Vía crucis 07/04/2007
Posted by María Bertoni in Visto y Oído (¡más!).trackback
Antenoche murió Carlos Fuentealba, maestro víctima de la represión policial ordenada en Neuquén por el gobernador Jorge Sobisch el 4 de abril pasado. Apenas conocida la noticia, el primer mandatario provincial deslindó responsabilidades, y el autor del disparo mortal se negó a declarar. Por su parte, docentes, alumnos, padres, dirigentes gremiales, amigos, familiares y entidades de derechos humanos organizaron diversos actos para expresar su dolor y exigir justicia.
Vaya manera de pasar la Semana Santa. En cuestión de horas los argentinos recreamos un vía crucis propio. Con otro Cristo para llorar. Con otro Pilatos para repudiar. Con otra procesión para recordar… y lamentar.
Actualización
Hoy sábado a la mañana encuentro en Página/12 la siguiente reflexión de Rep, vinculada con el vía crucis y con el lavado de manos que suele caracterizar a gran parte de la sociedad argentina cada vez que el país suma una nueva víctima de la represión policial o estatal, como prefieran llamarla.

Además de detenerse en esta viñeta, vale la pena leer la contratapa firmada por la siempre pertinente Sandra Russo.







Habría que conocer mucho más e investigar más profundamente de lo que mis capacidades me permiten para poder opinar justamente.
Pero me limito a los siguientes datos:
En Neuquén hacía más de un mes que el gremio docente estaba reclamando el aumento salarial que el gobierno nacional otorgó.
Cortar la ruta fue la última medida posible ante la negativa a negociar de parte de la gobernación neuquina.
Sobisch dio la orden del despeje de ruta y así fue.
La ruta no llegó a ser cortada en ningún momento, apenas los 700 docentes pusieron un pie sobre el concreto fueron desalojados por la policía. Cuando ocurrió el desgraciado asesinato de Fuentealba los docentes estaban en retirada.
Este último detalle es escalofriante y creo que debe estar sancionado incluso en cualquier “manual” básico de las fuerzas de seguridad.
Hoy por primera vez Kirchner hizo alusión al hecho, poniendo la distancia que corresponde y dejando la responsabilidad del lado de Sobisch. Que por supuesto la tiene. Pero me pregunto yo ¿ y Filmus? ¿Como Ministro de Educación de la Nación no le cabe responsabilidad?
Caer en las declaraciones de Carrió y echarle la culpa de la muerte de Fuentealba al aumento salarial me parece una exageración. Pero nuestra costumbre de atar todo con alambre y arreglar todo a último momento creó un gran caldo de cultivo para esta situación.
¿Qué tal si en lugar de esperar que falten horas para el comienzo de clases y horas más para el lanzamiento de la campaña de Filmus en la Capital se hubiera usado el receso escolar de verano para llegar a un acuerdo entre la Nación, las provincias y los docentes?
¿Soy muy ingenua o vivo en otro país?
De lo visto en TV en estas horas me quedo con dos cosas: el titular de Telenoche “El país que mató al maestro” y las declaraciones de la viuda de Fuentealba.
Lo de Telenoche, más allá de las posibles chicanas es tristemente cierto, Fuentealba murió porque no movimos un dedo cuanto mataron a Kosteki y Santillán, a Walter Bulacio, a Miguel Bru, a Teresa Rodríguez, o a Victor Choque entre tantísimos otros.
Esos no tuvieron la “suerte” de pertenecer a un gremio que se enbandere en la causa. Un gremio de los fuertes, de los que no son brutos y analfabetos. Porque digámoslo: si Fuentealba no hubiera sido docente no se hubiera generado este visceral “Basta” que hoy vivimos todos.
Con todo el respeto, admiración y cariño que tengo por los docentes, me duele que la causa sea “la tiza no se mancha”. Eso está dejando afuera al resto de las vidas perdidas y las hace parecer más en vano aún.
Creo yo que más triste es que si no hubiera fallecido nadie en la marcha en Neuquén, sólo se hubiera usado “la fuerza” para despejar la ruta, eso hubiera estado bien y sumaría puntos para la campaña presidencialista de Sobisch. Prohibir las manifestaciones y los reclamos justos con fuerza moderada es correcto.
La viuda de Fuentealba expresó que finalmente se estaba cumpliendo el sueño de su marido, que la gente se uniera reclamando lo que es justo y le corresponde. Irónicamente (o no) esa unión social se está dando a costa de su propia vida.
Ana, menos mal que dejás este comentario. Me cuesta creer la escasa (casi nula) repercusión que el asesinato de Fuentealba tuvo en la blogósfera argentina (con la excepción de los blogs elaborados por y para maestros), y hasta ahora me sentía bastante mal por el hecho de que este post no recibiera ni un solo mensaje.
Me sumo a todo lo que escribiste. Creo que tenés mucha razón cuando decís que lo ocurrido no debería provocar una reacción en defensa exclusiva de los docentes. Esta vez les tocó a ellos sufrir en carne propia la brutalidad de la represión estatal/policial, pero lo cierto es que Carlos Fuentealba es una persona más entre las tantas asesinadas por el gatillo fácil. Como bien señalás, estas otras víctimas no pertenecían a ningún gremio fuerte, y por lo tanto sus casos fueron desestimados y olvidados (cuando no directamente ignorados) por nuestra sociedad.
La tragedia de Fuentealba ocurre en plena campaña electoral, y por lo tanto se ha transformado en una suerte de botín político que candidatos y actuales dirigentes persiguen con el fin de ganar protagonismo público, y de paso desprestigiar a rivales (o al revés). Mientras tanto, los medios repiten como loros vocabulario “de derecha” y “de izquierda”, sin hacer el menor análisis de una realidad que se repite en el país hace décadas, como una suerte de déjà vu engendrado en tiempos de la última dictadura militar.
Por otra parte, están quienes siguen refiriéndose a los cortes de rutas como el peor de los pecados, y deslizan argumentos que justifican la mano dura contra cualquiera que impida la “libre circulación de los ciudadanos”. Y también están quienes miden la pertinencia de tal medida con una vara distinta según se la aplique contra los molestos piqueteros o contra “gente como uno”.
Los argentinos debemos tener los pies llenos de ampollas, moretones, torceduras dada la cantidad de veces que tropezamos con la misma piedra. Ojalá tengas razón y la muerte de Fuentealba haya servido para que el “Nunca Más” que tanto esgrimimos y repetimos sea verdadera y absolutamente definitivo.
La verdad es que no sé si este (nuevo) “nunca más” será definitivo. Si repasamos nuestra historia muchos parecieron serlo, incluso el más reciente “que se vayan todos”.
Pero si tengo un “Basta” personal.
Basta de gatillo fácil.
Basta de tibiezas políticas que le sirven por ejemplo a Macri, al romper su alianza con Sobisch parece que le alcanza para distanciarse.
Basta de priorizar erróneamente las cosas. Cortar una ruta es perjudicar efectiva y fuertemente la economía de algún sector (turismo, comercio, el que sea) Dicho de otro modo es “perjudicar” a los que más tienen y esto no es posible!
Acá hay una decisión política clara: el derecho económico de cierta parte de la población vale más que la integridad física del resto.
Tú lo has dicho, mi querida Ana.
Esta reflexión es de Rep (cuándo no) y fue publicada el martes pasado en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/fotos/20070410/rep/NA32DI01.GIF
¿Quién le (nos) puede responder?
Me parece, Ariel, que nadie se atreve a contestar las preguntas/reflexiones de Rep.