la existencia de los baños para perros, una interesante -aunque, al parecer, no muy efectiva- solución que pretende terminar con la noción de “quartiers merdiques” o, dicho en buen criollo, barrios atestados de caca canina, con perdón de la cacofonía.
Sospecho que, de contar con más tiempo, a nuestro dentro de poco “ex” jefe de la ciudad de Buenos Aires le encantaría importar estos WC para mascotas.
Si de animales se trata, nada más oportuno que un ocurrente retrato del plumífero que en Francia supo erigirse en símbolo por excelencia. Símbolo de gallardía deportiva, convertido en marca registrada nacional. Aquí, a tono con el mundial de rugby, esta publicidad de Le coq sportif asegura que “correr hace que el gallo ponga huevos”. En el castellano rioplatense, la metáfora suena todavía mejor, acorde al coraje que exige toda competencia física. En francés, hay que pensar simplemente en la rareza de que un gallo -y no una gallina- sea responsable de la (re)producción… en este caso de novísimas zapatillas.
En el polo “opuesto”, la competencia venida del otro lado del Atlántico y abanderada de un perfil multinacional osa retomar uno de los versos más contundentes de La Marsellesa. Quién hubiera dicho que una marca como Nike jugaría con el espíritu revolucionario de 1789 y citaría nada menos que la convocatoria a una ciudadanía armada. Ante esta decisión, cuesta poco imaginar una próxima remera con el típico simbolito “nikeano” y abajo el rostro del Che.
Evidentemente, el deporte mueve -además de multitudes- dinero (en realidad, ciertos deportes). De ahí la necesidad de promocionar un evento como el mencionado mundial de rugby. De ahí la decisión de colocar una enorme pelota ovalada con la inscripción de rigor nada menos que en el corazón de la Tour Eiffel, entre el primero y el segundo piso. En honor a la verdad, da un poco de impresión verla colgando de cables casi transparentes; para la torre en cambio se trata de un accesorio más, entre tantos otros que le han endilgado para renovar su incólume estructura férrea.
De todos modos, el mundial y la mundialización no pueden doblegar -mucho menos desarraigar- lo mejor del espíritu galo. La prueba se encuentra en la siguiente pequeña parcela de tierra transformada en jovencísimo viñedo.
¿Qué tiene de particular esta foto a priori tan insípida?
El detalle de haber sido sacada en plena Défense, especie de city futurista donde las grandes corporaciones han construido sus sedes parisinas y donde en principio la exacerbación de lo urbano y lo tecnológico impide la más mínima noción de convivencia con un cultivo tan delicado como el de la vid.
Por último, la última postal, tal vez la menos representativa de París, y sin embargo la que posiblemente mayor emoción cause. De hecho, si pudieran ampliar la imagen, verían que se trata de una estatua repleta de inscripciones y leyendas hechas con marcador o torpemente talladas. Si pudieran darla vuelta, caerían en la cuenta de que ésa es la tumba de Oscar Wilde, situada en el famoso cementerio del Père Lachaise.
En su inmensa mayoría, los mensajes son de reconocimiento y agradecimiento. Están escritos en inglés, en francés, en castellano, en alemán, en italiano, en hebreo. Por el tipo de letra, y porque en definitiva se trata de pequeños graffitis, podemos suponer que los escribientes son jóvenes seguidores.
En un cementerio donde descansan los restos de distintas personalidades de la cultura y la historia europea, ésta es la única tumba donde los visitantes escriben sobre su pesar y su admiración. Toda una distinción para alguien cuyo don de la palabra sigue seduciendo y conmoviendo más allá del paso del tiempo y de la muerte.
“París bien vale una misa”, dicen que dijo el rey Enrique IV. Hoy, en pleno siglo XXI, la experiencia de recorrerla y fotografiarla es casi-casi religiosa.






¡Volvio La spectatrice de vacaciones! (aunque nunca se fue)

Me encanto la nota, porque personalmente me encanta mas ver estos tipos de fotos e historias que la parte “turistica” de la ciudad.
Espero que el aterrizaje no haya sido forzoso
Salute!
Así es, a cada paso hay un detalle pintoresco, un rincón encantador, un toque de glamour. Con la última foto me clavaste la espinita: en el próximo viaje voy a hacer el tour del cementerio.
Saludos.
¡Nico! Es verdad. Estoy de regreso, aunque nunca abandoné totalmente el blog. Me alegra que el recorrido fotográfico te haya gustado y -quedate tranquilo- el aterrizaje no fue forzoso.
Laura, te recomiendo mucho el Père Lachaise. Allí descansan los restos de La Fontaine, Molière, Paul Eluard, Edith Piaf, Yves Montand, Simone Signoret, Chopin, el mencionado Oscar Wilde entre otros artistas. También hay un espacio reservado para nuestra Historia más reciente, con tumbas dedicadas a los muertos en los campos de concentración nazi y en la Guerra Civil española.
La próxima vez que te des una vuelta por París, no te pierdas esta visita. Es muy emotiva.
Saludos a ambos.
Muy buen compendio de curiosidades. Ojalá algún día pueda hacer un viaje así. Mi enamoramiento de París se terminó de consolidar luego de ver y rever, unas cuantas veces, la pelicula Amelié. Aunque tengo entendido que la capital francesa no es tan así como la pinta el director, no?
Se ve precioso. te envidio (sanamente) con profundidad. Me alegro de leerte por estos parajes. Te recomiendo la película “Promesas del Este” de David Cronenberg, por si aún no la has visto.
Un saludo, compañera.
Ariel, digamos que el director de Amélie vistió a París con un velo de fantasía que en ocasiones no podemos reconocer. Pero creo que todos, de una u otra manera, le encontramos un toque mágico a la llamada “ciudad luz”. Estoy segura de vos también se lo verás cuando vayas.
¡Juan! A mí también me alegra estar de regreso.
Gracias por la recomendación. Justamente ayer anduve visitando tu blog y leí la reseña sobre Promesas del este y por supuesto tomé nota. Por lo pronto, Cronenberg suele descolocarme (a veces para bien; a veces para mal); por eso me interesó tu reseña y la posibilidad de ver la película.
Un saludo a ambos.
Hola Spectatrice!!!
volviste!!
Sé que la pasaste genial (y me encantó tu post obviamente) pero te extrañaba… todos los días me daba una vueltita por el blog esperando encontrar algo nuevo.
Y el otro día enganche por tele, ya empezada, Sophie Scholl y me acordé de vos!!!
Saludos!
¡Ana! ¡Gracias por tu cálida bienvenida!
La verdad es que yo también extrañé actualizar el blog a diario, y sobre todo el contacto con quienes lo visitan seguido. Ahora de regreso, en principio todo volverá a “la normalidad” con la asiduidad habitual.
Nos estamos leyendo.
Un saludo.
Es lindo descubrir rincones de una ciudad que sólo reconoces por experiencia personal. A veces me sorprendo a mí misma con deseos de capturar un tornillo del metro, la textura del piso en la calle, las hojas sobre la tierra mojada… son piezas que van formando el rompecabezas de una ciudad que se teje en nuestras mentes (y en nuestro corazón)
Después de leer tus postales de París, pienso que me encantaría que nos regalases unas postales de tu ciudad; después de todo, supongo que no es tan difícil ‘volver’ a Baires
Un abrazote.
Pati @-;–, es cierto que la identidad de las ciudades aparece en los detalles más mínimos como los que mencionás. Para retratarlos, es cuestion de dejarse llevar por el instinto y de accionar el disparador en el momento indicado, cuando uno siente la cosquillita reveladora.
Sin dudas, volver a Buenos Aires tiene su costado encantador. Cuando incorpore la costumbre de salir a la calle con la cámara en mano, seguramente encontraré postales para regalar.
Abrazo fuerte.
Ah! Qué placer! París contada por vos! Y qué bueno que estés de vuelta!
Me sumo a la idea de Pati sobre las postales de BsAs. Cuando uno vive a diario en una ciudad, deja de percibir la magia que posee. Lo cotidiano nos quita la distancia necesaria para hacerlo.
Un abrazote!
Tal cual, Ceci. En ciudades extranjeras, uno está más atento; supongo que más sensible. “En casa”, en cambio, estamos más acostumbrados, menos alerta. Creo que es un buen ejercicio eso de convertirnos en extranjeros en nuestra propia tierra. De esa manera, el entorno adquiere otra dimensión, incluso otro valor.
Un abrazo grande.
No se diga más del asunto: ¡a turistear en casa!
HEY! WELCOME BACK… con retraso. ^_^
Por lo q pude leer la apsaste muy lindo, y me alegra un montón!
MUY MERECIDAS VACACIONES!
ABRAZO GRANDE, SPECTATRICE!!!!
Muuuuuchas gracias, Demm.
Un abrazo.