El cine por asalto Febrero 28, 2007
Posted by La spectatrice in Cine, Literatura.trackback
Me cuesta admitirlo porque admiro a José Pablo Feinmann. Lo cierto es que su más reciente libro, El cine por asalto, me desencantó terriblemente. ¿Los motivos? Tres: 1) cierta sensación de improvisación, como si la sola recopilación de artículos periodísticos hubiera sido garantía de un buen trabajo editorial; 2) la autorreferencia permanente, síntoma de un egocentrismo bastante recurrente en la intelligenzia argentina; 3) la existencia de párrafos (a veces pasajes enteros) muy bien logrados, que demuestran la irregularidad de una propuesta interesante pero desaprovechada.
Las primeras páginas lo dejan muy claro. Feinmann vio muchas películas; escribió sobre actores, directores, títulos; incluso elaboró varios guiones, algunos plasmados en la pantalla grande. Su mirada no es entonces una más entre tantas, sino una mirada experimentada, estimulada, reconocida.
Desde este punto de vista, el aporte resulta enriquecedor, sobre todo porque se anima a mostrar al Séptimo Arte desde una combinación de perspectivas poco usual: histórica, sociológica, incluso filosófica. También resulta ameno porque, además de la intención analítica, existe un notable vínculo idílico, sentimental, pasional, amoroso.
Es más. Por momentos se da tal simbiosis entre el autor y su objeto de estudio que el texto parece poseer una entraña fílmica. Me refiero a las descripciones de escenas que recrean de manera increíble el espíritu de una función.
El problema es que, al menos en este caso, el conocimiento y la pasión no bastan. De hecho, Feinmann suele perderse en su afán por probar cuánto sabe no sólo sobre la industria del celuloide, sino también sobre materialismo dialéctico, sobre comunismo y capitalismo, sobre stalinismo y macartismo, sobre Hegel, Marx, Engels, Freud, Nietzsche, Foucault entre otros.
Así, por ejemplo, nos topamos con un capítulo que promete tratar la trayectoria cinematográfica del diablo, pero que termina convirtiéndose en una gran exposición teológica (dicho sea de paso, ¡¿cómo es posible que el Louis Cyphre de Robert De Niro en Corazón satánico no haya sido mencionado?!).
Alguien podrá objetar que este libro reúne notas publicadas oportunamente por el diario Página/12 y que, cuando fueron concebidas, muchas de ellas recurrieron al cine como excusa o puntapié inicial para debatir sobre algún acontecimiento de interés periodístico. Pues bien, ¡justamente ahí radica el origen de todos los males!
A lo mejor don José Pablo debería haber pulido, eventualmente reescrito sus textos pensando en una verdadera reedición de sus reflexiones, impresiones y recuerdos. Quizás así El cine por asalto sería algo más que un simple compendio. Quizás así nadie se habría convertido en víctima del desencanto.


No sé mucho de las ideas sobre cine de “Don José”. Pero por razones de trabajo tuve que ver “Los cuatro jinetes del apocalipsis”, la obra que escribió para Mauricio Dayub y que actualmente está en cartel en Multiteatro.
Me fui muy decepcionado por haber visto una obra tosca, excesivamente explícita y de tesis, como aquellas del siglo XIX, con moralina.
Eso si, él me pareció simpatiquísimo.
La idea del libro es interesante, sobre todo porque Feinmann aborda el cine desde una perspectiva que asume como subjetiva. Dicho de otro modo, el suyo es un recorrido cinematográfico que gira en torno a su experiencia personal con la pantalla grande y a la relación que él establece entre las películas que vio y los libros/autores que alguna vez leyó/estudió.
Uno podría pensar que en definitiva todos establecemos un vínculo personal con el Séptimo Arte, y es cierto (es más que cierto; es obvio). Pero también es igualmente cierto que la mayoría de las personas que escriben sobre cine lo hacen desde un pedestal de “verdad objetiva” que suele resultar tan insostenible como irritante.
Dada esta realidad, no puedo reprocharle nada a “Don José Pablo” en cuanto a su visión del cine. A lo sumo podré estar de acuerdo -o no- con ciertas observaciones, y podré señalar algunas omisiones, pero no mucho más.
En cambio, lo que sí me permito cuestionar es la manera en que presentó este trabajo, a mi juicio desprolija y demasiado auto-referencial… Que quede claro: lo auto-referencial no tiene que ver con su visión subjetiva del cine, sino con esa compulsión de citarse permanentemente, como si sus escritos anteriores fueran el único marco teórico válido para este nuevo ejercicio de reflexión.
A mí también me decepcionó un poco el libro. Es cierto que Feinmann vio mucho cine y que conoce la cosa desde adentro por su trabajo como guionista. Pero creo que más que nada es un muy buen “contador” de películas, relata muy bien algunas escenas (algo para nada sencillo); me parece que no tiene grandes ideas sobre el cine. Algo similar a lo que pasaba con Guillermo Cabrera Infante. Y, vuelvo a coincidir, me molestó la excesiva autorrefencialidad de la mayoría de los textos.
Un saludo
Coincido con vos, Lord Henry: Feinmann es un excelente contador de películas. Probablemente éste sea el único mérito que revela su libro.
Yo, por mi parte, coincido con Lord Henry y La spectatrice. Don Jose Pablo se dedica, en este libro, a demostrar muy frecuentemente su propio punto de vista, de manera que por momentos me ha resultado irritante el hecho de no compartir sus mismas ideas en algunos casos (como cuando hace referencia a su desinteres por “El aviador” y todo tipo de referencia a la vida de Howard Hughes) como tambien me abrio los ojos con respecto a peliculas que han sido desvalorizadas por muchos y que, por dicha situacion, no estaba en mis planes ver (como, por ejemplo, cuando hace mencion al film “Kiss me, stupid” de Billy Wilder y protagonizado por Kim Novak, al cual le da un gran valor…subjetivo, obviamente).
De esta manera, Feinmann con sus criticas (no siempre constructivas), su obvio talento para narrar peliculas, su gran aficion al cine (y su dedicacion a cada minucioso detalle del mismo) logro que este libro no sea, al menos para mi, uno mas para leer antes de ir a dormir, sino que es, mas bien, un manual con el cual me suelo guiar a la hora de elegir que pelicula ver.