Atendiendo al Sr. Sloane

Atendiendo al Sr. SloaneSi Espectadores utilizara algún sistema de calificación (puntaje, estrellitas, dedos pulgares), no cabe ninguna duda, Atendiendo al Sr. Sloane obtendría el indicador más alto. De hecho, la puesta en escena de Claudio Tolcachir tiene todo a su favor: una propuesta inteligente, pertinente, entretenida; un trabajo de adaptación impecable y actuaciones magníficas, insuperables. A todas luces, un dechado de virtudes, aún para quienes no somos adictos al teatro.

La primera ovación va para Joe Orton, “enfant terrible” de la dramaturgia británica de los años sesenta, reconocido por su dominio de la comedia negra y del arte de la provocación. En este caso, el Sr. Sloane aparece como una suerte de alter ego, encargado de desencadenar situaciones de lo más escandalosas a su alrededor. Pero atención, sin nunca -o casi nunca- perder la compostura (bien al estilo british).

La segunda ovación va para Marcelo Ramos, responsable de elaborar una versión en castellano fiel al espíritu de la pieza original. Dicho de otro modo, ésta no es una simple traducción del inglés al español, sino una re-interpretación del texto de Orton en función de la idiosincrasia argentina y de nuestra contemporaneidad. Por eso la obra dista de resultar ajena en términos cronológicos, geográficos, culturales.

La tercera ovación va para un elenco homogéneo, con igual caudal de talento, de entrega, de versatilidad. Alejandro Urdapilleta y Verónica Llinás son sencillamente geniales; se sacan chispas cuando les toca protagonizar duelos en escena. Por otra parte, la participación de Osvaldo Bonet conmueve hasta a las piedras, por el compromiso asumido con su personaje y porque estamos ante un señor actor de 88 años. Y qué decir de Matías De Padova, cuya “presentación en sociedad” se convierte en prometedora revelación.

Una cuarta ovación va para Alberto Negrín cuya escenografía realza el dinamismo de los parlamentos, y el desarrollo más o menos brusco de la acción. Si a esto le sumamos un cuidado manejo de luces y del sonido, no sorprende que el espectáculo pueda apreciarse desde cualquier ubicación, aún cuando la sala de la Ciudad Cultural Konex se encuentre repleta.

Por si hiciera falta aclararlo, cuesta encontrarle defectos -ni siquiera aspectos cuestionables- a Atendiendo al Sr. Sloane. De ahí esta recomendación monolítica, sin fisuras, sin objeciones. De ahí la cándida ilusión de calificarla con diez puntos, cinco estrellitas o un pulgar bien en alto.

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