Mein Kampf, una farsa 04/10/2006
Posted by María Bertoni in Teatro/Música/Danza.trackback
Difícil tarea, la de abordar tremendo personaje histórico desde el humor. Dicho de otro modo, ¿hasta qué punto podemos reírnos de Adolf Hitler? ¿Cómo hacer para obviar lo que este nombre/hombre representa, y entregarnos a un ejercicio de ficción que en definitiva ridiculiza a la barbarie? Créase o no, George Tabori lo hace posible en Mein Kampf, una farsa, pieza teatral capaz de mostrar el costado grotesco, vulnerable, absurdo del Führer sin por ello faltar a la (siempre necesaria) conciencia histórica.
Que conste: Tabori es un tipo excepcional. Dramaturgo húngaro de origen judío, combatió contra el nazismo y, después de haberse instalado en los Estados Unidos, contra el maccartismo. Fue amigo de Chaplin; quizás por eso su obra parece rendirle homenaje a la paródica El gran dictador.
De hecho, al margen de las diferencias entre la película filmada en 1940 y esta propuesta escrita en 1987, las intenciones de sus autores fueron más o menos las mismas: desmitificar al monstruo, desnudar su fondo prejuicioso y contradictorio, exagerar sus ademanes sobreactuados.
Tuve la oportunidad de ver la adaptación local de Mein Kampf, una farsa hace algunos años. Estrenada en el Teatro San Martín, la puesta en escena fue responsabilidad del multipremiado Jorge Lavelli y el rol protagónico quedó en manos del casi irreconocible Alejandro Urdapilleta.
Recuerdo con lujo de detalles la excelente caracterización del joven Adolf antes de convertirse en Hitler a secas. Las palabras y gestos grandilocuentes aparecían como los síntomas de una conducta obsesiva y paranoide. La interacción con un compañero de pieza judío* (Herzl, convincentemente interpretado por Jorge Suárez) servía de excusa inmejorable para insinuar la arbitrariedad de los postulados arios y antisemitas.
Urdapilleta encarnaba perfectamente al pichón de Führer. Su interpretación iba más allá de la mera caricatura para sacarle todo el lustre al texto de Tabori.
Así, en un abrir y cerrar de ojos, el teatro nos demostraba lo impensable (¿lo imperdonable?): que efectivamente -al menos hasta cierto punto- podemos reírnos del mismísimo Adolf Hitler.
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* Por si cabe alguna duda, no está de más aclarar que esta obra recrea los años previos a la publicación de Mein Kampf o Mi lucha, libro que Hitler escribió mientras estuvo preso por haber liderado un intento de golpe de Estado en 1924. Cuenta la leyenda que, antes de dedicarse a la actividad política, el fundador del nazismo vivía en la miseria más absoluta, tanto que un hombre judío le habría regalado su sobretodo para que se protegiera mejor del frío a la hora de dormir en la intemperie.







Definitivamente la obra adaptada en argentina fue excepcional… yo también la vi y la disfruté.
Por otro lado, algunos datitos interesantes para entender el humor sobre Hitler (o a costa de él).
El pueblo judío, vaya a saber uno por qué motivo, ha desarrollado históricamente un sentido del humor “a prueba de balas” (nunca más apropiado el término). Dentro del circuito de humoristas y cómicos de la colectividad, la cantidad de chistes, cuentos y parodias sobre Hitler son infinitos… no es raro que exista una obra sobre estos preceptos, lo que sí es raro es cómo todo un pueblo perseguido y masacrado pueda “tomarlo con humor”… eso es algo admirable a estas alturas.
Otro dato importante: El libro de Hitler Mi Lucha, material que cualquiera que habla sobre Hitler debería leer (es increíble como en sus propias líneas Hitler desnuda sus obsesiones y su crueldad, aunque también sus debilidades) es muy difícil de conseguir en la argentina. Raro, en Israel se consigue sin problemas, porque entienden que la única manera de “matar al monstruo” es no olvidando quién fue ni los por qué que esgrimía. En cambio, sin que judíos de ninguna clase dijeran nunca nada, en 1987 se sugirió, desde el Estado Nacional, que ese libro era poco importante a nivel histórico, que no aportaba nada a ninguna causa y que podía herir suceptibilidades. Los editores tomaron nota y hoy solo se consiguen versiones clandestinas o, con mucha suerte, alguna edición importada que pasó la censura.
Es una pena, porque Hitler escribe tan mal y justifica tan pobremente sus actos, que si lo leyera más gente habría menos gente defendiéndolo.
Por suerte, esta carencia es soslayada con obras como la de Tabori, o con el propio humor judío.
El problema con Mein Kampf es que -tengo entendido- hay muchas versiones apócrifas dando vueltas por ahí (por ejemplo, Parque Rivadavia. Je). Parece que algunos redactores filonazis se tomaron el trabajo en serio y pulieron la pésima redacción del Führer. De todos modos, aunque el estilo haya sido mejorado, la parte argumentativa sigue siendo tan pobre como siempre.
Correcto. El problema justamente es ese… si el libro se editara seriamente y si ese libro fuera de libre acceso, este problema no existiría… así no solo la data no llega a todo el mundo sino que además llega distorsionada.
Hitler fue uno de los más crudos genocidas de la historia, un megalómano, un paranoico con algunos rasgos psicóticos… pero nadie puede negar ciertas aisladas medidas de puro tinte económico que convirtieron a Alemania en una potencia… Así como en Argentina desde el Congreso Nacional en algún momento se propuso borrar a Rosas de la historia, al no publicar la obra de Hitler tampoco se pueden apreciar ciertas soluciones que impuso a temas como la salud pública, algo que podría tenerse en cuenta hoy en Latinoamérica… Convengamos en que la figura de Hitler no puede ser analizada sólo desde el Holocausto, sino que hay que profundizar en su nacimiento como líder, los problemas que Alemania tenía como para regalarle el poder absoluto y qué tipo de soluciones adoptó para que lo siguieran tantos… No podemos poner a todos los seguidores del Hitler que daba salud y educación pública (si quieren, adoctrinamiento, pero eso lo sabemos hoy, no lo sabían quienes iban a la escuela entonces) en la bolsa de asesinos y genocidas. Mucha gente apoyó a Hitler hasta que comenzó la persecusión.
Es un problema grande hablar de Hitler y del nazismo… uno siente aún el peso de parecer antisemita, cuando en realidad quiere separar las cosas… tal vez por eso el pueblo judío ha aprendido con el tiempo a reírse hasta de estos temas… para que no haya confusiones con respecto a su postura?
Totalmente de acuerdo con vos, Sergio. Retomando el seudónimo que un visitante utilizó para participar en otro post de este blog, Hitler no es Hitler a secas, sino “Hitler y sus circunstancias”.
Creo que justamente lo que puede causarnos risa de este personaje son sus características personales, individuales: su perfil obsesivo, compulsivo, paranoide, “megalómano” como bien decís.
Ahora bien, si hablamos en términos históricos, habrá que contemplar un contexto político, social, económico -local (austro-alemán) y regional (europeo)- que resultó propicio para el surgimiento y fortalecimiento del nazismo, y cuyas implicancias superaron el tema del Holocausto.
Personalmente tuve la suerte de asistir a un colegio cuyos profesores nos enseñaron Historia a partir del análisis discursivo de documentos históricos, y no de la memorización de manuales especializados en “versionar” el pasado. Te aseguro que la experiencia rinde sus buenos frutos; al menos tiende a formar mentes más o menos lúcidas, y no meramente enciclopédicas.
Con respecto al tipo de educación que recibiste (Sarmiento la llamaba Instrucción y Alberdi, Enseñanza, habrá realmente diferencias?), te cuento que se nota… y mucho! Yo no tuve la suerte de tener buenos profes en el secundario, pero si la suerte de que de chiquito me guste leer… el resultado fue parecido, jeje.
Con respecto al nazismo, en estos días en que el conflicto entre Israel y Palestina nos tiene un tanto ocupados, he leído visto y oído cantidad de acusaciones cruzadas en donde la palabra nazi salta cada dos por tres en los medios.
Lamentablemente la descontextualización de los hechos históricos provocan estas cosas: acusaciones y denominaciones incongruentes que terminan en el fortalecimiento del enfrentamiento en lugar de aportar a la paz.
Para ser justos, el régimen nazi se caracteriza, con respecto a los judíos, por un marcado antisemitismo proveniente del líder pero disfrazado, en los discursos made in Goebbels, de algo parecido al antisionismo actual, un tanto más justificable históricamente.
Aquí hay que hacer un alto, ya que los terminos antisemita y antisionita se confunden habitualmente. El primero, conocido por todos, implica un acto de xenofobia basado en raza y religión. El segundo, es la simple oposición a un régimen Nacionalista, tan nacionalista como el nazismo, pero desde la otra vereda.
Para la época de Hitler, y en esto me opongo a la mayoría de los historiadores, no se podía hablar de Antisionismo. El movimiento nacionalista de Sion que dio lugar a la formación al Estado de Israel se terminó de configurar hace apenas 30 años… lo de Hitler fue sencillamente una paranoia que, dada la patología del señor del bigote, explotó contra aquellos a los que creía superiores en fuerzas, dedicando su vida a crear una fuerza propia que pudiera oponersele. Un loquito peligroso, que nos dejó una de las páginas más tristes de la historia.
Sin embargo, hoy, las opiniones que escucho en los medios contra la postura de Israel, poco y nada tienen que ver con el nazismo ni con el antisemitismo. Increiblemente, el pueblo que sigue estudiando a su antiguo enemigo, que se ríe de su triste pasado y que ha encontrado fuerzas para renacer una y otra vez de sus cenizas, esta vez no puede entender la postura de los que ven en su régimen actual una cara demasiado parecida a la de aquel que alguna vez provocó el Holocausto.
Para variar me fui por las ramas, pero todo esto intentaba venir a cuento de aquellas “versiones del pasado” de las que hablabas… qué contarán los futuros manuales sobre esta época?
Otra vez estoy totalmente de acuerdo con vos, Sergio. A mí también me preocupan las apreciaciones confusas que suelen surgir cuando se habla del conflicto israelo-palestino. De nuevo, considero que los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad en esto porque suelen simplificar hechos y procesos históricos que son sumamente complejos y que -mal abordados- pueden fomentar (de hecho, lo hacen) una visión estereotipada, limitada, pobre, distorsionada del pasado y de nuestro presente.
Sólo me permito una pequeña disgresión conceptual…
A decir verdad, yo tenía entendido que la palabra “sionismo” era anterior a la creación de Israel. Creía que remitía al movimiento que buscaba la reunificación del pueblo judío víctima de la diáspora. Si mal no recuerdo, el nombre de su fundador era Theodor Herzl (oh casualidad, apellido que Tabori eligió para el coprotagonista de su obra), y esta corriente ideológica surgió a principios del siglo XX (en parte por eso Hitler insistía en hablar del “sionismo internacional”, aludiendo a los judíos instalados en distintos países y que, según él, pretendían instaurar un poderío político-económico hegemónico).
Tengo entendido entonces que la creación del Estado de Israel fue concebida como un “objetivo” del movimiento sionista (lo digo de una manera muuuuuy sintética; por cuestiones de espacio omito mencionar la manito que metieron Gran Bretaña y Estados Unidos en Medio Oriente apenas terminada la II Guerra Mundial).
Por lo demás, coincido plenamente con vos en la necesaria distinción que debe hacerse entre “antisemitismo” y “antisionismo” o, si se quiere (y se puede) “anti-israelismo” (neologismo, si los hay).
Y para terminar, un deseo: ojalá que en el futuro no haya manuales de historia, sino buenos profesores que enseñen a pensar y a debatir documentos y hechos históricos.
¡Perdón, perdón, perdón, Sergio! Releí tu último comment y veo que malinterpreté la frase “el movimiento nacionalista de Sion (…) se terminó de configurar hace apenas 30 años”.
La disgresión antes mencionada fue en vano. Estamos en un todo de acuerdo.
jeje! Lo sospeché desde un principio!
Adhiero al NO MANUAL!!!
Pero no soy tan optimista ante eso… justamente tengo en cuenta la “aparición” mediática de Felipe Pigna, quien aborda la historia desde la idea de “agregar bronces” a partir de la re-narración. Esta re-narración implica, como siempre, una re-construcción, lo cual no sería malo si se hiciera sin buscar adoctrinamiento… hoy Pigna está de moda, pero además se lo está reconociendo académicamente y creo que se lo está sobrevalorando bastante… me da un poco de miedito que la “historia simplificada para que lleguea todos” que propone termine configurando esos futuros manuales, con el agregado (al “peligro” que supone un manual) de contar una historia aún mas frívola que la que fue oficial hasta ahora…
A nivel mundial, la escuela Pigna está haciéndose eco (Pigna es asesor histórico de la cadena HBO), y ya empezaron a aparecer en España, Portugal e Italia quienes piden un nuevo revisionismo, pero sin el sustento científico ni metodológico de aquel que rescató al menos un poco nuestra historia de transformarse en una historieta.
El régimen nazi, así como la era de Napoleón, los conflictos en Medio Oriente, el Comunismo, el Proceso en la Argentina (perdón, prefiero llamarlo Dictadura)… Todos hechos históricos que han sido abordados más desde lo mediático doctrinario que desde la historiografía… será que alcanzarán los buenos profesores para dar vuelta tanta basura “implantada” en la cabeza de la gente?
No creo que alcancen, Sergio, pero algo han de ayudar.
En cuanto a Pigna, nunca me convenció del todo. No sabía que labura como “asesor histórco” (¿?) de HBO. Ahora me convence menos.
Hace como 5 años que lo es… incluso de antes de ser “famoso” en nuestro país ya era “famoso” en el circuito televisivo internacional. Hay que reconocer que fue el primer historiador argentino en armar un material bastante interesante (audiovisual) para estudiar en las escuelas… esto lo puso a tiro de la TV y HBO tomó nota y lo llamó. Después vino 4 cabezas y Guebel y Pergolini le vieron el filo al asunto.
Te recomiendo, para “analizar” a Pigna y su método, que te bajes algunos audios del programa que hacían en Radio Mitre Pacho O`Donell, García Hamilton y Pigna, donde debatían la historia argentina… muy buenas intervenciones de García Hamilton, cierta ironía inteligente de Pacho, mucho chisme histórico por parte de Pigna.
¡Escuché algunos de esos programas cuando los emitían! Estaban interesantes por el debate en sí (después de todo, la Historia siempre implica -o debería implicar- un mínimo de debate, ¿no?). De los tres participantes, me quedo de lejos con García Hamilton simplemente porque me resulta el menos predecible de todos.
Quería hacerte una observación para dar por tierra definitivamente con otro antagonismo estúpido que anda dando vueltas…
Creo haberte leído en algun momento que tenías una marcada tendencia progrsista o de izquierda (corregime si me equivoco en los términos que utilizaste)… en mi caso, suelen catalogarme como “de derecha”, ya que yo mismo me digo Liberal.
Es raro, pero Hobsbaum (creo que se escribía asi) dice en su Historia del Siglo xx: “la revolución industrial, así como la francesa, sólo fue posible gracias a la ardua actuación de los liberales de izquierda”.
En mi opinión, términos como izquierda y derecha son absoluta y completamente obsoletos. Liberales de izquierda es un término imposible de entender hoy por la mayoría de las personas.
Hoy se habla de Neoliberalismo y yo, “teórico” liberal digo: el llamado neoliberalismo NO es liberalismo… el problema es que estos términos se usan indistintamente. Es como si yo hablara de Neomarxismo o Neocomunismo o Neosocialismo… que sería eso???
La Social Democracia europea, se dice socialista y sin embargo hoy en día es considerada de derecha… como podemos seguir utilizando esos términos?
Yo creo que hoy es mucho más potable hablar de Sistemistas y Antisistema… el problema es que los Anti pueden ser considerados anarquistas tal vez?
No puedo ni siquiera hablar de antiimperialismo ya que para mí el término imperialismo es obsoleto también… el imperio ya se terminó de configurar después de la 2da Guerra… y el imperialismo no es más que la doctrina que procura conformar el imperio.
Yo, liberal, vos, progresista… pensamos tan diferente? ambos procuramos pararnos del lado de la gente, ampliar las bases de discusión, abrir el juego al pensamiento para que no nos “vendan” mas sapos que tragar…
Ninguno de nosotros hace política partidaria, al menos en este espacio, ninguno es un “revolucionario” o un “conservador” en los viejos términos y sin embargo hay quienes siguen ubicandonos a la derecha o a la izquierda. Yo siempre pregunto: a la derecha o izquierda de que cosa?
Cuando mencionabas el debate necesario para la historia, pienso que ese debate ya no existe ni siquiera en las cosas menos importantes. El pensamiento único nos llega desde los medios y entra subliminalmente en las cabezas mas prevenidas!
Alguien me dijo que USA no nos conquistaría jamás con bombas, sino con el Pato Donald… eso ya se hizo… la penetración cultural es total y sin embargo, izquierdas y derechas (en los viejos términos) estamos hablando del nazismo, del sionismo, de la penetración cultural (LAI), de la falsa pedagogía de la TV (The L Word)… y nunca “terminamos a las piñas”.
Será por eso que hasta ahora en este post sólo hablamos vos y yo? será que el pensamiento único no permite ni siquiera hablar de Hitler por miedo y/o indiferencia?
Sinceramente cuando posteaste tu reseña de esta pieza teatral, me esperaba un aluvión de posturas a favor y en contra, ya no de Hitler sino de la posibilidad de hacer humor con este tema…
En fin… como vos decías en otra parte: tal vez cierto cansancio o resignación me van a llevar más adelante a obviar estos posteos interminables donde me voy de tema pero sin dejar de decir lo que pienso, mientras tanto, paciencia! tengo aún muchas ganas de “irme por las ramas” con casi todo lo que plantean en estos rumbos…
Gracias por permitírmelo!
Tal vez con el tiempo aparezcan otros comments, Sergio. Hace tiempo en otro blog escribí una reseña sobre el film La caída, y en un principio nadie opinó nada. Pero fue suficiente con que un día una persona reivindicara la figura de Hitler como para que enseguida se multiplicara la cantidad de comentarios filonazis. Ojalá no suceda lo mismo con este post; ojalá la charla que empezamos siga enriqueciéndose.
Yo tampoco creo en las etiquetas políticas. Me parecen sumamente relativas. Como bien decís, sería una buena cosa preguntarse “a la izquierda/derecha de qué”. Es cierto que en varias ocasiones definí mi pensamiento como “progresista” (palabra que en realidad detesto), de “izquierda”, incluso “anti-sistema”. Fue una manera rápida (burda, tal vez) de ubicarme frente a ciertos comentarios defensores de conceptos, valores, percepciones que no comparto.
Excepciones al margen, prefiero evitar ése y otro tipo de definiciones sobre mi persona. Pienso que en definitiva mis reseñas y comentarios son lo suficientemente elocuentes en cuanto a mi forma de ser “espectadora”.
Por último, Sergio, no tenés nada que agradecer. Al contrario, me pone muy contenta cuando algún post de Espectadores genera ganas de participar, de escribir, de intercambiar opiniones. En todo caso, soy yo la agradecida por el tiempo y la dedicación que le has asignado a éste y a otros artículos.
La obra de la trata el post, la vi yo hace bastantes años en Barcelona, en ese caso en catalán, y realmente era un montaje de teatro alternativo, pero realmente fantástico. De Tabori, si la memoria no me falla también leí “Las Variaciones Goldberg” una obra muy irónica. Si no te importa procederé a agregarte a mis bitácoras favoritas, pues debo visitarla con frecuencia para disfrutar de ella. Saludos.
Tendré en cuenta tu recomendación sobre Las variaciones Goldberg, Sombras Chinescas. Dicho sea de paso, es bueno saber que Mein Kampf, una farsa mantiene su interés, independientemente de dónde se la monte y en qué idioma se la adapte.
Gracias por tus comentarios, y por agregar Espectadores a tu lista de bitácoras favoritas.
Una semilla por muy buena que esta sea es incapaz de germinar en brea, y aqui el edor a alquitrán es francamente insoportable. No trateis de comprenderlo porque cuanto mas lo intenteis mas os alejareis de su epicentro doctrinario, simplemente,no podeis.
“Mirémonos a nosotros mismos frente a frente. Somos hiperbóreos; sabemos perfectamente lo alejados que vivimos de los demás.”
Nietzche