Bach y Vivaldi van a la disco Julio 4, 2009
Posted by Ariel in Música.add a comment
Y después de escuchar a Vanessa Mae se puede decir que a don Johann Sebastian y don Antonio no les fue nada mal. Es que esta joven violinista nacida en Singapur llevó a cabo, con éxito, una empresa capaz de poner los pelos de punta a los más excelsos cultores de la música clásica: combinar las melodías de dos artistas del barroco europeo con ritmos y arreglos electrónicos, propios del siglo XXI.
Y Mae sale airosa de semejante osadía: las bellas y complejas partituras, la ductilidad para tocar el violín y las bases tecno le dan nueva vida y energía a una música que, si bien nunca pasa de moda, ya es archiconocida y eso siempre puede jugarle en contra.
En sus diferentes álbumes, la intérprete combina las composiciones propias con las de autores clásicos como Ludwig Van Beethoven, Piotr Ilich Chaikovsky, y los representantes del período barroco aquí mencionados. De Bach versionó, entre otras obras, Tocatta y fuga; a Vivaldi le dedicó todo un disco para interpretar Las cuatro estaciones.
Se dice que para romper las reglas primero hay que conocerlas. Es lo que hizo Vanessa Mae después de varios años de mamar en el conservatorio a los clásicos en su forma pura. Ahora está en condiciones de interpretarlos a su manera. Manera que no está exenta de creatividad y calidad.
Es un hecho. Juan Sebastián y Antonio se sienten a gusto en la disco…
Up. Una aventura de altura Julio 3, 2009
Posted by La spectatrice in Cine.5 comments
Los espectadores que en nuestra infancia sentimos pasión incondicional por los globos y por aquella entrañable película de Albert Lamorisse nos convertimos en víctimas fáciles de Up. Una aventura de altura. De hecho, nos cuesta encontrarle grandes defectos a esta nueva producción de Pixar que, siempre desde nuestra debilidad, parece superar a sus antecesoras, entre ellas las aquí reseñadas WALL.E y Ratatouille. Es más… El compromiso afectivo es tal que algunas escenas nos hacen lagrimear.
Muy en el fondo sobrevive un remedo de espíritu crítico que se activa ante un mismo patrón estético, algo no del todo reprochable (los rasgos de los personajes “pixarianos” son tan reconocibles como, por ejemplo, aquéllos de los “aardmanianos“), y ante el esfuerzo denodado por valorar al diferente (al Sr. Fredricksen que es viejo y anti-moderno; a Russell que es gordito y con ojos rasgados; al colorido pajarraco Kevin que es una especie en extinción; al perro Dug que no encaja en la jauría del malvado Charles Muntz).
Algún espíritu imparcial podrá objetarle al guión de Bob Peterson un alto índice de previsibilidad y una serie de lugares comunes que los amantes de los globos preferimos ignorar (quizás el más flagrante sea el del hombre sin descendencia convertido en abuelo postizo de un niño abandónico). Después de todo, la mayoría de los cuentos infantiles se caracteriza por permitir que su público se dé el gusto de anticipar el triunfo del bien, el amor y la felicidad.
Up cautiva y conmueve por varios motivos. Para algunos, la clave principal se encontrará en la importancia otorgada a unos balloons tan salvadores como aquéllos que rescataron a Pascal Lamorisse en 1956. Para otros, estará en la reivindicación de la vejez, es decir, en la decisión de transformar a un señor mayor en héroe de carne y hueso, incluso con sus achaques físicos a cuestas. Para muchos, se hallará en el gran amor que une a Carl y Ellie, en la amistad que nace entre el Sr. Fredricksen, Russell, Kevin y Dug, y en la lucha contra la ambición desmedida (no sólo la de Muntz sino la del ejecutivo que representa los intereses de una constructora de rascacielos).
Tal vez los pasajes más conmovedores del film giren en torno a ese Libro de aventuras cuyas páginas nos revelan el antes y el después del viaje que anuncia el título en castellano. Esta bitácora de papel aparece al principio y al final del relato, momentos ambos donde Pete Docter y el mencionado Peterson hacen gala de una economía de recursos visuales y verbales que curiosamente (o no) refuerza la emotividad de esta fábula animada.
Up mantiene el equilibrio narrativo que WALL.E y Ratatouille pierden sobre todo a partir de su segunda mitad. Quizás gracias a este logro, no resulta excesivamente larga, aún cuando dura aproximadamente igual que la historia del robot enamorado (apenas dos minutos menos) y que las andanzas de la rata cocinera (apenas cinco minutos menos).
Los espectadores que en nuestra infancia sentimos pasión incondicional por los globos y por la entrañable película de Lamorisse nos convertimos en víctimas fáciles de la última producción de Pixar. Tanta empatía emotiva, ¿nostálgica?, afectiva inhibe cualquier intención de analizar y eventualmente criticar.
1001 Julio 2, 2009
Posted by La spectatrice in Autobombo.16 comments
La cuenta regresiva comenzó hace meses cuando las estadísticas de WordPress\Espectadores ya acusaban más de 900 posts publicados. Dada la frecuencia de tres a cinco actualizaciones semanales, el número 1000 parecía lejano, y sin embargo acá estamos: celebrando no sólo la cifra de cuatro dígitos sino su versión capicúa, para beneplácito de quienes adoran los palíndromos.
Uno dice/lee/escribe “1001″ y enseguida piensa en Las mil y una noches. Sin ánimo de comparar un simple blog con el famoso compendio de fábulas milenarias, es posible rescatar una misma noción de cantidad y temporalidad.
En su mayoría, los textos de Espectadores se conciben, redactan, corrigen, editan y/o ilustran al término de la jornada. Algún espíritu romántico (¿cursi?) dirá que Ana, Ariel, Adivinador del Pasado, los colaboradores ocasionales y quien suscribe buscamos inspiración en la luna y las estrellas; los más prácticos imaginarán que aprovechamos el escaso tiempo libre que nos queda después de cumplidas las exigencias laborales y domésticas.
Cuando en diciembre de 2007 sumó 600 posts online, esta bitácora enumeró algunos datos curiosos relacionados con la primera gran cifra redonda. Año y medio después, el récord alcanzado la lleva a parafrasear el título del viejo libro de Oriente, y a festejar las mil y una “entradas”.
El primer día del resto de nuestras vidas Julio 1, 2009
Posted by La spectatrice in Cine.5 comments
La mayoría de los cinéfilos porteños descubrimos a Arnaud Desplechin cuando su película Reyes y reina se estrenó en Buenos Aires hace dos años. Quienes no hayan apreciado su talento en aquel momento tampoco podrán hacerlo ahora, cuando El primer día del resto de nuestras vidas (Un conte de Noël) desembarque en nuestra ciudad*. Desde esta perspectiva, reencontrarse con parte del elenco (Catherine Deneuve, Mathieu Amalric, Emmanuelle Devos y Jean-Paul Roussillon), colarse en la intimidad de una familia disfuncional, lidiar con una fábula de duración excesiva son algunas de las coincidencias que provocan la sensación de déjà vu perturbador.
Contrariamente a lo que pueda pensarse, la experiencia perturbadora no tiene nada que ver con las anécdotas de muerte prematura, de enfermedad terminal, de infidelidad co-sanguínea, de esquizofrenia adolescente, de enemistad fraterna. En cambio sí molesta el barniz intelectual(oide) de este combo desgraciado, la sospecha de que el guionista y director francés recurre a la tragicomedia para demostrar su pretendida versatilidad.
De esta manera, Desplechin asume una pose entre displicente, crítica, provocadora, y calculadamente conmovedora, que le quita espontaneidad al retrato familiar. De ahí la impresión de que los mencionados Deneuve, Amalric, Devos, Roussillon -así como los demás actores (entre ellos cabe mencionar a Chiara Mastroianni y Anne Consigny)- aparezcan acartonados, incómodos en la piel de personajes tan estereotipados como snobs.
Quizás el aspecto más interesante de Un cuento de Navidad (si nos atenemos a la traducción literal) sea el espacio concedido a la difusión de información sobre un tipo de leucemia y sobre el transplante de médula. También es posible celebrar cierta intención de homenajear al cine o, en otras palabras, la importancia acordada a un televisor cuyas imágenes rescatan escenas de películas conocidas (por ejemplo, alguna protagonizada por Fred Astaire).
Al margen de estos aciertos, algo es seguro: quienes no supieron disfrutar de Reyes y reina harán bien en evitar El primer día del resto de nuestras vidas. Dios no permita que esta otra película de Desplechin les resulte tan pretenciosa, rebuscada, larga, aburrida como su antecesora, dos años atrás.
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* El estreno está previsto para mañana jueves 2 de julio.
Yo acuso Junio 30, 2009
Posted by La spectatrice in Visto y Oído (¡más!).2 comments
Sin ánimo de compararme con Emilio Zola y de poner este post a la altura del Caso Dreyfus, yo también acuso… Acuso desde este pequeño espacio en la blogósfera porque los intentos desde Tribunales, desde los medios, desde algún organismo gubernamental fueron infructuosos. Acuso con la misma indefensión, impotencia y frustración que sienten otros ciudadanos anónimos, también víctimas de una burocracia arbitraria, prepotente y perversa.
Yo acuso a la interventora de la Dirección de Sanidad y Control de Fronteras del Ministerio de Salud de la Nación, Ana Norma Talco, y a sus ¿secretarias?, ¿asistentes?, ¿subordinadas? Marisa y Susana Sin Apellido. Acuso a la abogada designada por la ex ministro Graciela Ocaña y a sus dos ¿subalternas? por encarnar el engranaje más oxidado y nocivo de una administración pública que se pronuncia a favor de la eficiencia y la transparencia.
Acuso a Ana Talco de interpretar a su antojo las implicancias del Decreto 341/92 y, en base a esta interpretación libre, de violar los derechos que asisten a los dueños de farmarcias clausuradas preventivamente en 2008. Entre otras, se destacan las siguientes transgresiones sistemáticas:
- prolongar los tiempos administrativos de manera que pasen siete, nueve, trece meses antes de que los supuestos infractores puedan conocer las faltas imputadas, realizar un descargo y presentar un “plan de saneamiento” o “método de subsanación”.
- dificultar, cuando no impedir, el acceso a los expedientes armados por cada caso.
- amenazar con generar/ampliar causas judiciales a los supuestos infractores que osen presentar un “pronto despacho” para protestar ante tantas irregularidades administrativas.
- prometer levantamientos de clausuras en cuestión de días, e incumplir la promesa durante meses.
También acuso a Ana Talco en tanto autoridad responsable de la (in)conducta de “sus” Marisa y Susana Sin Apellido, incompetentes a la hora de informar sobre el estado de expedientes, instancias y protocolos administrativos, e incapaces de establecer un contacto serio y respetuoso con el ciudadano.
Para terminar, vuelvo a acusar a estas tres empleadas públicas de confundir “autoridad” con “abuso de autoridad”, “celeridad” con “improvisación”, “rigurosidad” con “arbitrariedad” y ”justicia” con “castigo ejemplar”.
¿Hasta cuándo gente así integrará una administración pública que se pretende eficiente, transparente, respetuosa y al servicio del ciudadano?
María Bertoni.-

