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Reality shows 28/10/2006

Posted by María Bertoni in TV.
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Reality showsPropuesta 1: simulemos un laboratorio; pongamos en una misma “jaula” a cuatro o cinco especímenes del género humano; forcémoslos a convivir en un ambiente cerrado durante un tiempo determinado; dejémoslos desahogarse en un espacio privado que llamaremos “confesionario“.
Importante: que los prototipos seleccionados acaten ciertos criterios estéticos/de personalidad con gancho televisivo.

Propuesta 2: ajustemos un poco el proyecto anterior. Que los humanos elegidos pertenezcan a la farándula. En la meca del star system, podremos recurrir a estrellas mediáticas dispuestas a exponer su vida privada; en algún país subdesarrollado (en vías de desarrollo, perdón) podremos contar con la buena voluntad de actores desempleados.

Propuesta 3: ¡salgamos al aire libre! Reemplacemos el laboratorio por una isla llena de desafíos y obstáculos. Fomentemos la competencia entre los concursantes, que ahora pueden ser más numerosos, más musculosos, y más despiadados. Convirtámoslos en sobrevivientes (perdón, “survivors” suena mejor) y disfracemos a la cultura del individualismo con un velo de trabajo en equipo y solidaridad.

The swanPropuesta 4: sigamos afuera pero en exteriores más amables, menos inhóspitos. Combinemos la calidez del hogar con la seducción de las playas y los senderos arbolados. Generemos una atmósfera romántica. Después de todo, el amor también implica un proceso de selección. Dejemos que él o ella elija el prospecto matrimonial que mejor le convenga.

Propuesta 5: abandonemos las propuestas rococó y salgamos a la calle de verdad. No hagamos una preselección de nuestros cobayos. Filmémoslos al voleo, en su ambiente natural. Si es en un enfrentamiento entre policías y delincuentes, bienvenido sea. Si es en una ambulancia con gente moribunda, mejor todavía. Recordemos: la violencia, la sangre, el sufrimiento, la agonía, el morbo también venden ¡y mucho!

Propuesta 6: volvamos al laboratorio pero no lo simulemos como en el proyecto 1. Al contrario, sumémosle consultorios, quirófanos, salas de recuperación. Apropiémonos de los participantes. Abrámoslos, retoquémoslos, vistámoslos, maquillémoslos. Convenzámoslos de que la transformación los hará creer en ellos mismos, y por último elijamos el mejor producto final.

Latin American IdolPropuesta 7: apostemos al talento. Mejor dicho, a un tipo de talento. O no… ¡Al estereotipo del talento! Hagamos una búsqueda masiva y seleccionemos entre la repetición. Hablemos de personalidad y de garra mientras encorsetamos, unificamos, imponemos. Construyamos ídolos de barro y que el voto telefónico decida… entre más de lo mismo.

Propuesta 8, a futuro. El mencionado morbo da sus buenos réditos. Esperemos contar en un porvenir no muy lejano con espectadores más anestesiados y TVadictos. En ese entonces vayamos a algún geriátrico o al piso reservado para los pacientes terminales de algún hospital, y filmemos el reality show más crudo, pavoroso (¿exitoso?): el que distinga y premie al viejo/enfermo que más tiempo resista a la guadaña de la muerte.

Una vez más, el rating, asegurado…

Comentarios»

1. Sergio - 31/10/2006

Puede un reality show servir o funcionar para alguna otra cosa que la que venimos planteando? Tal vez!
http://www.perfil.com/contenidos/2006/10/31/noticia_0043.html
Esto de verdad no lo esperaba!!! jeje!

2. La spectatrice - 31/10/2006

¡Increíble, Sergio! ¿Será mérito del reality show o será mérito de los 3 mil dólares de premio? :P

3. Sergio - 31/10/2006

Para el caso es lo mismo… si 3 mil dolares pueden eso, y la forma de generar muchos premios de 3 mil dolares es a traves de un producto televisivo, y el resultado es este aprendizaje (si es que de verdad la gente asimiló algo en esa experiencia), bienvenidos sean los realities.
De todas maneras creo que, como bien dice un participante, al momento de seleccionarlos no se tomó en cuenta su casta, y por lo tanto la buena convivencia parte de la ignorancia inicial.
A veces la información incluye el prejuicio y por lo tanto es nefasta. Tengo una historia sobre esto:
Hace algunos años, conocí en la facultad de Sociales de la UBA a una chica muy linda. Primero quise hacerme el galán y traté de seducirla pero como no funcionó y era muy simpática, terminamos siendo amigos. Fuimos amigos durante varios años. Muy amigos. Casi inseparables. Nos aconsejábamos en temas amorosos, nos apoyábamos mutuamente en la carrera, hasta llegamos a llorar juntos una vez que algo que no viene al caso le ocurrió a ella… pero un día, a la salida de la facultad, un colectivo de la línea 152 atropelló a un compañero judío y lo mató. Este chico iba con nosotros a varias materias aunque no teníamos relación con él. El comentario de mi amiga del alma, mientras yo pedía una ambulancia por 3ra vez desde mi celular (el chico ya estaba muerto, lo sabíamos, pero yo seguía como loco buscando una ambulancia), el comentario de esta chica, decía, fue: uno menos.
Yo no reaccioné en ese momento. Ella fue conmigo a declarar a la comisaría, me acompañó en todo momento, me bancó un par de ataques de llanto histérico y después se subió al colectivo conmigo para volver a casa, a pesar de que ella no vivia cerca mío.
En el colectivo, mientras me acariciaba la nuca tratando aún de calmarme, me dijo: bueno, no es para tanto. Un judío menos.
Quise tomarlo en broma y le dije que esos chistes no me causaban gracia. Me dijo que no era un chiste.
No pude volver a hablarle nunca. No pude concebir jamás tanta xenofobia. Pero no pude olvidarme tampoco que ella estaba ahí cuando la necesitaba.
Somos tan distintos que ni siquiera podemos separar las cosas de la misma manera. Mi amiga xenófoba pudo hacerlo, su odio a los judíos no le impidió apoyarme mientras intentaba vanamente salvar a uno de ellos. Yo no pude separar las cosas y no me arrepiento de eso. Pero hoy, leyendo este artículo, pensaba que hubiera pasado si hubieran sabido de antemano sus orígenes.
Yo creo que se hicieron compinches y luego se fueron enterando… una vez que vieron que no eran incompatibles en la vida diaria, no pudieron escudarse en eso de las castas.
Si mi amiga nunca hubiera dicho eso, hoy seguiríamos juntos lo mas campantes. Cosa de separar, no? de apartar diferencias y concentrarse en lo que tenemos en común, que no es poco. A veces se consigue, a veces no.

4. La spectatrice - 01/11/2006

Estoy convencida que el dinero mueve montañas, pero no tanto de que genere sentimientos genuinos. De ahí mi ironía acerca del premio, Sergio. Dicho de otro modo, supongo que el incentivo de los 3 mil dólares se suma a la exposición mediática y, juntos, ambos factores se convierten en agentes importantes de “pacificación” y/o de “convivencia”.

Si tu amiga protagonizara un reality show con algún otro integrante judío, probablemente también haría gala de una apertura mental que en realidad no tiene. Por las dudas, habría que preguntarse qué postura tendría esta chica, después de abandonar el estudio televisivo. Me temo que su razonamiento del “uno menos” se mantendría incólume como si nada hubiese pasado.

5. Sergio - 01/11/2006

Correcto. Los pensamientos o convicciones de ese tipo son en general inamovibles. Sin embargo, hay una diferencia entre lo que se piensa y lo que conviene.
A nivel social, y esto es puramente personal, creo que es menos importante creer que uno es mejor que el otro que actuar como si uno fuese mejor que el otro. Para explicarlo mejor: si por medio de distintos estímulos, llámese premio económico, exposición mediática, promesa de status social, etc, se consigue que el xenófobo, el homofóbico, etc, se comporte “socialmente bien” (es decir “de acuerdo a las normas básicas de convivencia”) con su “enemigo”, la vida sería mucho más tolerable.
Claro, ahora pueden acusarme masivamente de fomentar la hipocresía… en realidad lo que sí fomento es cierto nivel de mentira por conveniencia… algo así como decirle a la cincuentona arrugada que se la ve muy joven… uno no pierde nada, el otro gana bastante…
Adhiero a cierta teoría de que la mentira es una necesidad social, y pueden “matarme” por lo que estoy diciendo, pero es una teoría filosófica bastante aceptada hoy día. El mundo sin mentira sería aún más caótico, ya que la mentira es un mecanismo de defensa humano como puede serlo la mimetización con el entorno en algunos animales.
Poco importa si alguien odia a los judíos o a los gays o a los bolivianos o a los yanquis, si el objeto del odio no llega a enterarse.
El problema viene de cierta necesidad que tiene el que odia de exponer su odio y remarcarlo con acciones.
Creo que con el burdísimo ejemplo del reality, el conductismo de Watson podría funcionar en casos de discriminación. Es decir, para dar un ejemplo pavloviano, si les damos un premio reiterado (y anhelado) a quien siente odio o racismo, por el solo hecho de disimular ese sentimiento en pos de una convivencia más cómoda, puede generarse esa conducta por reiteración.
Fijense que mi amiga expresó su odio CONMIGO, pero nunca lo había hecho antes con este mismo chico que murió. No era tonta, no le convenía demostrarlo. Creo que conmigo la traicionó la confianza…
De todos modos se que mi comentario sobre este tema puede resultar hiriente para muchos que buscan un mundo sin mentiras, sin hipocresía y por supuesto sin odios… pero estoy tan desilusionado sobre las reales posibilidades de cambiar lo intrínseco del ser humano que empiezo a bucear en soluciones más pragmáticas que ya no eliminen la violencia sino que la reduzcan. Un poco irse para el lado de los “ojos que no ven, corazón que no siente”.
Para poder llegar a esta conclusión bastante apresurada y no tan bien pensada, me relacioné bastante con esta teoría de laque hablaba sobre la mentira… hace muy poquito (no se si no es en el último nro), la revista Noticias publicó una entrevista a David Livingstone Smith, director del Instituto de Ciencia Cognitiva y Psicología Evolutiva de la Universidad de Nueva Inglaterra, que habla muy por encima pero aclara algunas cosas sobre el tema… lo demás, es decir la relación con respecto a las “soluciones” planteadas, son de mi propia cosecha y por lo tanto me haré cargo de las puteadas que pueden llegar. ;)
De todos modos, Spectatrice, estamos de acuerdo en que el efecto es “fabricado”… nuestras diferencias pueden venir del análisis de la conveniencia o no (para la sociedad) de estas construcciones.
Besos!

6. Sergio - 01/11/2006

Acá está la entrevista a Livingstone Smith!
http://www.revista-noticias.com.ar/ed_1557/nota04.html
Besos!

7. La spectatrice - 01/11/2006

Mmmmm… Comprendo tu razonamiento, Sergio. Pero no estoy segura de compartirlo. No tanto por eso de que fomenta una “conducta hipócrita”, sino porque me parece que la simulación no resuelve nada. Por un lado, porque se mantiene en el terreno de lo superficial (la procesión del odio, de la discriminación continúa su camino interno); por el otro porque -creo- en algún momento ese esfuerzo de simulación se revela insostenible, por más incentivo que haya de por medio. Entonces se corre el riesgo de un gran estallido posterior que tira por tierra el clima ficticio de convivencia.

El texto de Smith es interesante, y de hecho yo también considero que la mentira forma parte de nuestra condición social y discursiva. Pero creo que hay “mentiras” y “mentiras” así como hay “verdades” y verdades”. Y entre tantas “mentiras” y “verdades” hay ciertos mecanismos de conducta que -como el de la simulación que aquí comentamos- no siempre conducen a buen puerto.

8. Juan Jorel - 14/11/2006

Estimado Sergio: te voy a dar mi punto de vista sobre el tema.

Creo que la cuestión que se plantea en el debate posterior a la nota, no se resuelve en la arena intelectual y no pasa por la adhesión a una u otra teoría. Se lo llevó al terreno de lo subjetivo y se terminó tergiversando el eje de la discusión para llevarlo hacia una disquisición personal. No me parece mal. Uno a veces necesita respuestas sobre algo que ya conoce, pero que no puede asumir. Hay gente que le escapa a las certezas. Yo creo que el intelectualismo actual tiene demasiado de eso, sin generalizar por supuesto. La falta de determinación y compromiso son notorios, y se termina usando a la ciencia para escudarse de los propios temores e incapacidades.

Pero volviendo al tema, quiero decir lo siguiente:

El fenómeno de los reality show es, sin duda alguna, un digno producto de nuestra era. La decadencia del mundo moderno se plasma de manera magistral en estos arquetipos* de la “vida real”.
El circo a pleno. Millones de personas sin vida propia se apropian de la vida de los de los demás y disfrutan de la carnicería despiadada y de la humillación de la derrota que resulta de la competencia entre los participantes. La naturaleza brutal y falsaria del sistema se filtra a través de la pantalla para mostrarnos una síntesis de su lógica y para decirnos cual es la forma de vida ideal para su conservación y perpetuación.

Esta es mi respuesta a mi pregunta.

Saludos.

* m. Psicol. Imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forma parte del inconsciente colectivo.

9. Sergio - 14/11/2006

Juan… yo creo que todo, pero absolutamente todo, si es mirado con “buena leche”, puede hacer que las cosas mejoren. Hasta este reality. Por otra parte, no comparto ni un céntimo de tu afirmación “millones de personas sin vida propia se apropian de la vida de los demás…”
Estos millones TIENEN vida propia, y en general es bastante mas dura que la de los participantes de un Big Brother. No se trata de disfrutar “de la carnicería despiadada y de la humillación de la derrota” sino de ver que la derrota puede ser menos mala en la TV que en la vida. La gente NO CREE que un reality sea la vida real. Lo que SABE es que es GENTE REAL (no guionados, se entiende?). La vida es una mierda pero en Big Brother no es tan terrible. Nadie se puede morir de hambre, ni enfermarse sin tener atención médica. Lo peor que puede pasar es que te nominen y te rajen! Decime si no es una buena forma de “escaparse un rato”… por lo menos mejor que una dosis de algo químico no?
Nunca quise que pareciera que GRACIAS al reality las distintas castas pudieron coincidir. Lo que quise mostrar es que a veces, los escenarios más insólitos (como los del un show de TV) son el lugar donde la gente tiene la oportunidad de reflexionar y tomar nota de lo que estaba mal en su vida.
Por otro lado, no coincido con que el escenario de un reality sea siempre arquetípico de la vida real. Sencillamente porque nadie, o muy pocos, realmente sienten que el show tenga algo que ver con la vida real!
Por último, (y no se por qué pero hoy me siento combativo, nunca me opuse tan férreamente a un comment como hoy!)… ya estoy un poco cansado de escuchar hablar del sistema. Reconozco que yo también uso el término a veces, pero… el sistema somos nosotros. Incluso oponiéndonos somos parte de él.
Con respecto a mi razonamiento anterior a este comment, y a la cita de la nota sobre la mentira… Spectatrice: creo que no estamos hablando de simulación. La conveniencia (o el instinto de supervivencia) crea hábito. Lo probado y exitoso se repite por instinto… no hay represión en eso. No hay ocultamiento ni hipocresía ni simulación. Esto me sirvió, lo volvía a probar y volvió a servirme… lo asimilo. Lo hago carne. Watson habló mucho más seriamente que yo de este tema. Incluso Foucault.
Saludos y perdón si sueno un poco “combativo”, pero a veces me siento demasiado solo en mi optimismo! ;)

10. La spectatrice - 15/11/2006

Sergio, yo sólo me limité a retomar tu idea de “cierto nivel de mentira por conveniencia”. Para mí esa expresión y la palabra “simulación” remiten a nociones similares. Por otra parte, en mi último comment también hablé de la mentira como parte de nuestra “condición social y discursiva”. Por lo tanto, creo que estamos refiriéndonos más o menos a lo mismo. Tal vez, la gran diferencia en esta cuestión es que vos ves la mitad del vaso llena y yo, la mitad vacía. :roll:

Quizás por eso me cuesta tanto mirar a los reality shows “con buena leche” (me refiero sobre todo a las propuestas dedicadas a forzar convivencias artificiales, no tanto a los concursos musicales estilo Latin American Idol). Retomando un poco la idea de Juan, creo que los productores de estos programas apuestan a una conducta de voyeur, incluso con una gran dosis de morbo (de ahí la ironía de la propuesta 8 que figura en mi post).

Es innegable que la conveniencia crea hábito. Pero a esa conveniencia y al éxito de la repetición, los veo del lado de los productores. De hecho, eso es lo que hace que la fórmula de los reality se reproduzca hasta al hartazgo: porque es exitosa; porque tiene rating; porque convoca anunciantes; porque genera dinero.

En cambio, de este lado de la pantalla, del lado de los televidentes, sin dudas hay hábito pero, en cambio, a la conveniencia no la veo.

Lamentablemente ni Watson ni Foucault vivieron lo suficiente como para presenciar/analizar el éxito de los reality shows. Sin embargo, me arriesgo a aventurar que el primero -amigo de la simple constatación- habría corroborado que la repetición es fenómeno determinante en la producción de estos programas, pero se habría reservado posibles juicios de valor adyacentes. En cambio, estoy segura de que el filósofo francés habría sacado conclusiones poco felices sobre el asunto, a tono con su reconocida teoría sobre la sociedad del panóptico, del “gran ojo”.

Como suelo decir en estos casos, realmente lamento no poder compartir el optimismo de quienes creen en la nobleza de ciertos productos televisivos (hace algún tiempo, una discusión similar tuvo lugar en el post sobre The L word). Desde mi escepticismo/pesimismo habitual, considero que si estos programas realmente reunieran las condiciones que muchos les atribuyen, las cosas andarían un poquitititito mejor y, por ejemplo en esta ocasión, coincidiría con vos en que los reality pueden convertirse en lugares “donde la gente tiene la oportunidad de reflexionar y tomar nota de lo que está mal en su vida”.

Aunque me gustaría, realmente no puedo. :(

11. La spectatrice - 15/11/2006

Perdón… Me quedó algo en el tintero… Un ejemplo, más bien: el de Latin American Idol, reality comentado en Espectadores.
Un concurso que en principio reivindica la identidad latinoamericana (sus conductores, sus participantes, sus seguidores la mencionaron en todo momento) y sin embargo, cuando se recorre los sitios o blogs montados para opinar sobre el programa, abundan los comentarios agraviantes contra las distintas nacionalidades de los participantes.
Ante esta observación, uno podría decir que, justamente en el post correspondiente de Espectadores, se pudo crear comunidad, porque hay gente que ingresó y sigue ingresando con buenas intenciones, en un clima de respeto por el otro. Cierto.
No obstante, pienso que el mérito es exclusivo de estas personas, nunca del programa en cuestión.
Sigo mirando la mitad vacía, ¿no? :oops:

12. Sergio - 15/11/2006

En cierto modo es verdad! Pero estos agravios a las nacionalidades poco tienen que ver con la IDEA, más bien tienen que ver con los fanatismos tan propios de la mentalidad latina. Aquí en la Argentina tenemos el ejemplo candente del fútbol y las barras bravas no? Se lo puede analizar como una muestra absoluta de lo que es la sociedad? No creo, ya que la mayor parte de esta sociedad censura estas conductas… el show genera fanáticos siempre, pero, es culpa del show? Digo, así como vemos el mérito en las personas que no agraviaron a nadie con el tema LAI, no podemos decir que la “culpa” es de los que agravian? Yo creo que en todos los ámbitos la responsabilidad final es de quién actúa. Por eso me puedo oponer fervientemente a un gobierno o un tipo de estado y al mismo tiempo recalcar que ese gobierno y ese estado somos nosotros mismos. Si las cosas después nos salen mal, la culpa es nuestra.
Fijate que varias veces hemos hablado de USA y yo remarcaba que una cosa es el Estado yankee y otra su pueblo… pero no puedo dejar de pensar tampoco que ese estado existe por y para su pueblo. En el caso de la TV, es lo mismo. Los shows existen porque somos nosotros mismos quienes hacemos el show!
Hace un tiempo leí sobre un reality de lucha libre que hay en USA y me enteré que aquí, en ciertas plazas de la capital federal, los pibes se juntan para recrear esas luchas, sumando más heridos graves a la lista que ya vienen del tránsito, la violencia familiar y otros en cada hospital de la ciudad. Es culpa del productor del show que haya 10 boludazos que se maten a piñas porque en USA profesionales y amateurs ENTRENADOS lo hacen?
Ahora bien, fijate que diferentes se pueden ver las cosas en todos estos casos. Vos decís que el mérito de la comunidad de Espectadores en el post de LAI es mérito de los que ingresan con buenas intenciones. Yo digo que el mérito es tuyo y solo tuyo, porque aquí jugaste el rol de Estado, ayudando a regular las relaciones entre partes, advirtiendo sobre las violaciones a las reglas del blog en todo momento, aportando una observación aguda en el momento indicado…
La TV se regula de forma parecida, pero cuando lo hace, no vende taaaanto como cando se zarpa. El Estado (los Estados) también están dejando de prestarle atención a la convivencia, porque el conflicto les sirve para otros fines.
Al final de todo, la culpa sigue siendo nuestra. Si alguien mira Big Brother o sus hermanitos y PIENSA que esa es la vida real, el problema siguesiendo de esa persona.
A mi los realities me sirven como entretenimiento, si, pero además puedo mensurar conductas, tipologías, reacciones, etc, de los participantes, puedo llevar mis conclusiones fuera de las cámaras de TV y hacer un mapa psicológico de la sociedad, qyue nso puede ayudar en nuestras relaciones diarias y en nuestra convivencia.
Obviamente, si no hubiera gente como vos, que ven escépticamente estas cosas, faltaría el debate. Yo trato de separar las cosas (no siempre lo logro y muchas veces me contradigo) para no echar las culpas hacia afuera y hacerme cargo (hacernos) de la parte que nos corresponde.
Besos!

13. La spectatrice - 15/11/2006

Sergio, ante tu último comment se me ocurre aclarar -tarde pero seguro- que yo “no culpo” a los reality shows de generar conductas. Así como no creo que generen conductas positivas (retomando tu ejemplo del programa iraquí), tampoco creo que sean responsables de conductas negativas. Sí, en cambio, pienso que son un fiel reflejo de una sociedad que juega cada vez más con las intersecciones entre las esferas pública y privada. En todo caso, y como dije en mi comment anterior, estos programas explotan algo que ya existe per se: por un lado, el voyeurismo, el morbo del ser humano; por el otro el peso de una cultura mediática que sigue blandiendo la bandera de los “15 minutos de fama”.
Desde ya, estoy de acuerdo con la responsabilidad que les adjudicás a los Estados. Para mí, los Estados no sólo se desentienden de su rol como reguladores sino también como gestores de políticas educativas serias que formen a ciudadanos lúcidos, con intereses que incluyan la curiosidad y el divertimento ante un reality pero que también inciten a buscar otros referentes culturales, nuevos horizontes un poco más enriquecedores.
Del párrafo anterior también se desprende otra coincidencia con lo que decís: la responsabilidad también es nuestra como espectadores. De nuevo, me permito citar una discusión parecida que tuvo lugar en el post sobre The L word: está muy bien que tal o cual programa nos guste, nos atraiga, nos entretenga por x motivo(s), pero de ahí a verlo como algo realmente innovador o de calidad, me parece que hay una gran diferencia.
Yo tampoco creo en eso de echar las culpas afuera. Me parece, sí, que cada uno tiene (tenemos) su parte (nuestra parte) en el asunto, y por eso mismo sostengo que los productores de TV no son operadores inocentes. Evidentemente, mi post apuntó especialmente contra ellos, pero en ningún momento tuve intenciones de que la crítica se refiriera a ellos como únicos responsables.
Bien vale este comment para despejar posibles malos entendidos. ;)

14. Sergio - 15/11/2006

Ok! estamos de acuerdo!
Para darle fin a mi combatividad (jeje), aclaro que a veces me voy de lengua (o de dedos, en este caso) sencillamente para “abrir” un poco más el debate.
Confieso que a veces algunos comments (nunca los tuyos, Spectatrice!) me parece que nos quieren tomar por dolobus… sobre todo esos que apuntan a demostrar cuánto se sabe de la psicología social o individual con citas muy sesudas y hasta definiciones de términos complicados. En mi caso me siento bastante atacado ante ese tipo de comments, ya que rara vez dejo de entender de lo que me están hablando y si no l oentiendo pregunto o voy al diccionario… pero jamás me molestan los distintos puntos de vista u opiniones.
En el caso de los realities, yo sigo creyendo que son inofensivos en tanto y en cuanto lso tomemos como un show y no como una clase de filosofía! Esto mismo es lo que les digo a los que se “matan” hablando y discutiendo sobre LAI… pero eso no me da ningún derecho a creerme que soy el dueño de ninguna verdad.
Besos! ;)

15. Juan Jorel - 16/11/2006

Sergio: vos preguntaste si “Puede un reality servir para otra cosa que la que venimos viendo? Tal ves!! (link nota periodística)”
Lo primero que se me viene a la mente es la tremenda influencia que tienen los medios masivos de comunicación hoy en día. No deja de asombrarme. En este caso, un programa que juntó a personas de etnias enfrentadas y las hizo convivir en paz, habría tenido una influencia positiva en este sentido sobre las personas que miraban el programa.
Suponiendo que así haya sido, ¿puede ser esa la generalidad? ¿no es este un caso aislado? Si yo tuviera que ejemplificar este caso, diría que fue la válvula de escape de una hoya a presión, la cual si no se libera de ves en cuando, explota. Por ahí es un poco exagerado pero es lo que se me ocurrió :)
Como ya dije, creo que estos programas son un reflejo y a la ves un incitador de conductas determinadas por y para la sociedad en la que vivimos.
En mi coment anterior mencioné lo que para mi subyace bajo el mensaje de los realitys, que es la forma de vida ideal, la forma apropiada de relacionarse entre los individuos, de comportarse en esta sociedad, y que los realitys son a la ves un producto genuino de esta.
Foucault habla del “sujeto sujetado” y menciona como “Sutilmente, sin violencia, irá infiltrándose en los individuos, trabajando detenidamente sus anhelos, condicionando su imaginación, controlando su pensamiento, hasta lograr una profunda identificación de los fines, las aspiraciones y las valoraciones personales con los de la estructura del aparato productivo”.
Entonces yo no puedo ser optimista con respecto a esto, si con otras cosas, pero no con esto. Si así lo hiciere, me estaría resignación ante una realidad que en mi mente concibo como inamovible, negando toda posibilidad de cambio real, para entregarme a lo que sé son falsas esperanzas. Y yo a eso no lo llamo pragmatismo, sino facilismo.

Saludos.

16. Sergio - 16/11/2006

Juan, la diferencia entre vos y yo no pasa por lo que leímos ni por lo que interpretamos de lo leido o lo vivido. La diferencia no es de pragmatismo o facilismo. Nuestra principal diferencia es la posición en la que ponemos a la gente en nuestra escala de valores sobre el poder.
Los medios (y los realities son parte de ellos) suelen ser herramientas del poder para ejercerse a si mismo. Desde esa perspectiva, muchos les atribuyen a los medios una importancia que yo no les doy de ninguna forma. La verdad, tarde o temprano, surge. Y lo hace de las formas más extrañas e inesperadas. Mi optimismo pasa por ese lado, por la certeza (personal) de que la verdad gana mas tarde que temprano, pero termina ganando.
De ninguna manera propongo una actitud de aceptación sin cuestionamientos de los medios y sus productos y subproductos, pero tampoco me parece que haya que poner a un programa de TV tan arriba en la escala de valores, como para reconocerlo como modelador de sociedades.
Cuando posteé aqui citando el programa musulman, lo hice para mostrar que NO SIEMPRE los resultados deben ser terribles o dudosos… no quise decir que los realities SIRVAN SIEMPRE para algo bueno, sino que a veces, solo a veces, pueden resultar cosas interesantes. Las opiniones de aquellos participantes eran de sorpresa! Se decían a sí mismos y a la prensa que si, que realmente era extraño pero que habían podido entenderse mejor. El tema es que para ese entonces el premio ya había sido otrogado (a uno) y por lo tanto no había por qué seguir fingiendo!
Por último, creo que hay cosas mas terribles que un reality… en los noticieros! estos últimos son los PREMIUM Reality de la TV, desde el momento que se ha impuesto el guionado de la noticia. Nuestra anfitiriona ha tocado este tema en distintos posts y comentarios, pero estamos tan acostumbrados a ese tema que ya no nos llama la atención. Veremos como reacciona el mundo y la sociedad, pero no creo que el reality show cause más daños que algunas novelas centroamericanas.

17. La Propaladora » Blog Archive » A imagen y semejanza - 04/03/2007

[...] los reality shows sean la prueba más contundente de la superposición o intersección de estos espacios. Y si a este [...]


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