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La dama en el agua August 31, 2006

Posted by La spectatrice in Cine.
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Reseña redactada por Juan Jor El, asiduo visitante de Espectadores.
Importante: el contenido de este tipo de posts no necesariamente refleja la opinión de la autora del blog.
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La dama en el aguaQuería decir que fui a ver La dama en el agua sin ninguna expectativa en particular, en general las películas de este director hasta ahora no me habían convencido. La única referencia que tenía era un comentario de mi hermano que me dijo: “hacía rato que no salía del cine tan contento”. Ese comentario bastó para despertar mi curiosidad y la verdad, les digo, no estaba equivocado. 

Hacía mucho tiempo que una película no lograba transmitirme lo que ésta me transmitió. Logró sorprenderme, emocionarme, esperanzarme y eso es algo que hoy por hoy valoro mucho, porque a medida que va pasando el tiempo, uno va perdiendo la capacidad de sorpresa.

La película, como todo lo que dirige M. Night Shyamalan, contiene silencios, tiempos muertos, esos espacios tan particulares, pero que en está oportunidad no sobran, ni faltan, ni molestan. Por el contrario, simplemente están y son el complemento ideal para conseguir el equilibrio justo en esta composición.

Las actuaciones son muy buenas todas. Pero merece una mención aparte el personaje central de la película, el tartamudo, interpretado por Paul Giamatti. Brillante. 

El conjunto de La dama en el agua en sí es genial. Hablando de conjunto, este film habla en cierto modo de eso, de conjunto, de unidad, de mancomunión. Imagino, no sé por qué, que durante la filmación habrá existido una magia muy especial entre todas las partes que componen esta obra.

El mensaje de la película en 3 palabras es: “todavía hay esperanza”. Y lo dice de una manera tan pero tan elocuente, que uno sale del cine sin tener la más mínima duda de que eso es así.

En mi opinión (que es sólo la opinión de un hombre promedio, o sea yo, y que además, debo admitirlo, no veo tanto cine), ésta es una de las mejores películas del género fantástico-dramático (por llamarlo de alguna manera) que yo recuerde. Creo que es una obra maestra de la cinematografía.

Bueno, como se habrán dado cuenta, La dama en el agua me gustó mucho. Les juro que seguiría hablando y escribiendo eternamente pero como el espacio de la página no es infinito voy a cortar acá. :)

Juan Jor El.-

Eleonora August 30, 2006

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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Eleonora Cassano¡Y pensar que el domingo anduve con la cámara a cuestas! Por las dudas, por si surgía algo interesante. El lunes, en cambio, dejé el aparato en casa y volví a convertirme -como todos los lunes- en una trabajadora más.

Una verdadera pena. Porque ese mismo día al mediodía almorcé al lado de (que conste: al lado de no significa con) Eleonora Cassano.

Y realmente fue un placer descubrir a la bailarina argentina en plenas Galerías Pacífico, sin ningún rasgo de divismo, compartiendo una mesa con cuatro jóvenes estudiantes de ballet (creo haber escuchado que venían de la provincia de Córdoba), pasando totalmente desapercibida entre tanta gente.

Allí estaba, sentada en su silla, como una más, sin tapado de piel, ni foulard, ni lentes oscuros, ni pañuelo en la cabeza, sin siquiera maquillaje. Serena, escuchaba atentamente a los chicos, y de tanto en tanto hacía algún comentario sobre la importancia de alimentarse bien, de cuidar el cuerpo, “los músculos, los tendones, las articulaciones”.

En alguna oportunidad mencionó su experiencia en tal o cual teatro, “con Julio“. También se refirió a algunos proyectos que le gustaría emprender más adelante. Su decir era suave, pausado, nada excéntrico ni dramático.

A medio metro de distancia, Eleonora parece modesta, centrada, generosa, totalmente ajena al star system, al vedettismo, al “aquí estoy yo”. Ella ahí, tan humana, tan cerca, tan accesible, y quien escribe estas líneas, un poco más acá, con mucha emoción, admiración e ilusión pero eso sí… sin cámara.

Manderlay August 29, 2006

Posted by La spectatrice in Cine.
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ManderlayCon una mano en el corazón, confieso que me cuesta mucho escribir sobre Manderlay. Cuando salí del cine, mis impresiones, sensaciones, reflexiones se superpusieron de una manera bastante confusa, e incluso contradictoria. Por eso preferí esperar al menos 24 horas antes de emprender la redacción de la infaltable reseña.

Empecemos por los “no”…
La película del polémico Lars Von Trier es poco recomendable para un domingo a la tarde, o para quienes padecen las últimas horas del fin de semana. Tampoco deberían verla quienes se adviertan con pocas luces, o con pocas pulgas. Ni los detractores del “cine sobre tablas”, ni por supuesto los amantes de la acción y los efectos especiales.

Habiendo visto Dogville, también creo que esta secuela corre serios riesgos de resultar redundante (pienso en quienes asistieron a aquella primera parte protagonizada por Nicole Kidman en 2003). Es que Manderlay retoma la estructura narrativa, la escenografía básica, las actuaciones reconcentradas de su antecesora. Entonces lo que hace tres años sorprendió, cautivó, sacudió, hoy se presenta como bastante previsible, y por lo tanto poco novedoso. 

… sigamos con los “sí”…
Resumiendo, este largometraje exige que el espectador esté bien descansado, con las neuronas atentas, y sobre todo con ganas de entregarse a una suerte de ensayo histórico-sociológico-político cuyo formato teatral imita a la fábula tradicional: división en episodios/capítulos; presentación formal de personajes; intervención de un narrador omnisciente; intenciones aleccionadoras.

Como en Dogville, Von Trier vuelve a apuntar -y a disparar- contra los Estados Unidos. Por si su crítica contra la comunidad WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant) no hubiese sido suficiente, ahora el director danés parte del contraste con la comunidad afroamericana, y de la relación amo-esclavo para redoblar el sarcasmo contra quienes se dicen democráticos, pluralistas y defensores de la libertad.

… terminemos con un “ni”.
Fiel a las exigencias más importantes de Dogma, el film es terriblemente ascético, tanto como la moral protestante. De ahí, lo rudimentario de la producción (escenografía, vestuario, iluminación). De ahí que el peso narrativo caiga fundamentalmente sobre los actores, y en un segundísimo plano sobre la muy acorde banda sonora. 

En este punto, habrá que reivindicar las interpretaciones medidas, tensas, asfixiantes de Bryce Dallas Howard (de todos modos me gustó más Kidman), Isaach De Bankolé (de lejos, el mejor), Mona Hammond (una revelación) y Danny Glover (me hizo acordar a su Moze de En un lugar del corazón). También se destacan John Hurt en tanto voz omnisciente, y las breves participaciones de Lauren Bacall, Chloë Sevigny y Willem Dafoe.

Sin embargo, al margen de sus observaciones acertadas y de su ironía flagrante, lo cierto es que Manderlay no termina de convencerme. Tal vez porque se parece mucho a Dogville, y con Dogville fue suficiente. Tal vez porque su esquematismo evoca al criticado esquematismo yankee, y tanta insistencia resulta cansadora. Tal vez porque simplemente la vi un domingo a la tarde, con pocas luces y -probablemente- también con muy pocas pulgas.

El jardín de la alegría August 28, 2006

Posted by La spectatrice in DVDs.
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El jardin de la alegráEl jardín de la alegría es una de esas comedias británicas ambientadas en un pueblito, y cuyos personajes participan -en mayor o menor medida- de una gesta personal. En este caso se trata de ayudar, contener, proteger a Grace Trevethyn, flamante viuda a punto de perderlo todo (incluida su hermosa casa) por las deudas e hipotecas que heredó de su difunto esposo.

De ahí el título original de la película de Nigel Cole, Saving Grace. Y de ahí una de sus características más notables: el protagonismo adjudicado a una señora de su hogar enfrentada por primera vez a los avatares económicos de la vida cotidiana. 

El título traducido, en cambio, remite al nudo argumental del film, es decir, a la actividad que esta ama de casa experta en jardinería decide emprender para escapar de las garras de sus acreedores. Justamente en este punto, surgen el humor, la ironía y -porqué no- una mirada piadosa en torno a ciertos prejuicios referidos al mundo de la droga.

El largometraje se distingue entonces por una picardía inofensiva, casi ingenua, que asume toda su fuerza en escenas tan hilarantes como la que muestra a Grace merodeando las calles de Londres, o como la que reúne a las damas y a polícias del pueblo en el jardín de la protagonista.

Otro punto a favor de la producción de Cole es la elección de un casting sólido, homogéneo, donde nadie desentona. Entre los actores más conocidos, figuran la siempre impecable Brenda Blethyn (después de haberla visto en la conmovedora Secretos y mentiras, parece increíble encontrarla tan cómoda en una comedia), y la maravillosa Phyllida Law, madre de Emma Thompson.

Decididamente, El jardín de la alegría es una propuesta ideal para un domingo a la tarde, paliativo seguro contra el bajón previo a la llegada del lunes. Asimismo, una buena alternativa para tener en cuenta cuando los videoclubs se quedan sin estrenos interesantes.

A sangre fría August 27, 2006

Posted by La spectatrice in Literatura.
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A sangre friaLección de prosa directa, concisa, precisa, cautivante, A sangre fría es el ABC de todo aspirante a periodista, y una lectura altamente recomendable para quien se pregunte qué significa escribir bien. Piedra fundamental del género de non-fiction, el libro de Truman Capote se distingue además por reflotar la crónica policial desde otro ángulo: desde el testimonio protagónico de quien observa, escucha, pregunta pero nunca emite juicios de valor.

Se sabe. Esta obra empezó como cobertura periodística del crimen ocurrido en Kansas en 1959, y conocido como “la masacre de Holcomb”. El por entonces redactor del New York Times se tomó seis años para investigar de qué manera los ex convictos Perry Smith y Dick Hickock terminaron asesinando a una familia de farmers. Su memoria prodigiosa y su condición de sagaz entrevistador le permitieron entregar un trabajo fundamentado, completo, impecable, absolutamente profesional.

Justamente uno de los aspectos más interesantes de la novela es el retrato de estos dos jóvenes marginales que -condicionados por un contexto, un pasado, un destino- vuelven a caer en la delincuencia. Cuenta la leyenda que Capote entabló una relación muy estrecha con Smith y algo más distante pero igualmente productiva con el detective Alvin Dewey. De ahí que toda la información vertida se basara en datos concretos, comprobables, muchos de ellos convertidos en primicia.

Por supuesto, el otro gran mérito de A sangre fría tiene que ver con su habilidad para hacernos experimentar la intriga, el suspenso, el horror de lo acontecido. En este sentido, el libro da prueba de un notable manejo de ciertos recursos de ficción que terminan tiñendo -y enriqueciendo- las intenciones netamente periodísticas.

El año pasado, Bennet Miller buscó filmar los entretelones correspondientes a la redacción de estas páginas. Basado en la novela de Gerald Clarke, el cineasta neoyorkino expuso a un escritor obsesionado por su obra, convencido de la impronta imborrable que dejaría.

Y así fue nomás. De hecho, quien haya leído In cold blood jamás olvidará su rigurosidad, su contundencia, su vuelo, su perfección. Y seguramente también adherirá a esta efusiva recomendación dedicada a los aspirantes a periodistas, y a todo aquél que se pregunte qué significa escribir bien.

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PD. Sugerencia para después de haber leído la novela.
En su versión cinematográfica de 1967, Richard Brooks se encargó de transimitir el estilo riguroso y detallista de A sangre fría. Convertido en una suerte de alter ego de Capote, el director logró filmar en la misma casa de las víctimas, y en el mismo tribunal donde se llevó a cabo el juicio. Incluso consiguió a actores que, según afirman por ahí, se parecían notablemente a los verdaderos protagonistas de la historia.