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Perdidos en la noche September 30, 2006

Posted by La spectatrice in DVDs.
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Cowboy de medianocheDespués de mirar Perdidos en la noche, uno se pregunta qué le pasó al cine estadounidense en los últimos años, en qué quedaron los esfuerzos de la década del ’60/’70 por hacer películas originales, comprometidas, ajenas a la burbuja hollywoodense. En principio la respuesta no parece muy alentadora.

Inspirado en la novela de James Leo Herlihy, el film del ya fallecido John Schlesinger relata el encuentro de dos hombres marginales, excluidos del sistema. Por un lado, está Enrico Salvatore/Dustin Hoffman, que vive del hurto y de la estafa a pequeña escala. Por el otro, tenemos a Joe Buck/Jon Voight, cowboy sureño devenido en gigoló de poca monta.

Ambos recorren la ciudad de Nueva York, con su pasado y sus desgracias a cuestas. El primero desciende de aquellos inmigrantes decididos a hacerse la América pero aplastados por la indiferencia de una sociedad que los ignora, desprecia, maltrata. El segundo representa al vaquero de tierra adentro, que perdió el tren de la modernidad y su lugar en el mundo.

Evidentemente nos encontramos con dos prototios de norteamericanos totalmente alejados de los exitosos rubios de ojos claros que suele mostranos la meca del cine. Es más, en este largometraje ni siquera es posible reconocer a la Big Apple de postal. De hecho, la cámara de Schlesinger nos pasea por rincones y reductos oscuros, sucios, sórdidos que nada tienen que ver con las grandes luces, las grandes avenidas, los grandes emporios, las grandes oportunidades.     

Al margen de su interesante connotación social, este largometraje también se destaca por un par de aspectos fundamentales. El primero: un guión creíble, muy bien llevado, que sabe evitar los lugares comunes y los estereotipos. El segundo: las actuaciones; seguramente uno de los mejores trabajos de Hoffman y Voight, tanto que uno no sabe con quién quedarse (a título personal inclino la balanza hacia el padre de Angelina, por cómo transmite la candidez y bonhomía de su personaje).

Filmada en 1969, Perdidos en la noche ha conservado su pertinencia y su vigencia así como su fuerza concientizadora y emotiva. Por eso vale la pena (volver a) verla, y de paso preguntarse qué le habrá pasado al cine norteamericano. Les anticipo que la respuesta no es muy alentadora. 

Proyecto Cartele September 29, 2006

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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De un tiempo a esta parte la ”recopilación” de carteles extraños, contradictorios, graciosos, pintorescos se puso de moda. Así, lo que en un momento se presentó como el original hallazgo de observadores atentos, hoy aparece como una de las tantas ocurrencias que los medios masivos (principalmente Internet) se encargaron de divulgar.

Proyecto Cartele. Colaborador: Erick Prillwitz

Entre las propuestas de este tipo, el Proyecto Cartele ocupa un lugar destacado. Por un lado, porque su archivo es tan rico como variado. Segundo porque cada foto, cada testimonio está publicada/o con el nombre del autor responsable. Como corresponde.

Para algunos, el fenómeno perdió espontaneidad. De hecho, los espíritus escépticos sostienen que muchas de estas fotos han sido preparadas, producidas, inventadas. De ser así, no importa demasiado. Hasta podemos citar el viejo dicho italiano, “se non è vero è ben trovato!”.  

Por todo esto, señoras y señores, pasen y vean. Por favor aprecien la picardía de quienes adornan las calles, la agudeza de quienes saben mirar, la rigurosidad de quienes saben archivar. Que lo disfruten. ;)   

El inspector September 28, 2006

Posted by La spectatrice in TV.
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El Inspector y el sargento DodóDicen que la pantera rosa le pasó por encima, o al menos le quitó protagonismo. Dicen que su éxito le pertenece a Peter Sellers, actor que le dio carne y hueso en la pantalla grande. Dicen que los niños actuales no lo conocen, que en el mejor de los casos lo confunden con un tal Gadget. No importa…

Para mí, el único inspector válido es El inspector, así, a secas. Aquel uniformado francés famoso por hacerle siempre la reverencia a su superior (”bien sûr, monsieur le commissionaire”), por corregir indefectiblemente a su ingenuo ayudante Dodó (”no digas , di oui“), por perseguir a criminales apodados La Mancha o Harry dos caras, y por haberme hecho reír desde la tierna infancia hasta ahora.

Probablemente este dibujito sea uno de los pocos cuyo doblaje no molesta. Quienes vivimos de este lado del mundo no conocemos la voz de Pat Harrington, Jr., actor encargado de interpretar al protagonista y a su compañero de aventuras. Pero sí podemos disfrutar de una versión en español pertinente, graciosa, irreprochable (¿alguien sabe quiénes eran los responsables de esta edición?). 

Al margen del detalle de localización, El inspector tiene un enganche universal. Primero, porque el trabajo de animación de Manny Perez, Don Williams, Bob Matz, Warren Batchelder, Norm McCabe y George Grandpre logra unos personajes adorables, por más “malos” que sean. Segundo, por la sorna con la que el guionista John W. Dunn retrata a la policía. Tercero, porque las distintas historias juegan -siempre respetuosamente- con cuestiones de identidad cultural y nacionalidad (cómo olvidar aquel episodio donde el inspector se enfrenta con la flema exasperante de un detective inglés). Cuarto, porque la música de Henry Mancini convence a cualquiera. 

¿Se acuerdan de esta presentación?Tal vez estoy poniéndome vieja, y por eso me parece que los cartoons actuales son muy inferiores a las producciones de David H. DePatie y Friz Freleng. Sin dudas, hoy nuestros hijos tienen acceso a una programación variada y full time totalmente impensable -ni siquiera imaginada- en nuestra época. Sin embargo, es por lo menos sugestivo que semejante parafernalia siga recurriendo a creaciones que rozan el medio siglo.

Como sea, El Inspector sigue vivito y coleando. Por eso quien se atreva a cuestionarlo o menospreciarlo será inemediata y severamente sancionado “en el nombge de la leeeeeiiiiiiiiiiiiiiyyyyy”. ;)

El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos September 27, 2006

Posted by La spectatrice in Literatura.
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El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramosLa frase parece extraída de alguna película almodovariana, de un tango, de un bolero, de una telenovela, de una historieta, de un folletín. Pero no: “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos” pertence al extenso parlamento de Casablanca y hace algunos meses, a la órbita literaria nacional y contemporánea. De hecho, Eduardo Belgrano Rawson la reflotó para titular su último libro, recopilación de cuentos que retrata a una Argentina temporal y espacialmente lejana pero cuyos vestigios se encuentran alojados en nuestra memoria colectiva.

De hecho, en estos textos breves nos topamos con resabios peronistas, radicales, socialistas, conservadores. Tampoco faltan las alusiones a la Guerra del Paraguay, a la Conquista del Desierto, a dictaduras más o menos feroces, a Presidentes más o menos probos, a Rodolfo Walsh, a Jorge Luis Borges.

También nos sumergimos en la siesta provinciana, en bares porteños, incluso en calles europeas frecuentadas por algún (ex) ciudadano argento. En uno u otro escenario, el autor nos convida con recuerdos de infancia, de adolescencia, de juventud.

Desde el título mismo, la influencia del Séptimo Arte es evidente en este trabajo. O bien porque algún párrafo evoca una escena, una actriz, un director. O bien porque la recreación de situaciones hace gala de una dimensión visual que escapa a las limitaciones del papel y la palabra. Será por eso que uno “devora” estas páginas como si se tratara de un álbum de fotos o -retomando la metáfora cinematográfica- de una serie de cortometrajes.

Además de su cinefilia, Belgrano Rawson explota su formación periodística. De ahí que su prosa sea concisa, directa, cruda. De ahí también su facilidad para redactar crónicas con una combinación de pinceladas nostálgicas, cínicas, piadosas, implacables.

Sin dudas, El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos es un libro capaz de conmover y de provocar risa (a veces, créanme, la risa es amarga). Pero tal vez el mérito más grande radique en esta aproximación sensible y comprometida a una Argentina ocurrente, caprichosa, consentida, vapuleada, sufrida, contradictoria pero siempre -y a pesar de todo- querible.

Sobre la muerte September 26, 2006

Posted by La spectatrice in Cine.
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La muerte según BergmanNo sé porqué últimamente pienso tanto en la muerte. A no asustarse: no se trata de un deseo encubierto ni de una obsesión malsana. A lo sumo puedo decir que, si bien por momentos me asalta cierta angustia, la mayoría de las veces es simple curiosidad.

No me interesa demasiado el después, lo que vendrá (si es que viene algo); tampoco el cómo, el dónde ni el cuándo. Lo que sí me inquieta -y/o me intriga- es ese momento extacto, ese instante preciso en el que dejamos -tal vez creemos dejar- de respirar, de ver, de escuchar, de sentir, de pensar. Ese segundo en el que (supongo) uno se ve, se escucha, se siente, se piensa por última vez, justo antes de desintegrarse en la nada más absoluta, o en un estado/mundo en principio desconocido. Esa fracción temporal en la que uno definitivamente pierde conciencia de sí mismo, y por lo tanto de su entorno.

Dada esta preocupación, y ante la necesidad de exsorcizarla, se me ocurrió refritar un texto que escribí en julio de 2005, y que se refería a la personificación cinematográfica de la muerte. Quizás ya en ese entonces estaba buscando la manera de capturar, retener uno de los misterios más grandes e inasibles de nuestra existencia. No lo sé.

Lo que sí sé es que, desde otro lugar, un año después, siento la necesidad de retomar aquellas líneas. Ojalá les resulten interesantes.

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Jessica Lange es la muerte en All That JazzLa pantalla grande le adjudica distintos rostros a La Parca. A mi juicio, el más impresionante es el de Bengt Ekerot, actor que Ingmar Bergman eligió para la realización de El séptimo sello. Cómo olvidar la cara lánguida, pálida, angulosa del hado enfrentado al caballero medieval, tablero de ajedrez mediante. Cómo no recordar su espera paciente, su juego pausado, su falsa modestia.

Salvando las inconmesurables distancias, no sé si a propósito o sin querer, El último gran héroe incluye a un personaje muy parecido (al menos en cuanto a apariencia), tentado por la idea de sacarle provecho a una mágica y dorada entrada de cine. En este largometraje protagonizado por Arnold Schwarzenegger, la muerte hace un simple cameo pero, como de costumbre, con eso basta para ponernos la piel de gallina.

Por otro lado, Hollywood también ha explotado la faceta seductora de la innombrable. En ¿Conoces a Joe Black? (remake de -dicen los que saben- La muerte se toma vacaciones), se le asignó el género masculino y las facciones del carilindo Brad Pitt. Al margen de sus cuestionables dotes actorales, el muchacho logra destilar una sensualidad capaz de convencernos de que el final de nuestra existencia no tiene porqué ser algo malo.

Con All that jazz, en cambio, el talentoso Bob Fosse viste a La Parca de mujer. Silueta esbelta, piernas largas, pelo ensortijado, rubio, con capelina y vestido blancos, su presencia distrae, entretiene, atrae a Joe Gideon interpretado por Roy Scheider. En esta ocasión y a diferencia de lo que muestran los otros films, la muerte no habla; sólo se limita a mirar, a sonreír, a conquistar.

Brad Pitt es la muerte en ¿Conoces a Joe Black?Por su parte, algún fanático del cine mexicano recordará a Macario, largometraje que no tuve el gusto de ver pero que -me han enseñado- se basa en el cuento homónimo de Traven Croves Torvan (alias Bruno Traven) y retrata la clásica figura mortuoria.

Probablemente estén faltándome títulos (si a alguien se le ocurren más, se agradece la colaboración). Como sea, lo cierto es que la innombrable tiene su lugar asegurado en el Séptimo Arte… igual, igual que en la vida real.