Luna llena en River

Reseña redactada por Ariel.
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Foto de la revista RollingStone de ArgentinaNo será una frase muy original pero el sábado pasado hubo eclipse total de luna en el barrio de Núñez. La emoción y ansiedad que se fue disipando durante los largos meses de espera ayer dijo “presente” cuando se apagaron las luces del Monumental y sonaron los primeros acordes de In the Flesh, junto con la inconfundible marcha de los martillos negros y rojos. Roger Waters ya estaba en escena.

La primera parte del concierto tuvo a la emoción como eje principal. Temas como Mother, del disco The wall; una ejecución casi completa del disco Wish you were here (sólo faltó la oscura Welcome to the Machine) cuyos pasajes más destacados fueron Shine on You Crazy Diamond (acompañada por las infaltables imágenes de Syd Barret, porque a él están destinados los versos) y la hermosa balada que le da nombre al disco.

También hubo lugar para la denuncia con los temas pertenecientes a The final cut (último disco de Pink Floyd con Waters). De este álbum sonaron Southampton Dock y The Fletcher Memorial Home (dedicado a Eric Fletcher Waters, padre del músico, muerto durante la Segunda Guerra Mundial).

Al final de la primera parte, y antes del intervalo, tuvo lugar una espectacular ejecución de Sheep, perteneciente al disco Animals (aquél que encasillaba a los seres humanos, según correspondiera, en tres especies distintas: perros, cerdos y ovejas). Conocida es la opinión que Waters tiene respecto del Presidente de los Estados Unidos y del Primer Ministro inglés, Tony Blair, artífices de la guerra de Irak. De ahí, entonces, que en el medio del tema haya aparecido un cerdo gigante que se elevó por los aires con leyendas en contra de Bush y, más cerca de la Argentina, contra nuestros dictadores en general. El cerdo también se preguntaba dónde está Julio López.

Foto de la revista RollingStone de Argentina

Luego del intervalo, ahora sí, fue el turno de la ejecución completa del disco Dark side of the moon. Cuando los latidos del corazón empezaron a sonar en todas partes del estadio gracias a las bondades del sonido cuadrafónico, la multitud enardeció en aplausos.

Quizás fue en este tramo donde más se extrañó a David Gilmour, también legendario miembro de Pink Floyd, sobre todo en temas como Breathe y Money, que fueron cantados por uno de los tres (¡!) guitarristas con que contaba la formación de la banda. Las palmas, se las llevó la corista Carol Kenyon con su emotiva -e idéntica- versión de The Great Gig in the Sky.

Ya finalizando la ejecución del disco, todo el estadio se iluminó con los haces de luz que se desprendían de un prisma láser ubicado arriba del escenario, y que junto a la música y letra de Eclipse redondeaba el clímax que se vivía en el Monumental. Por último, Waters conmovió con un set de cinco canciones pertenecientes al disco The wall: the happiest days of our lives (con el helicóptero sobrevolando el cielo de Núñez), Another Brick in the Wall Part II (que contó con la performance de un coro de niños), Vera, Bring the Boys Back Home (que cobra nueva vigencia por estos días) y la inoxidable Comfortably Numb (que hizo extrañar el solo de guitarra made in Gilmour).

Aún después de semejante despedida, Waters logró que los concurrentes se quedaran con ganas de más. Muchos de los asistentes permanecieron en sus lugares una vez encendidos los reflectores del estadio, quizás rememorando los sonidos y las imágenes oídos y vistas hacía pocos minutos. Todos en un estado de ensoñación lunar… confortablemente adormecidos.

3 comentarios en “Luna llena en River

  1. Excelente review de Ariel, concuerdo prácticamente 100%, incluyendo las partes en las que se extrañaba a Gilmour. En general el concierto estuvo impecable. Me emocionó escuchar temas menos típicos como Sheep y los de The Final Cut. Lástima tener que dar tantos codazos para poder ver algo desde el campo trasero :-)

    ¿La pantalla pseudo 3d no les pareció impresionante?

  2. Andrés, yo tuve la suerte de estar en platea baja y aunque estaba bastante lejos del escenario pude disfrutar todo desde las pantallas laterales; y sí, la pantalla del escenario era impresionante, al punto de llegar a pensar que la radio y la botella de whisky eran parte de una escenografia. Cuando ví moverse un brazo que cambió la radio pensé que era uno de los tantos muñecos inflables de Waters. A ese punto llegó el realismo que ofrecía la pantalla en 3 D.

  3. Coincido con Andrés. Demasiados codazos para poder tener un panorama digno del espectáculo. Pero valió la pena! Pobres mis nietos, cuántas veces van a escuchar las anécdotas de este show. :P

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