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El primer trago de cerveza May 31, 2006

Posted by La spectatrice in Literatura.
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El primer trago de cervezaHace más o menos un mes los medios nacionales se hicieron eco de la publicación de Perdonen nuestros placeres, libro de Sandra Russo sobre aquellos gustos/rutinas que gratifican a las mujeres. Inmediatamente me vino a la mente El primer trago de cerveza, obra de apenas 103 páginas que un tal Philippe Delerm redactó hace casi diez años, y cuya versión en español fue relanzada en varias oportunidades. 

Sin duda, el escritor francés sentó un precedente en la literatura contemporánea. Por lo pronto, entre 1997 y 2000, El primer trago… fue uno de los tres libros más vendidos en su país de origen. Casi al mismo tiempo llegó el reconocimiento de críticos y lectores extranjeros, y enseguida aparecieron otros autores dispuestos a describir (sus) pequeños placeres cotidianos.

Es que, justamente, en cuanto terminamos de leer a Delerm, sentimos el impulso de registrar, clasificar, detallar cada cosita ínfima, en principio intrascendente, que nos alegra la existencia. Entonces, así como él se refiere al primer trago de cerveza, a las medialunas tibias de la mañana, al diario del desayuno o a la magia de los caleidoscopios, a uno le entran ganas de dejar su testimonio sobre el primer chapuzón en el mar, el perfume de las sábanas recién lavadas o el arrullo del tren en una tarde de otoño.

Este libro es universal porque habla de placeres que todos conocemos. También es único porque ofrece un reflejo fiel de la cultura francesa, con párrafos y capítulos enteros que honran a la gastronomía, a la geografía y a la idiosincrasia galas. 

El primer trago… está muy bien escrito, con sensibilidad y humildad. Algunos tramos son entrañables y dulcemente melancólicos; otros se destacan por su picardía y simpatía. En definitiva todos aportan su granito de arena para que esta recopilación de relatos breves adquiera una envergadura de indisimulable alcance inspirador.
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PD. Existe un solo "pero" atribuible, no al libro de Delerm, sino a la versión en castellano distribuida por TusQuets Editores: por momentos, uno tiene la impresión de que la traducción de Javier Albiñana queda atada a la estructura gramatical y a los modismos de la lengua francesa. En esos casos, la prosa española aparece forzada, y pierde la capacidad de transmitir la expresividad del texto original. 

Desvariaciones cartesianas May 31, 2006

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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El viejo René, chochoYo soy
yo soy
yo-soy
yosoy

y-o-s-o-y
Se lee igual: de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Es reversible en un sentido horizontal. ¿Y en un sentido vertical?…

Y
O
S
O
Y

…También.

Después de todo, el egocentrismo tiene su versión lineal, ambidiestra, capicúa y, como no podía ser de otra manera, irremediablemente autorreferencial.

El viejo René, chocho. :P

El sabor del té May 30, 2006

Posted by La spectatrice in Cine.
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El sabor del téEn general, los largometrajes provenientes del Lejano Oriente seducen a través de su estética, su coreografía y sus guiones únicos. De ahí la manifiesta debilidad de muchos por un director como Takeshi Kitano y por películas tan disímiles como La casa de las dagas voladoras, Oldboy y la más reciente Hierro 3. Sin embargo, toda regla tiene su excepción. En este caso se trata de El sabor del té, título made in Japan que tira por la borda la gracia y sutileza que suelen distinguir al cine asiático.  

Cuando hablo de ausencia de gracia y/o sutileza, me refiero al tren que sale de la cabeza del joven Hajime. O al relato sobre las consecuencias de defecar en un cráneo semi-enterrado. O al girasol torpe y gigante responsable de engullirse a una niña, a un campo, a un pueblo, a un país, al planeta Tierra y a la galaxia entera.    

Las reseñas que alaban a este film mencionan su magia y lirismo. Sin embargo, si bien existe una innegable influencia surrealista en las imágenes mencionadas, ninguna evoca verdadera poesía. Es decir, ninguna hace gala de belleza, magnetismo o pluralidad de sentido.   

En Katsuhito Ishii se adivina la voluntad de homenaje a la cultura de su país. De ahí la inclusión del té como infusión omnipresente, la intervención de un simpático abuelo que ayuda a la realización de un mangá, o la presentación del go como juego celestino. 

Sin embargo, el director nipón parece quedarse a mitad de camino en el afán por concretar sus intenciones. De hecho, su obra es una de esas propuestas que pretenden ser cómicas y conmovedoras, conservadoras y ocurrentes, reflexivas y espontáneas, todo al mismo tiempo. Lamentablemente, al seguir este patrón, El sabor del té termina abarcando mucho, apretando poco y -lo que es peor- perdiendo su milenaria esencia. 

El difícil arte de la comparación May 29, 2006

Posted by La spectatrice in Visto y Oído.
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Homenaje a SabinaLa analogía es un recurso literario de doble filo. Suele venírsenos a la mente sin mucho esfuerzo, pero la mayoría de las veces nos hace tropezar y caer en el agujero negro de lo evidente, lo trillado, lo cursi. De ahí, la transcripción de esta lección de poesía, capítulo Comparaciones, y de paso un pequeño homenaje a Joaquín Sabina.

Así estoy yo sin ti 
Extraño como un pato en el Manzanares,
torpe como un suicida sin vocación,
absurdo como un belga por soleares,
vacío como una isla sin Robinson,
oscuro como un túnel sin tren expreso,
negro como los ángeles de Machín,
febril como la carta de amor de un preso…
Así estoy yo sin ti.

Perdido como un quinto en día de permiso,
como un santo sin paraíso,
como el ojo del maniquí.
Huraño como un dandy con lamparones,
como un barco sin polizones…
Así estoy yo sin ti.

Más triste que un torero
al otro lado del telón de acero.
Así estoy yo sin ti.

Vencido como un viejo que pierde al tute,
lascivo como el beso del coronel,
furtivo como el Lute cuando era el Lute,
inquieto como un párroco en un burdel,
errante como un taxi por el desierto,
quemado como el cielo de Chernobil,
solo como un poeta en el aeropuerto…
Así estoy yo sin ti.

Inútil como un sello por triplicado,
como el semen de los ahorcados,
como el libro del porvenir.
Violento como un niño sin cumpleaños,
como el perfume del desengaño…
Así estoy yo sin ti.

Amargo como el vino del exiliado,
como el domingo del jubilado,
como una boda por lo civil.
Macabro como el vientre de los misiles,
como un pájaro en un desfile…
Así estoy yo sin ti. 

Monella May 28, 2006

Posted by La spectatrice in DVDs.
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Monella, portada sin sacerdotesSábado a la noche, sin programa a la vista. El videoclub está abarrotado de gente, y lo único que llama la atención es una caja con un título y una foto por lo menos sugerentes. Leemos Monella y vemos a una chica vestida con ropa ligera, que pasa en bicicleta entre dos jóvenes sacerdotes. Inmediatamente imaginamos una sátira, una propuesta picante. La elegimos entonces, la llevamos, la proyectamos, la miramos… y nos descubrimos envueltos en medio de un verdadero chasco.

Es que, de un modo sutil, la portada sintetiza todo el contenido del film. Por lo pronto, remite a una laaaaarga escena donde Lola -la joven en cuestión- no hace más que pedalear por la campiña italiana, con sus nalgas y la recalcada estrechez de su bombacha al viento. A su paso, indigna a mujeres e hipnotiza a hombres (entre ellos, a los curas mencionados).

Decidida a perder la virginidad, la protagonista provoca a todos, especialmente a su novio y a su padrastro. No faltarán entonces escenas que sugieren fantasías masturbatorias, intenciones incestuosas, prácticas sadomasoquistas, escarceos lésbicos e incluso un intento de violación. Como suele ocurrir en ciertos géneros, el argumento es lo de menos; lo que importa es mostrar, y así fomentar el espíritu voyeur del espectador.

Sin embargo, justamente ahí está el problema: la propuesta de Tino Brass muestra poco e histeriquea mucho. Ni siquiera resulta provocativa como pretende.

En definitiva, Monella no es porno porque no se anima a la exposición explícita; tampoco es erótica porque le falta sensualidad. En realidad, se trata de una sumatoria de planos detalle de nalgas, pubis, tetas, sobacos que, hoy en día, no sorprenden, no escandalizan ni mucho menos calientan.