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Paternalismo a la argentina May 31, 2007

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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Presidentes paternalistas¿Qué pasaría si el Gobierno reconociera que el país atraviesa una crisis energética? Probablemente a esta altura la confesión resultaría contraproducente después de tanto empeño en negar una situación evidente a todas luces (valga la metáfora). Reformulo entonces la pregunta: ¿qué habría pasado si tres años atrás nuestra dirigencia hubiera comunicado las implicancias de un servicio eléctrico improvisado y deficiente?

Insisto con este ejercicio especulativo yendo más atrás en el tiempo y refiriéndome a otros temas… ¿Cómo habríamos reaccionado si meses antes de aquel nefasto 21 de diciembre de 2001 Fernando de la Rúa hubiera hablado claro sobre la inminente caída de la convertibilidad, sobre la falta de liquidez que corroía los cimientos de una economía debilitada, prácticamente ficticia?

¿Qué habría ocurrido si Raúl Alfonsín se hubiera confesado víctima de las presiones militares encarnadas en el movimiento carapintada, si a mediados de los ochenta -y no ahora- hubiera denunciado a los sectores e intereses empecinados en impedir el desarrollo de la recién estrenada democracia?

¿Qué habríamos hecho si en febrero de 1976 el Congreso de la Nación hubiera decidido hacerle juicio político a la entonces Presidente María Estela Martínez de Perón? ¿O si años antes su antecesor Héctor José Cámpora se hubiera animado a revelar su condición involuntaria de marioneta del Poder?

Es cierto: los gobernantes de ningún país son absolutamente sinceros con la ciudadanía. En general, los discursos oficiales suelen dibujar una realidad desconectada de nuestra cotidianeidad. Sin embargo, en la Argentina este fenómeno se da de una manera especialmente flagrante, casi grotesca.

Volviendo al tema energético… Cuando a principios del nuevo milenio Brasil enfrentó una seria crisis de abastecimiento, el gobierno de Henrique Cardoso informó a la población sobre la necesidad de ahorrar electricidad. A partir de ese esfuerzo de concientización, y tras la aplicación de un programa de racionamiento, el país vecino no sólo superó la situación de déficit sino que se convirtió en una de las naciones latinoamericanas con mayor equilibrio en el eterno juego entre oferta y demanda.

En contraste con el ejemplo mencionado, nuestro Gobierno actual sigue aferrándose a la idiosincrasia paternalista que heredó de sus antecesores. Paternalismo sui generis si los hay: por un lado aparece para protegernos de ciertas “verdades indigestas”; por el otro brilla por su ausencia cuando debería defender -al menos preocuparse por- nuestra integridad.

Paternalismo a la argentinaCuando me invade el escepticismo (por no hablar de pesimismo), pienso en las especulaciones antes formuladas y me cuesta creer que la sinceridad de nuestros mandatarios pueda cambiar el rumbo de la historia. Me pregunto si como buenos hijos de esta idiosincrasia paternalista sabríamos entablar una relación madura con nuestros gobernantes, responder eficazmente ante situaciones de emergencia, eventualmente sacrificar ciertas costumbres personales “en aras de la Nación”.

En momentos optimistas, creo en la posibilidad de que dirigentes y electores, todos ciudadanos comprometidos, aprendamos a lidiar con verdades incómodas y a emprender cambios buscados, consensuados, programados, bien aplicados. Tal vez se trate de una postura ingenua, pero al menos ayuda a fantasear con un posible final para nuestro paternalismo a la argentina.

El tiempo May 30, 2007

Posted by La spectatrice in Cine.
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El TiempoDespués de Hierro 3 y El arco, el jueves pasado llegó a Buenos Aires la anteúltima película del siempre sugerente, inquietante y sorprendente Kim Ki Duk, El tiempo. Una vez más, el genial director coreano ofrece una lección de originalidad, de inteligencia, de estética. Por eso sus pinceladas cinematográficas únicas e insuperables vuelven a conquistarnos de una manera infalible, inevitable.

Eterna desazón de un nuevo rostro con recuerdos… Un poco como Michel Gondry en el recordado film interpretado por Jim Carrey y Kate Winslet, Ki Duk también se sumerge en las turbulentas aguas del (des)amor. En ambos largometrajes la memoria aparece como la aliada clave -y trágica- de una relación de pareja. En el primero, porque los personajes buscan someterla y erradicarla; en el segundo porque en cambio se mantiene intacta más allá de todo intento de alteración.

En la historia protagonizada por See-hee y Ji-woo, el tiempo se circunscribe a cierta omnipresencia del pasado, a la imposibilidad de superarlo aún cuando se recurra a la solución más drástica: una cirugía facial que -en este caso más que en cualquier otro- equivale a un cambio de identidad.
 
Por un lado, Ki Duk parece rendirle honores al amor único, irreemplazable, a aquél que se reconoce ante un único e inconfundible roce o beso o entrecruzamiento de manos (”manos que encajan como guantes”, murmuran los personajes). Por el otro, retrata la faceta más oscura, perversa, despiadada de ese mismo sentimiento, “el rostro” -valga la metáfora- que nos empuja a la locura, a la autodestrucción, cuando no a la mismísima muerte.

Como de costumbre, el cineasta coreano posee la capacidad de trasmitir belleza allí donde en principio no la hay (pienso en las primeras escenas que muestran los trazos que un cirujano plástico dibuja en una cara a punto de ser operada). También se distingue por contar una historia sin apelar a los lugares comunes ni a las concesiones.

Sin dudas, El tiempo es una película de múltiples lecturas. Pasan los días, y uno sigue pensando, descubriendo, imaginando. Igual que las horas y los minutos, el anteúltimo trabajo de Kim Ki Duk también moldea la percepción de nuestra existencia y, porqué no, de nuestra propia historia de amor.

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PD. El arte de este cineasta está presente hasta en el más mínimo detalle. Basta con fijarse, por un lado, en la presentación el movimiento del título/ideograma al compás del segundero de un reloj y, por el otro, en la intertextualidad creada con imágenes de Hierro-3.

Musicovery May 29, 2007

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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El dial de MusicoveryA mediados de abril, Mariana tuvo la amabilidad de invitarme por mail a sintonizar Musicovery, radio online interactiva que permite descubrir canciones e intérpretes, así como escuchar nuestros temas favoritos. Tarde pero seguro, la interesante recomendación llega hoy a Espectadores.

En principio la propuesta es similar a la que ofrece la ya comentada Pandora, aunque ambos servicios operan con un sistema diferente de selección. De hecho, los usuarios de Musicovery pueden elegir entre 18 géneros (pop, rock, disco, blues, jazz, rap, bandas de sonido son algunos) y cuatro ritmos o estilos (dark, energético, calmo y positivo).

Una vez hecho el clic decisivo, la página improvisa una suerte de mapa de canciones repartidas en nodos interconectados. Los usuarios nos convertimos entonces en oyentes viajeros capaces de elegir tal o cual trayecto, en función de nuestro gusto y -por qué no- de nuestro estado de ánimo.

A diferencia de Pandora, esta radio no exige ninguna suscripción previa. Sólo basta con tipear en el navegador la URL correspondiente, elegir la versión inglesa o francesa, y listo. Otra radio personalizada se hace escuchar en nuestra cada vez más multimediática computadora.

Piratas del Caribe. En el fin del mundo May 28, 2007

Posted by La spectatrice in Cine.
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Piratas del Caribe 3Las superproducciones suelen aburrirme; las secuelas, desencantarme y el maravilloso mundo de Disney, exasperarme. Sin embargo, toda regla tiene su excepción. Por lo pronto, las tres “leyes” aquí mencionadas perdieron total validez cuando, poco después de apagadas las luces del cine, los fortalecidos piratas del Caribe secuestraron mi espíritu crítico para arrastrarlo hasta el fin del mundo. Quién sabe qué habrá sido de él.

Al menos (otra) parte de mí volvió para contar la experiencia o, mejor dicho, sólo para comentarla. Después de todo, nadie quiere conocer de antemano la suerte de Jack Sparrow, Elizabeth Swann y Will Turner, o el final de Davy Jones y Lord Beckett (me refiero a cómo pagarán sus pecados) o dónde y cuándo aparecerá Keith Richards disfrazado del capitán Teague.

Lo mejor de Piratas del Caribe. En el fin del mundo es su capacidad para superar las taras de su antecesora. Probablemente porque no es el jamón de ningún sandwich, esta tercera entrega evita explicar lo sucedido en el “capítulo” anterior, y tampoco hace las veces de evidente vocera del to be continued.

Desde ya, el guión de Ted Elliott y Terry Rossio vuelve a cerrar con un epílogo abierto (un doble epílogo para quienes se queden después de los créditos). Sin embargo, esta vez no quedan tantas hilachas sueltas y los espectadores podemos despedirnos de algunos personajes y de sus cuentas antes pendientes, ahora saldadas.

Con una historia más consistente, Gore Verbinski explota mejor los recursos que ya garantizaron el éxito de taquilla: una puesta en escena cuidada al detalle, unos efectos especiales asombrosos (cómo no quedar fascinados ante la batalla naval desatada en medio de un gigantesco remolino oceánico), una combinación equilibrada de acción, humor y suspenso, y el absoluto compromiso de los actores con la misión de entretenimiento.

En este punto habrá que valorar nuevamente el trabajo de Johnny Depp, Geoffrey Rush y -mi preferido- Bill Nighy (cómo me gustan la voz y la dicción de este camaleónico actor británico), y por supuesto volver a señalar la participación del mencionado Richards.
   
Una única observación que me sacó un poco de contexto. ¿Quizás fue una ilusión óptica? ¿Me pareció a mí o el niño del principio, el que canta antes de enfrentar la horca, deja ver unos frenillos de ortodoncia sobre sus dientes?

Uy… Al parecer mi espíritu crítico está regresando. Conviene entonces detener esta atolondrada reseña con un apresurado punto final.

Cocalero May 27, 2007

Posted by La spectatrice in Cine.
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CocaleroDetrás de -o mejor dicho junto a- Evo Morales, el otro gran protagonista de Cocalero es el pueblo boliviano, sobre todo el campesinado, aquellos hombres y mujeres durante siglos explotados, marginados, reprimidos, silenciados, ignorados. De hecho, la historia del ahora Presidente del país vecino es también la historia de quienes viven del cultivo de la coca, de quienes desde enero de 2006 cuentan por primera vez con un gobierno que realmente los reconoce y representa.

Dirigido por el brasileño Alejandro Landes y producido por la argentina Julia Solomonoff (quienes hayan visto Hermanas recordarán su nombre), este documental acompaña al dirigente sindical aymara durante su campaña previa a las elecciones de diciembre de 2005. La cámara muestra entonces la intimidad de un hombre cuya actividad política en ningún momento lo aleja de los suyos, de sus raíces, de su terruño.

El largometraje transmite la transparencia y espontaneidad de sus actores. Aquí no hay poses ni discursos para la posteridad. Al contrario, vemos a Morales en su salsa, ya sea eligiendo fotos para la campaña, asistiendo a una reunión de delegados gremiales, haciéndose cortar el pelo, o pegándose un chapuzón en el río más cercano a su “chaco”.

A su lado, están siempre Bolivia y la gente. Bolivia con sus altiplanos, sus plantaciones cocaleras, sus callecitas paceñas y santacruceñas, sus caminos montañosos. La gente, por su parte, se divide en dos grandes grupos: por un lado, las cholas, los campesinos, los mineros que apoyan y alientan a Evo; por el otro, las personas bien que le gritan “maleante”, “negro/kolla de mierda”.

De los momentos capturados por Landes, me quedo especialmente con tres. El primero: la reunión donde un miembro del Movimiento al Socialismo (MAS) explica que la honestidad -y no un título universitario- es el requisito fundamental para trabajar en política. El segundo: las declaraciones de un viejo campesino sobre la intervención militar norteamericana en tierras cocaleras. El tercero: la escena final donde Leonilda Zurita, candidata a senadora suplente, habla con su madre sobre el atuendo que Evo debería vestir el día de la asunción oficial, después de ganar las elecciones.

La fuerza testimonial de Cocalero es conmovedora. Transmite dignidad, convicción, empuje, coraje. Muestra el esfuerzo dedicado a una lucha constante, sin descanso, y subraya el enorme logro de concientización social. Por si fuera poco, nos regala una pequeña chispa de esperanza, al menos a quienes creemos que en Latinoamérica soplan reparadores vientos de cambio.

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PD. Aunque breve y en forma de posdata, bien vale una mención aparte para la música original de Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman.